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Concluye expedición científica por estrecho de Magallanes y fiordos australes

Tiempo de lectura: 20 minutos
Redacción CienciaEnChile
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Investigadores buscan descifrar cómo afectaron los cambios del ambiente a humanos cazadores y recolectores costeros australes en los últimos ocho mil años, para ello realizaron una travesía marítima de once días. Con el financiamiento de ANID, liderado por la Universidad de Magallanes, y la colaboración de la Université Paris-Saclay, University of Pennsylvania, Universidad de Concepción, Copas Coastal, CIEP, y el Centro IDEAL. 

Punta Arenas, diciembre de 2023.-  A bordo de la LM Huracán, regresaron el lunes 11/12 a Punta Arenas los doce integrantes de una travesía planteada desde distintas perspectivas del conocimiento científico, puntualmente paleoecología, arqueología, geología y oceanografía, buscando integrar y profundizar la comprensión sobre cómo se adaptaron las sociedades humanas costeras ancestrales a los severos cambios climáticos y ambientales de los últimos ocho mil años. La expedición científica de once días recorrió el estrecho de Magallanes y los fiordos del seno Otway y seno Skyring. Corresponde a una nueva línea de investigación recientemente abierta en la Universidad de Magallanes por la Dra. Claudia A. Mansilla Andrade, con el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). La línea es comunicacionalmente nombrada 8K Fuego Patagonia, para enmarcar el tiempo y espacio abordado en la investigación, es decir, los últimos ocho mil años en el archipiélago fueguino y la Patagonia sur austral.

La paleoecología es una rama de la ciencia que estudia organismos y ambientes del pasado para reconstruir relaciones ecológicas, para efectos de esta investigación se contextualiza a entornos humanos. Enfoca los esfuerzos en el estudio acabado de testigos de turberas, su contenido de polen, de tefra o capas de cenizas volcánicas depositadas, y de incursiones marinas, es decir, rastros de presencia de agua de mar debido a cambios ambientales pasados. La Dra. Claudia A. Mansilla es especialista en esta área y lidera la nueva línea interdisciplinaria financiada a través del Concurso Nacional de Subvención a la Instalación en la Academia (Programa PAI) 77180002, además de desarrollar su proyecto FONDECYT 11220705. Mansilla convocó al botánico y montañista Ernesto Teneb, y los profesionales de apoyo en terreno Alfonso Leyton y Paulina Rojas.

La extracción de una muestra de turbera no es fácil, inicialmente se requiere la ubicación geográfica más precisa posible de antiguas lagunas glaciales, hoy rellenas de turba y otras especies vegetales. Encontrarlas implica el estudio de mapas satelitales y la exploración en terreno, abriéndose paso por frondosos bosques y ascensos escarpados cargando las pesadas herramientas necesarias para extraer testigos de varios metros de profundidad. Para ello utilizan un barreno específico para turba que pesa unos veinte kilos y a pulso se sumerge en el terreno esponjoso de una turbera hasta alcanzar fondo sólido. Este esfuerzo es para acceder a una secuencia temporal bastante precisa sobre cómo evolucionó el ambiente en los últimos miles de años. El análisis del polen contenido a metros de profundidad permite reconstruir el paisaje vegetal y floral del pasado, y para comparar ese registro con la actualidad, igualmente se colectan muestras de la flora presente en la turbera. Además, el análisis de las cenizas volcánicas depositadas permite fechar los eventos, y los rastros marinos configurar el nivel del mar en un periodo específico de tiempo.

Por otra parte, la investigación en arqueología tiene en este grupo un foco en el ámbito arqueológico costero. En los sitios estudian específicamente los recursos marinos consumidos por los cazadores-recolectores australes y su relación con los cambios ambientales. Esta área es liderada por la Dra. Jimena Torres Elgueta de la Universidad de Magallanes, con el financiamiento de ANID a través del FONDECYT 11200969, y reclutó el apoyo de las jóvenes investigadoras Isidora Araneda, Gabriela Correa y Catalina Cantarero. Los sitios seleccionados se encuentran en islas y fueron registrados hace 30 años por la arqueóloga francesa Dominique Legoupil. Se trata de conchales con presencia de fauna vertebrada marina y terrestre.

Uno de los desafíos iniciales de la arqueología es encontrar, en la inmensidad de la costa patagónica austral, con la ubicación precisa de un sitio arqueológico de sociedades cazadoras-recolectoras. El estudio de relatos antiguos y las georreferencias de investigaciones previas hacen que la mirada experta en terreno se acote a ciertas islas y bahías. Las arqueólogas exploraron la costa de distintas islas y testearon con un barreno de suelo hasta dar con dos conchales. Ubicados los puntos, desplegaron un set de materiales para la apertura de una verdadera ventana al pasado. Un cuadrante o unidad de investigación bien demarcada donde metódicamente removieron capa por capa, separando el sustrato de todos los componentes que den cuenta de los modos de vida ancestral. La identificación de huesos y conchas, además de posible tecnología lítica, es decir, artefactos de piedra para la manipulación de alimentos u otros recursos. La diversidad de restos óseos y de conchas, da cuenta de la diversidad biológica de la costa en el pasado.

Por otra parte, los geólogos y oceanógrafos que integran la investigación, centran sus estudios en el agua de los fiordos y ríos, y los sedimentos del piso marino de las mismas zonas de ocupación humana ancestral. Buscan entender las relaciones entre variaciones glaciales, salinidad, flujos de nutrientes y productividad, que en conjunto revelan cambios ambientales. Este grupo es liderado por el Dr. Sebastien Bertrand de la Universite Paris-Saclay, Francia, con el financiamiento de su cátedra de investigación “Influence of climate change on high-latitude environments” además de la participación de Rodrigo Torres del CIEP y el Centro IDEAL; Loic Piret, investigador postdoctoral de la University of Pennsylvania; y Javier Maldonado, investigador de la Universidad de Concepción.

En este tipo de investigación básicamente nunca se para de trabajar. Cada vez que se toman muestras de agua estas se deben procesar, y filtrar varios litros de agua para separar ingredientes particulados y disueltos, requiere de muchas horas de dedicación, las que debían ajustarse a la disponibilidad diurna de electricidad para operar una pequeña bomba de agua de laboratorio. Además, el trabajo muestral depende mucho de que las condiciones climáticas admitan la manipulación de instrumentos sumergibles desde una embarcación, para medir variaciones espaciales de temperatura, salinidad, y otras propiedades del agua. La idea es que estos dispositivos se desplacen verticalmente hacia el fondo, sin deriva o arrastre. El despliegue de cientos de metros de cuerda requieren de trabajo en equipo con la tripulación. La extracción de sedimentos marinos es un verdadero desafío cuando hay viento y oleaje, tan frecuente en los fiordos australes.

Tras el exitoso muestreo en terreno, los equipos de trabajo requerirán del procesamiento y análisis exhaustivo en sus respectivos laboratorios. Estas capas de conocimiento ecológico terrestre, arqueológico costero, geológico y oceanográfico, serán integradas para configurar explicaciones más completas sobre el contexto ambiental del humano ancestral austral. Más detalles de esta investigación serán compartidos en sucesivas comunicaciones.

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