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Un impulso a la Investigación desde el pregrado

Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.
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Mostrarles a los estudiantes que existe el camino de la investigación, desde el primer año de carrera, es el objetivo de este concurso que impulsa la Dirección de Investigación y que ya cumplió diez años de vida, con un total de 4.200 participantes. El interés ha ido en alza, y para la versión de invierno de 2023, hubo un récord de postulaciones, adjudicándose a 300 alumnas y alumnos en distintas áreas, incluyendo el trabajo en terreno en estaciones científicas como Atacama UC. Aquí, algunos de los protagonistas cuentan sus experiencias.

Comunicaciones PUC.- Era el verano de 2022 y Cristóbal Martínez -quien actualmente cursa tercer año de Bioquímica– decidió postular al concurso de Investigación de Pregrado (IPRE), que la Dirección de Investigación abre dos veces cada año. “Siempre quise trabajar con bacteriófagos -virus que infectan bacterias. Vi la línea de investigación en el concurso IPRE, con la profesora Diana Álvarez, quien es postdoc, y postulé”, recuerda.

Para llegar al laboratorio de la Escuela de Medicina Veterinaria debía caminar hasta el final del Campus San Joaquín, un territorio hasta ese entonces más bien desconocido para él, pero que terminó siendo familiar. Allí se instaló entre pipetas y soluciones, trabajando con la profesora Álvarez y también con Andrea Moreno, investigadora principal del laboratorio, dedicado a la inocuidad alimentaria, quien es la actual directora de la Escuela de Medicina Veterinaria.

Fue tal su entusiasmo, que hubo días en los que llegaba a las 8:30 de la mañana, antes que compañeros y profesoras, para analizar los resultados de la investigación del día anterior o sembrar bacterias para los ensayos del día.

La experiencia le abrió otras puertas. En noviembre del año pasado, participó como parte de un equipo en el programa Ciencia 2030 de la Universidad y se entusiasmó con un tema nuevo para él: la innovación.

En enero de este año volvió a postular al concurso y al finalizar el periodo, continuó asistiendo al laboratorio como voluntario. Gracias a una beca de Ciencia 2030, emprenderá un viaje a Boston, Estados Unidos, y decidió aprovechar el viaje para visitar el laboratorio del Dr. Martin Wiedmann -un referente en patógenos en alimentos- de la Universidad de Cornell, en New York, quien fue profesor de tesis de Andrea Moreno.

“El programa ha sido muy exitoso conectando estudiantes con grupos de otras unidades”, afirma la investigadora. Según cifras de esa Escuela, entre los veranos de 2022 y 2023, 18 estudiantes de distintas carreras visitaron los laboratorios como parte el concurso IPRE, quienes trabajaron con distintos profesores en diversas áreas de estudio. “Son estudiantes muy buenos, que escriben bien y se vuelven independientes muy rápido. Destaco la curiosidad científica que traen”, cuenta la directora de Medicina Veterinaria.

Cristóbal siempre supo que quería dedicase a la investigación. Sin embargo, pasar por el IPRE le hizo otro “click”: lo ayudó a darse cuenta de que quería seguir el camino de la ciencia aplicada a la industria. “Me gustaría continuar en la academia, pero en un área más de desarrollo tecnológico”, afirma.

Andrea Moreno explica que, en el día a día, el contacto que tienen entre Medicina Veterinaria -una escuela con cuatro años de vida- y los estudiantes de Bioquímica, Biología u otras carreras, es mínimo. “Nunca hubiese llegado Cristóbal al laboratorio si no es por el IPRE”. La directora resalta también que esta iniciativa promueve lo interdisciplinario y se visibilizan las líneas de trabajo de las y los profesores.

“El hecho de poder estar en terreno, compartiendo e investigando con profesores y estudiantes, en lugares únicos, enriquece la experiencia para quienes se adjudican el concurso IPRE en algún centro de la red RCER” – María Elena Boisier, directora de Investigación UC. 

Una década de vida

El concurso de Investigación de Pregrado tiene 10 años de historia y han participado en total 4.200 estudiantes de la UC. En noviembre del año pasado, el concurso fue reconocido como actividad co-curricular por la Dirección de Asuntos EstudiantilesPara su versión de invierno, el IPRE tuvo un récord de postulaciones y se adjudicaron a 300 estudiantes de distintas áreas.

El vicerrector de Investigación Pedro Bouchon, explica que el concurso permite al estudiantado acercarse al desarrollo de investigación en distintas áreas del conocimiento, desde el primer año de su carrera. “También, aproximarse a otros ámbitos al compartir con estudiantes de otras disciplinas, y muchas veces, integrarse a grupos de investigación amplios que incluyen alumnos de postgrado, en distintos niveles de formación, ampliando sus perspectivas de desarrollo. Como resultado de esta actividad, frecuentemente, continúan participando en los concursos de los años siguientes o siguen colaborando con los grupos que se conforman, lo que a su vez les va abriendo otras puertas. En síntesis, se trata de acercarlos al mundo de la investigación y la creación desde temprano”.

Investigación en terreno

Personas se encuentran de pie a lo lejos en medio del desierto y un instrumento de medición a un costado.
El profesor Pablo Osses destaca el valor formativo de realizar una estancia de investigación a través del concurso IPRE en terreno, ya que permite “vivir una experiencia de investigación donde sus manos adquirían los datos, donde había un contexto climático y cultural distinto, una forma de relacionarse con otras disciplinas y profesores más amplia, más real”. (Crédito fotográfico: Constanza Vargas)

Desde hace un año, el concurso abrió la posibilidad de realizar la experiencia de investigación en la Red de Centros y Estaciones Regionales – RCER, que la UC tiene desplegada a lo largo de Chile.

La directora de investigación María Elena Boisier, cuenta que la iniciativa de mostrar estos laboratorios naturales tiene el objetivo de “dar la oportunidad de salir de las ‘cuatro paredes’ de la sala de clases. El hecho de poder estar en terreno, compartiendo e investigando con profesores y estudiantes, en lugares únicos, enriquece la experiencia para quienes se adjudican el concurso IPRE en algún centro de la red RCER”.  La motivación final, añade la directora, es “plantar una semilla”: “Esto es, un impulso, abrirles el mundo y mostrarles la posibilidad de la investigación”, afirma.

Pablo Osses, profesor del Instituto de Geografía y director de la Estación Atacama UC, en la región de Tarapacá, en el norte de Chile, ha sido testigo de este proceso. En enero pasado, recibió por el concurso IPRE a tres estudiantes -dos de Geografía y uno de Ciencias Biológicas. “Históricamente, el concurso permitía que el estudiante trabajara con el profesor en la oficina o en el laboratorio. Pero en este caso le agregamos un soporte adicional -con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación-, para aquellos profesores cuyo laboratorio es una estación y así los estudiantes pudieran participar de trabajos en terreno, de investigación. Fue un exitazo”, cuenta.

En las dos versiones que lleva el IPRE en las estaciones de RCER, han llegado en total seis alumnos a trabajar con Pablo Osses. “El hecho de salir de las cuatro paredes de la sala con un profesor y vivir una experiencia de investigación donde sus manos adquirían los datos, donde había un contexto climático y cultural distinto, una forma de relacionarse con otras disciplinas y profesores más amplia, más real… me pareció que les estaba entregando nuevas herramientas, más allá de la disciplina. Los vi desarrollando elementos de crecimiento personal”, relata el profesor.

Ignacio Quiroz, estudiante de Biología, es uno de los estudiantes que ha tenido la experiencia de investigar en la Estación Atacama UC gracias al concurso. “Fueron los mejores ocho días de mi vida, porque me permitieron darme cuenta de que amo lo que hago, solucionando algunos problemas vocacionales. Gracias a esta experiencia pude abrir mi mente ante el trabajo interdisciplinario, y me otorgó la oportunidad de crear un cambio real para la conservación de un territorio tan importante y a la vez tan desconocido. Si me preguntan: ‘¿te gustaría volver a trabajar en un equipo interdisciplinario?’, mi respuesta es un rotundo sí. Además, no tendría dudas de que el resultado será mejor de lo esperado al poder mezclar diferentes puntos de vista”, cuenta.

Claro que la experiencia tuvo sus desafíos, propios de las distintas aproximaciones que tiene cada disciplina. “En geografía se usa un extenso terreno para evaluar el ambiente, mientras que en biología se acostumbra a evaluar pequeños sectores. Este problema y muchos más fueron analizados, discutidos y resueltos a través de la combinación del trabajo interdisciplinario, experiencia que no he logrado tener con ningún otro ramo que haya tomado en la universidad”, asegura el estudiante de Biología.

La investigación en terreno consistió en hacer un muestreo de especies vegetacionales en el oasis de niebla donde se emplaza la Estación Atacama. “Lo que hicimos fue bio-geografía. Para los geógrafos es más común ir a terreno, pero para los biólogos es menos frecuente. En este caso, Ignacio estaba interesado en la parte ecológica. Fue muy bueno para él vivir esta experiencia y luego vincularse con profesores de su propia escuela, quienes están asociados al trabajo en terreno. Y llevar ese conocimiento a su área”, dice Pablo Osses.

De izquierda a derecha: Fernanda Tapia, Catalina Contreras e Ignacio Quiroz, en la Estación Atacama UC. (Crédito  fotográfico: Constanza Vargas)

Catalina Contreras cursa quinto año de Geografía y fue parte del equipo que participó en este proyecto, llamado “Bases para plan de manejo Estación Atacama UC”. Ella destaca el hecho de compartir “24/7” con las personas, lo que “permite una mayor transferencia de experiencias y generar habilidades blandas, tanto para la convivencia como para el trabajo de campo, algo que es fundamental en la formación profesional para la geografía”.

Catalina cree que la experiencia también le significó un crecimiento a nivel personal: “Me permitió trabajar y reforzar la importancia que tiene la independencia, responsabilidad y trabajo en equipo, ya que las labores diarias durante la expedición de terreno eran de responsabilidad individual, pero de igual forma afectaban al resto del equipo en cosas tan básicas como la limpieza, el orden y la preparación de comidas”, relata.

Fernanda Tapia, también estudiante de Geografía, destaca las actividades y proyectos de diferentes disciplinas que se realizan en la Estación Atacama. Allí pudo estar presente en conversaciones con antropólogos, autoridades de la Facultad de Matemáticas, biólogos y una arquitecta, y “esas instancias estuvieron cargadas de conocimiento variado que siempre recordaré. Esto también me ayuda a entender los diferentes puntos de vista que se pueden generar de un mismo territorio, viéndolo desde distintas disciplinas, y a comprender de mejor manera que el trabajo en equipo y complementario, en muchos casos, es beneficioso. Además, aprendí y me nutrí de información interesante de un lugar que no tenía mucho conocimiento, como lo es el maravilloso y misterioso desierto, aprendizaje que me motiva a querer saber más”, cuenta.

Los tres estudiantes continuaron vinculados al trabajo en la Estación, directa o indirectamente. Para el profesor Pablo Osses la experiencia también fue significativa. “Yo trabajo con biólogos, pero lo más relevante fue cómo el biólogo aportaba su enfoque metodológico en términos del muestreo y rigor de muestreo, y la geógrafa su enfoque sobre el lugar dónde ocurre ese muestreo y lo que lo caracterizaba. Entonces, al juntarse los dos, lo que salió fue un muestreo biológico-georreferenciado de muy buena calidad. Y eso sólo se puede hacer cuando juntas dos disciplinas”, explica el académico, quien adelanta que en el verano de 2024 repetirá la experiencia.

Esto va más allá de mostrarles a los estudiantes una línea de investigación desde temprano, advierte el director de la Estación Atacama. “Creo que la formación universitaria es más completa y compleja que ir a clases y aprenderse un libro. Tener la experiencia de descubrir o investigar suma habilidades nuevas para el estudiante. En el fondo, hace más completa su formación. El IPRE es una tremenda iniciativa que hay que cuidar mucho. Más aún, este IPRE que permite a los estudiantes conocer su país y las culturas variadas que tiene Chile según las estaciones donde participan; conocen una realidad y tienen una relación distinta con sus profesores, que se parece más a la experiencia profesional o al intercambio de conocimientos, que es la investigación. Cuando te sientas a discutir un resultado en la tarde, en una mesa, después de haber pasado todo el día en la tierra… ahí hay elementos de altísimo valor formativo”,  concluye Pablo Osses con convicción.

¿CÓMO PARTICIPAR EN EL CONCURSO IPRE?

Está dirigido a estudiantes de pregrado que estén interesados en la ciencia y la investigación en general. Deben estar dispuestos a trabajar en vacaciones de invierno (IPRE invierno) o de verano (IPRE verano), y sumarse a algún proyecto de un profesor o profesora.

Para ser seleccionado en el concurso, el estudiante previamente debe haber realizado el taller de ética y seguridad en investigación, donde se le enseña normas y protocolos necesarios para realizar la actividad en laboratorio o terreno, el que está a cargo de la Unidad de Ética y Seguridad en Investigación de la Universidad.

Al concurso IPRE se puede postular todos los años, en sus dos modalidades, y realizarse más de una vez. Las postulaciones se realizan a través de la Dirección de Investigación de la UC

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