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Un “compañero” silencioso: La violencia de género en el mundo laboral

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

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Escrito por Claudia Barrera, Médico Psiquiatra y CEO de Grupo Cetep

La violencia de género está sustentada en las desigualdades de poder culturalmente aceptadas de manera tácita, y puede expresarse en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, adoptando también la forma de acoso laboral o acoso sexual en el lugar de trabajo.

En este caso, la violencia de género se puede evidenciar en conductas “machistas”, diferencias de remuneración por un mismo cargo, o incluso por discriminaciones asociadas al uso de derechos de maternidad, entre muchos otros. Estos problemas no solo afectan al empleo femenino, sino que también implican riesgos para la salud mental de las mujeres, con el consecuente impacto en la productividad, clima laboral, compromiso, ausentismo y rotación en las empresas.

Desgraciadamente, este tipo de situaciones se mantiene en nuestras organizaciones, y es en parte responsable del progresivo aumento de las licencias médicas por salud mental entre las mujeres. En el último estudio de licencias médicas de salud mental realizado por Grupo Cetep, en el que se analizaron 192.000 casos entre los años 2013 y 2022, el 61% del total corresponde a licencias de mujeres; categoría que presentó un crecimiento de 137% en el período evaluado.

Por otra parte, en una encuesta diseñada por Grupo Cetep para profundizar en esta problemática, preguntamos a los participantes si consideraban que “el actual entorno laboral propiciaba un espacio seguro y libre de violencia de género para las mujeres”. Un 45% de las personas señaló que “aún se requieren muchas mejoras al respecto”, mientras que el 16% afirmó que todavía “existen problemas graves de género”.

Todos somos responsables de prevenir y terminar con la violencia de género, detectando y eliminando las desigualdades de poder que nos rodean, tanto en nuestro ambiente laboral, como en la familia, entorno social y espacios públicos. Las empresas y organizaciones de nuestro país también deben trabajar por erradicar las malas prácticas a este respecto y nuestro sistema legar debe hacerse cargo de legislar por la igualdad de derechos.

Pero aún más importante es que seamos activamente consientes de no traspasar nuestros sesgos culturales, que perpetúan las desigualdades de poder, y abren la puerta a la violencia de género, a las nuevas generaciones; ya que este factor será determinante para la salud mental del futuro.

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