En el marco del Proyecto Fondecyt “Transición a la adultez y expectativas de futuro de jóvenes en Chile”, dirigido por el Dr. Felipe Tello, Investigador Centro Cielo, Facultad de Ciencias Sociales Universidad Santo Tomás, la investigación busca comprender cómo las juventudes proyectan su vida adulta en un contexto marcado por transformaciones sociales, laborales, familiares y económicas. A través del estudio de sus expectativas, percepciones y trayectorias, el proyecto indaga en los nuevos significados asociados a la autonomía, la independencia, el trabajo, la vivienda, la pareja y la parentalidad.
¿Qué fue lo que más le motivó, en lo personal y profesional, a desarrollar este proyecto Fondecyt sobre expectativas de futuro y adultez en jóvenes en Chile?
En parte, este proyecto surge como una continuidad de mi investigación anterior, que estaba centrada en las relaciones sexoafectivas de los jóvenes. En ese estudio indagaba, entre otras cosas, en sus expectativas respecto a la pareja y la familia. A partir de esas conversaciones comencé a notar que, si bien estos elementos siguen presentes en las proyecciones de vida de muchos jóvenes, suelen aparecer después de otras expectativas consideradas más prioritarias.
Por ejemplo, muchos mencionaban primero la necesidad de alcanzar cierta estabilidad laboral, lograr independencia económica, en algunos casos acceder a una vivienda propia, o incluso realizar un postgrado o tener la posibilidad de viajar. Esto me llevó a reflexionar sobre cómo se han diversificado las expectativas de futuro entre los jóvenes. Hoy ya no predomina necesariamente la secuencia tradicional que situaba a la pareja y los hijos como el centro del proyecto de vida, sino que aparecen múltiples trayectorias y aspiraciones que reorganizan la forma en que se piensa la transición hacia la adultez.
¿Qué resultados de su proyecto anterior destacarían en la formulación del nuevo proyecto?
Uno de los resultados más relevantes de mi proyecto anterior fue constatar que, para muchos jóvenes, la pareja y eventualmente la formación de una familia siguen siendo expectativas importantes dentro de sus proyectos de vida. Sin embargo, estas aspiraciones hoy deben articularse con otros deseos y metas que también adquieren gran relevancia, como alcanzar cierta estabilidad económica, continuar perfeccionándose profesionalmente o tener experiencias personales significativas, como viajar o desarrollar intereses y hobbies.
Esto hace que los proyectos de pareja y familia no solo se posterguen en el tiempo, sino que también se vuelvan más complejos de integrar dentro de las trayectorias de vida. En ese sentido, observamos que las decisiones en torno a la vida afectiva y familiar tienden a ser cada vez más reflexivas, tanto para hombres como para mujeres, en la medida en que deben compatibilizarse con otros proyectos personales y laborales. De alguna forma, estas expectativas se construyen hoy en un escenario donde existen mayores posibilidades y aspiraciones compartidas, pero también más incertidumbre respecto a cómo concretarlas.
¿Por qué hoy es importante investigar cómo los jóvenes en Chile transitan hacia la adultez y construyen sus expectativas de futuro?
Creo que investigar este tema es fundamental para comprender cómo los jóvenes imaginan y proyectan su vida adulta en el Chile actual, y qué logros consideran valiosos o significativos para sus trayectorias de vida. Analizar sus expectativas permite entender no solo qué desean alcanzar —por ejemplo en el ámbito laboral, familiar o personal— sino también cuáles son las condiciones que perciben como necesarias para lograrlo.
Al mismo tiempo, estudiar estas expectativas también nos ayuda a comprender posibles fuentes de frustración o malestar social entre los jóvenes. Muchas veces existe una brecha entre aquello que esperan o por lo que se han esforzado —como estudiar, trabajar o especializarse— y las oportunidades reales disponibles para concretar esos proyectos.
Por ello, comprender cómo se construyen estas expectativas resulta clave para que las instituciones y las políticas públicas puedan acompañar de mejor manera a las juventudes en la construcción de sus proyectos de vida, especialmente en un contexto social y económico que para muchos jóvenes se percibe cada vez más incierto.
¿Qué cambios ha observado en las últimas décadas respecto a la manera en que las y los jóvenes acceden a hitos tradicionalmente asociados a la vida adulta, como el trabajo estable, la independencia o la formación de una familia?
En general, lo que observamos es que varios de los hitos tradicionalmente asociados a la vida adulta se han ido retrasando o han cambiado su forma de concretarse. Por ejemplo, la formación de una familia suele ocurrir a edades más tardías que en generaciones anteriores. Algo similar ocurre con el trabajo estable, que hoy es más difícil de alcanzar para muchos jóvenes, quienes frecuentemente deben iniciar sus trayectorias laborales en empleos que no necesariamente corresponden a lo que esperaban o que presentan condiciones más precarias en términos de estabilidad y seguridad social.
Por otra parte, la noción de independencia también ha experimentado cambios importantes. Tradicionalmente se asociaba la autonomía con dejar la casa de los padres, pero hoy en Chile observamos que muchos jóvenes permanecen en el hogar familiar hasta edades más tardías, en algunos casos cerca de los 30 años. Precisamente uno de los aspectos que nos interesa explorar en esta investigación es cómo se negocia la autonomía o la independencia en ese contexto, es decir, cómo los jóvenes construyen espacios de autonomía personal aun cuando continúan viviendo en el hogar de origen.
¿De qué manera las desigualdades de género y estrato social influyen en las posibilidades reales que tienen los jóvenes para construir autonomía y proyectar su vida?
En una investigación anterior con jóvenes chilenos observamos que la maternidad tiene un impacto muy significativo en las trayectorias de vida de muchas mujeres jóvenes. En cambio, la paternidad no tiende a transformar de la misma manera las trayectorias masculinas. Esto no se explica únicamente por los aspectos biológicos asociados a la gestación y el parto, sino principalmente por la distribución desigual de las labores de cuidado, que siguen recayendo en mayor medida sobre las mujeres.
Por otra parte, la investigación internacional ha mostrado que las desigualdades socioeconómicas también influyen de manera importante en la forma en que los jóvenes transitan hacia la adultez. En general, los jóvenes provenientes de sectores más aventajados socioeconómicamente suelen tener la posibilidad de experimentar durante más tiempo distintos cursos de vida —como estudiar, viajar, postergar la formación de una familia o explorar diferentes trayectorias laborales— antes de asumir plenamente los roles tradicionales de la adultez. En contraste, los jóvenes de sectores menos favorecidos tienden a asumir estos roles a edades más tempranas, muchas veces debido a restricciones económicas o a responsabilidades familiares.
¿Qué busca revelar este estudio al considerar no solo las trayectorias objetivas de los jóvenes, sino también sus percepciones, significados y expectativas sobre el futuro?
Nos interesa comprender cómo los cambios demográficos y sociales asociados al retraso de la transición a la adultez influyen en la manera en que los jóvenes imaginan y proyectan su futuro. Más que centrarnos solo en cuándo ocurren ciertos hitos —como terminar los estudios, acceder a un empleo o formar una familia—, buscamos entender cómo los propios jóvenes interpretan estas transformaciones. Analizar sus percepciones y expectativas permite observar cómo negocian sus proyectos de vida en relación con las oportunidades y limitaciones de su contexto. De esta forma, el estudio busca aportar a una comprensión más profunda de cómo se construyen hoy las trayectorias hacia la adultez en Chile.
¿Qué significa hoy “ser adulto” para las y los jóvenes en Chile, y cómo cree que esa definición ha cambiado en comparación con generaciones anteriores?
Justamente esa es una de las preguntas que este estudio busca dilucidar. Nuestra hipótesis es que hoy la idea de “ser adulto” entre los jóvenes se define menos por el cumplimiento de hitos tradicionales —como tener una pareja estable o formar una familia— y más por la capacidad de alcanzar ciertos grados de independencia y autonomía para tomar decisiones sobre los propios cursos de vida.
Esto no significa que los jóvenes construyan sus trayectorias de manera completamente desligada de sus familias o de sus redes de pares. Más bien, lo que observamos es que buscan tener mayor soberanía sobre sus decisiones, aun cuando estas se negocien dentro de esos vínculos y contextos sociales especificos.
¿Qué tipo de expectativas de futuro predominan entre los jóvenes en ámbitos como empleo, vivienda, pareja o parentalidad, y cuáles son los principales obstáculos que anticipan?
Creo que las expectativas tradicionales como tener una pareja estable, acceder a una vivienda propia o formar una familia siguen presentes en las proyecciones de muchos jóvenes. Sin embargo, hoy estas aspiraciones suelen articularse con otros deseos que han adquirido mayor centralidad. Por ejemplo, aparece con fuerza la idea de contar con un trabajo que no solo entregue estabilidad económica, sino también calidad de vida; poder alcanzar ciertos grados de independencia residencial; construir relaciones de pareja que acompañen los propios proyectos personales; o incluso pensar la parentalidad como una decisión reflexiva y electiva, más que como un mandato social.
Ahora bien, estas expectativas se formulan en el plano de las aspiraciones, pero su concreción depende en gran medida de las condiciones sociales en las que los jóvenes desarrollan sus trayectorias. Factores como la disponibilidad de redes de apoyo, las desigualdades socioeconómicas o la persistente distribución desigual de las responsabilidades de cuidado —que siguen recayendo principalmente en las mujeres— influyen de manera significativa en las posibilidades reales de materializar estos proyectos de vida.