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Se trasplantó el globo ocular y el párpado de un donante compatible Primer trasplante de ojo humano: ¿Posible cura para la ceguera o solo estética?

Tiempo de lectura: 20 minutos
Redacción CienciaEnChile
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En noviembre pasado, un equipo quirúrgico del Centro Médico NYU Langone Health de Nueva York dio a conocer la realización exitosa del primer trasplante en el mundo de un ojo humano completo a una persona viva. El doctor Cristhian Urzúa, académico del Departamento de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica por qué este trasplante es un aporte en la búsqueda de una cura para la ceguera.

Aaron James, un ex militar estadounidense de 46 años, es el paciente al cual se le realizó el trasplante de ojo junto con su respectivo párpado. El hombre perdió su brazo izquierdo, y gran parte de su rostro debido a un accidente laboral en junio de 2021, cuando recibió una descarga eléctrica de un cable con corriente, hecho que lo tuvo en riesgo vital. Posterior al accidente, Aaron tuvo que someterse a múltiples cirugías reconstructivas para reparar el daño que sufrió en su cara, incluidas la falta de nariz y labios. El veterano no perdió directamente ninguno de sus dos ojos, pero debido al daño que recibió por la descarga eléctrica, su ojo izquierdo dolía tanto que tuvo que extirparlo.

El trasplante ocular fue el último paso para completar el proceso de recuperación de Aaron. La intervención, en la que se le trasplantó el ojo junto con el párpado, duró alrededor de 21 horas y participaron 140 cirujanos. Hasta hoy, según lo relatado por los cirujanos a cargo al medio estadounidense The Associated Press News, es considerada totalmente exitosa, ya que cuando James abrió por primera vez el ojo izquierdo post operación, el órgano se mostró en perfectas condiciones, lleno de líquido y con un flujo sanguíneo adecuado.

Durante la operación, además, los cirujanos de la Universidad de Nueva York que participaron en la cirugía, intentaron algo que no se había hecho con anterioridad: unieron el nervio óptico del ojo donado con lo que quedaba del nervio óptico original de Aaron, e inyectaron células madre del donante, con la esperanza de estimular la reparación del sistema. Esto se realizó como un primer acercamiento hacia los estudios de auto-recuperación del nervio óptico, buscando generar las condiciones biológicas necesarias para que esto suceda, según consigna Infobae.

Actualmente, Aaron James aún no logra parpadear y usa un parche para cubrir su ojo izquierdo, pero las pruebas realizadas por los oftalmólogos de la Universidad de Nueva York que llevan su caso han mostrado ciertas señales de recuperación del movimiento en su párpado, mientras que su visión sigue completamente perdida.

El doctor David Klassen, director técnico de United Network for Organ Sharing, organismo que administra el sistema de trasplantes en Estados Unidos, declaró a The Associated Press News que “esta cirugía marca un tour de force técnico. (…) Se puede aprender mucho de un solo trasplante, y esta intervención podría impulsar las investigaciones y el desarrollo en el campo”, sentenció.

¿Posible cura para la ceguera?

El trasplante ocular que recibió Aaron James tuvo como principal objetivo mejorar el aspecto de su rostro, que resultó desfigurado luego del accidente. Aunque no se pretendía curar la ceguera, los médicos realizaron el procedimiento de inyección de células madre para observar la reacción del nervio óptico frente al estímulo. En este sentido, cabe preguntarse sobre las proyecciones de este tipo de tratamientos.

El doctor Cristhian Urzúa, académico del Departamento de Oftalmología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, afirma que “el principal hito que constituye este trasplante es que se logró incorporar un globo ocular externo, en este caso de un donante compatible, a las estructuras circundantes, y observar signos de vitalidad en el ojo ya incorporado. El ojo no se necrosó, no murió, sino que se mantuvo vital”. Destaca, de esta forma, que “a nivel de los tejidos de detrás del ojo, y también a nivel del segmento anterior, se logró restituir la irrigación”.

Por otra parte, el doctor Urzúa reflexiona respecto a la complejidad de realizar un trasplante ocular sin que exista precedente sobre alguna intervención similar. “Cuando una técnica quirúrgica no ha sido realizada previamente, existe un período de aprendizaje y desarrollo de la misma técnica en sí y de su correcta aplicación, por lo que este trasplante se enmarca dentro de ese período”. Enfatiza, asimismo, que “en el caso de este paciente, el objetivo fue restituir la estructura facial y ocular, no así restablecer la función del órgano trasplantado, según los reportes del caso. Es por esto que Aaron James no ha recuperado la visión, y tampoco se espera que la recupere”.

Precisamente, en lo anterior radica la principal complejidad de este trasplante. “Lo más difícil de lograr es recuperar la parte funcional, en este caso, la vista. Hay que recordar que la visión es un sentido bastante complejo, ya que la percepción visual incluye una serie de procesamientos que parten en la retina y culmina con ciertas modificaciones de la imagen que se llevan a cabo a nivel central. Entonces, la percepción visual tiene un importante ingrediente que es otorgado por lo que son las funciones cerebrales superiores de la corteza”, explica el oftalmólogo.

Sobre esto mismo, añade que “hacer un trasplante como este no es solo cambiar un ojo, sino que hay que unir esa estructura a lo que es toda una red compleja del sistema nervioso central, que es la que, finalmente, nos lleva a tener una percepción visual adecuada”, sostiene el doctor Urzúa. “Hay que considerar que existe un cable conductor, que en este caso se llama nervio óptico, formado por alrededor de un millón de axones de neuronas, que va a recibir la energía lumínica —percibida a nivel de los fotorreceptores en la parte de atrás del ojo— y va a transportarla en forma de impulso nervioso a través de diferentes neuronas, hasta llegar a la última. Esto es lo que nos permite ver las imágenes como las vemos”, detalla.

Esa conexión tan compleja de reestablecer es el principal desafío futuro para este tipo de intervenciones. El académico de la Facultad de Medicina de la U. de Chile indica que “cuando uno cambia el ojo a través de un trasplante, se debe unir el nervio óptico del receptor con el donante, y por supuesto, esto hasta ahora, con la tecnología actual, no se ha podido lograr. Por esto, el principal desafío está en intentar la regeneración neuronal a nivel del nervio óptico”.

El doctor Urzúa afirma que los cirujanos que participaron en esta cirugía “inyectaron, de forma bien experimental la verdad, células madre para que otorgaran un micro ambiente que pudiera favorecer la regeneración del nervio óptico dañado en el paciente”. Por lo mismo, asegura que este método “está a un nivel muy experimental. Falta mucho para lograr que algo como esto funcione incluso en etapas de ensayo preclínico con animales (…) Si bien hay ciertas terapias que se han hecho para ciertos tejidos de la retina, en particular el epitelio pigmentario de la retina, pero no para un nervio óptico completo. Este tipo de tratamientos está en fases bastante iniciales de investigación, por lo que decir que se puede recuperar la vista a través del método utilizado en este trasplante es completamente incierto e incomprobable”, sentencia el oftalmólogo.

En condiciones normales, y a diferencia de ciertos nervios periféricos, el nervio óptico no se regenera. “Esto es lo que pasa, por ejemplo, en patologías crónicas como el glaucoma, donde por años se ha tratado de añadir a las terapias de disminución de la presión ocular algún tipo de medida que sea de neuroprotección. En otras palabras, para proteger las neuronas que conforman el nervio óptico para que no sigan dañándose. Pero recuperar las neuronas muertas a nivel del nervio óptico, no se puede”, concluye el doctor Urzúa.

El principal aspecto que se puede extraer de esta experiencia clínica, donde por primera vez se logró realizar un trasplante de ojo humano a una persona viva, según el doctor Cristhian Urzúa, “es lograr el restablecimiento de la parte estética. Carecer de un ojo no solo significa un problema de índole visual, sino que también estético y psicosocial, ya que uno genera relaciones con otras personas mirándose a la cara, y el contacto visual es fundamental durante una interacción social. Este trasplante podría considerarse un éxito anatómico más que otra cosa”, finaliza.

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