Adaptada a condiciones extremas
A su importancia ecológica se suma el valor científico de esta especie. La ranita del Pehuenche es endémica y se encuentra adaptada a un ambiente altoandino caracterizado por condiciones extremas, con bajas temperaturas y períodos de nieve. Además, sus parientes cercanos se encuentran principalmente asociados a ambientes de bosque templado, por lo que esta adaptación representa un particular interés para la investigación.
Para Zamora, estas características convierten a la especie en una fuente relevante de conocimiento. “Son especies que vale la pena estudiar, vale la pena conocer su historia y aspectos fisiológicos”, señala.
El académico explica que los organismos capaces de sobrevivir en ambientes extremos pueden desarrollar mecanismos fisiológicos particulares para adaptarse a esas condiciones. El estudio de estos procesos podría entregar información con aplicaciones futuras en ámbitos como la biotecnología.
“Podríamos encontrar la respuesta a problemas actuales y futuros de la medicina en las especies que se nos están perdiendo”, plantea, ejemplificando con organismos capaces de producir proteínas que les permiten tolerar condiciones ambientales extremas y que podrían tener aplicaciones biotecnológicas.
Un patrimonio que todavía falta descubrir
La historia de la ranita del Pehuenche también evidencia cuánto queda por conocer sobre la biodiversidad chilena. Su descripción científica relativamente reciente da cuenta de que aún existen especies y procesos biológicos por descubrir, particularmente en territorios como la alta cordillera.
“Nos dice mucho de cuánto nos falta explorar la alta cordillera del Maule, pero en general cuánto nos falta explorar la biodiversidad de Chile”, afirma el académico.
Desde esta perspectiva, la biodiversidad constituye también un patrimonio nacional. No solo por el valor ecológico de las especies, sino porque cada organismo representa un reservorio genético que puede contener información que actualmente se desconoce.
“Mientras no estudiamos toda la especie que tengamos, no sabemos cuánto tenemos”, sostiene Zamora, quien plantea que conservar estos ecosistemas también significa mantener abiertas posibilidades de conocimiento y desarrollo que podrían adquirir valor en el futuro.
Así, la discusión sobre la ranita del Pehuenche trasciende la protección de una especie particular. Su conservación pone en evidencia el desafío de compatibilizar el desarrollo de infraestructura con la protección de ecosistemas únicos y, al mismo tiempo, resguardar un patrimonio biológico cuyo potencial científico y ecológico aún está lejos de ser completamente conocido.