Primeros pasos para reconocer la obesidad como enfermedad crónica en el país

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Dr. Gonzalo Cruz Centro de Neurobiología y Fisiopatología Integrativa

En julio se votó en la Cámara de Diputados una resolución que reconoce a la obesidad como una enfermedad crónica. ¡Es un gran avance! El proceso ahora se encuentra en el camino de entregar el oficio al Ministerio de Hacienda y Salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace años ha planteado que se reconozca en los distintos países a la obesidad como una enfermedad. Este avance legislativo permitirá que se incorpore la patología a FONASA o al Garantías Explícitas en Salud (GES), permitiendo los tratamientos que hasta el momento eran accesibles sólo en el sector privado, conociendo lo restrictivo que esto significa.

Nuestro país tiene más de un 70% de la población con exceso de peso. Dentro de ellos casi el 31.2% presenta obesidad y un 3.2% obesidad mórbida. Chile se encuentra entre los 10 países con mayor obesidad y sobrepeso.

Cómo nuestro organismo regula la cantidad de energía que consumimos.

La cantidad de calorías que ingresan al organismo tiene que ser igual a las calorías que consumimos cada día para que mantengamos un peso estable. Estas calorías provienen de los alimentos. Ahí es clave la elección del tipo y la cantidad de alimentos que consumimos diariamente.

Nuestro organismo regula el equilibrio entre el consumo y el gasto de energía para mantener el peso estable, lo que se llama homeostasis o balance energético. En nuestro organismo el hipotálamo es el principal centro regulador del balance energético. En esta zona tenemos gran cantidad de neuronas, divididas en dos grandes grupos, unas que activan la saciedad (POMC) y otras que nos activan las ganas de consumir alimentos (NPY/AgRP).  Es este sistema, tipo “yin-yang” el que se encarga de producir saciedad cuando hemos consumido alimentos y de producir hambre cuando estamos en ayunas.

Entonces, ¿Por qué subimos de peso? Otro circuito en el cerebro nos lleva a consumir alimentos, aunque estemos saciados. En otras palabras, mientras el hipotálamo nos indica “no comer”, este circuito nos motiva a comer incluso sin tener hambre, influenciado por la exposición a alimentos altamente hedónicos como el azúcar, las grasas o la presencia de sustancias no calóricas como la sal y acentuantes del sabor. Este sistema, llamado sistema de la recompensa, está ligado a la motivación y el placer por la comida, liberando grandes cantidades de dopamina ante la exposición a estos alimentos “obesogénicos”.

El asunto es que cuando subimos de peso por una alta ingesta calórica, nuestro “sistema homeostático” del hipotálamo nos lleva en pocos días a recuperar el peso inicial produciendo saciedad o aumentando el gasto de energía, manteniendo así un peso estable. El problema se ocasiona cuando el consumo de alimentos obesogénicos es crónico, es decir, la mayoría de los días se consume un exceso de alimentos con alta densidad de energía y el sistema homeostático se ve sobrepasado. Si esta conducta permanece en el tiempo, ocurren cambios neuroplásticos en el hipotálamo que “resetean” al hipotálamo, el cual comienza a regular el balance energético en un peso más elevado.

La mayoría de las personas que tienen obesidad aumentaron de peso en etapas tempranas de la vida, en que no tuvieron conciencia de la cantidad y calidad de los alimentos que consumían o bien pensaron que podrían recuperar fácilmente el peso corporal (lo que efectivamente puede ocurrir). Sin embargo, existen diversos factores como la familia, el entorno social y laboral, el nivel socioeconómico, la cultura, el modelo económico, y muchos más, que influyen en el desarrollo de obesidad.

¿Por qué cuesta tanto bajar de peso?

 Una vez que tenemos un exceso de peso, han ocurrido varios cambios en nuestro cerebro. El hipotálamo sigue funcionando, pero se encuentra “reseteado” para defender otro valor (más alto) de peso corporal. Entonces, si bajamos un poco de peso, el hipotálamo nos produce un hambre exacerbada e incontrolable. También, nuestro organismo se adapta, poniéndose más eficiente o en un modo de “ahorro de energía”. Incluso al hacer ejercicio, una persona con obesidad gasta menos energía que quien tiene un peso normal, siendo esta eficiencia energética perjudicial para el objetivo de bajar de peso. Por otra parte, el sistema de la recompensa responde menos a los alimentos obesogénicos, llevando a un mayor consumo de alimentos por la misma cantidad de dopamina liberada en el cerebro (Como ocurre con las drogas de abuso, cada vez necesito más para obtener el mismo placer).

Acá es fundamental recalcar que, todos los procesos que hemos comentado no son voluntarios. Es decir, tanto el sistema homeostático como el sistema de la recompensa, funcionan de forma automática y no los podemos controlar. Estos fundamentos biológicos de la obesidad son en general desconocidos por la población e incluso por los profesionales de la salud. Decir a una persona que padece obesidad, que es cosa de “fuerza de voluntad” disminuir el consumo de alimentos es tan absurdo como pedirle que se concentre y con la fuerza de voluntad baje su presión arterial o cambie la temperatura de su cuerpo.

La obesidad es una enfermedad crónica

La obesidad es la principal causa de varias enfermedades, entre ellas, la Diabetes Mellitus 2 y la hipertensión arterial. También se asocia fuertemente al desarrollo de cáncer, a un mayor riesgo de enfermedad grave o muerte por infecciones virales (Incluida la infección por SARS-Cov-2 o COVID-19) y al desarrollo de enfermedades mentales y problemas cognitivos.

En personas con obesidad ocurren alteraciones que van dañando los órganos del cuerpo y que fundamentan una intervención temprana. La resistencia a la insulina, el hígado graso, la apnea obstructiva del sueño, los trastornos del ciclo sueño-vigilia, la alteración del colesterol o los triglicéridos y la inflamación crónica son solo algunas de las manifestaciones bioquímicas de la obesidad.

En este contexto, muchas personas que padecen obesidad han intentado innumerables veces bajar de peso utilizando diversas estrategias. Dietas restrictivas, ejercicio extenuante, medicamentos anorexígenos, entre otros. Sin embargo, más del 80% vuelve a recuperar el peso. Esto último es una clara manifestación del sistema homeostático (El hipotálamo) haciendo su labor, es decir, volviendo el peso al punto inicial. Tal como en la hipertensión arterial, si se deja de consumir el medicamento, sube la presión, en este caso si se deja la estrategia para bajar de peso, se recupera el peso corporal.

Es por esto que la obesidad es una enfermedad crónica y debe ser considerada como tal. Las personas con obesidad deben tener acceso a un tratamiento multidisciplinario que involucre a médicos, nutricionistas, psicólogos y kinesiólogos entre otros profesionales, además de la disponibilidad de tratamientos farmacológicos y en algunos casos quirúrgicos en el sistema de salud.

Sesgo de peso. Un cambio cultural es necesario.

Si bien es importante que el sistema de salud responda a las necesidades urgentes de tratamiento de la obesidad, hay otro cambio que es igual de importante y es un cambio cultural. Se suele atribuir características especiales y usualmente negativas a personas que tienen obesidad. Estos prejuicios delatan una profunda falta de conocimiento y de empatía. Por ejemplo, se piensa por adelantado que personas que padecen obesidad tienen menos fuerza de voluntad, que hacen menos actividad física, que consumen más alimentos diariamente, sin embargo, ninguna de estas aseveraciones tiene un sustento real.

Incluso, profesionales de la salud siguen repitiendo a los pacientes que los cambios en el estilo de vida (Dieta y ejercicio) son suficientes para tratar la obesidad, siendo que consistentemente se ha demostrado que no lo son. El comer una dieta saludable y hacer ejercicio es una excelente estrategia de prevención, cuando la persona está en transición a la obesidad y el sistema homeostático funciona a la perfección. Sin embargo, en personas con obesidad se requiere además una restricción calórica, lo que inevitablemente conducirá a una mayor hambre, menor gasto de energía y mayor apetito por alimentos hedónicos. Es importante recordar que estas respuestas a la baja de peso son involuntarias y están fuera de control de la persona.

En estos tiempos están ocurriendo cambios profundos en la sociedad, en que se valora la diversidad y cada vez se tienen menos prejuicios asociados al género, al nivel socioeconómico, a las enfermedades neuropsiquiátricas, y hago una invitación a también eliminar los prejuicios al mirar y hablar de las personas que padecen obesidad, teniendo empatía por una condición que no depende la voluntad.

Indudablemente, el prejuicio hacia las personas que padecen obesidad es generalizado y no escapa a los políticos o líderes de opinión. Ya llegamos tarde para la prevención de la obesidad, y es el momento que los líderes políticos tomen decisiones con visión de futuro y visualicen que tratar la obesidad hoy, disminuirá enormemente los costos en tratar una cantidad abismante de personas con enfermedades crónicas asociadas en el futuro.