Un estudio liderado por el Instituto Forestal y realizado en casi 90 hectáreas demostró que las plantaciones mixtas de árboles nativos pueden restablecer la cobertura forestal y favorecer la regeneración natural en terrenos dominados por espinillo. La investigación advierte que la especie invasora continúa presente y requiere manejo a largo plazo

Transformar terrenos cubiertos por espinillo (Ulex europaeus) en nuevos bosques nativos es posible. Así lo concluyó una investigación desarrollada en el sector de Puacura, comuna de Castro, donde se evaluó el crecimiento de plantaciones establecidas tras la remoción mecánica de esta especie invasora.
El espinillo es una de las especies más invasoras del mundo y difíciles de controlar, ya que puede formar matorrales densos que desplazan la vegetación nativa, dificultan la regeneración del bosque y aumentan el riesgo de incendios. Además, cada planta produce miles de semillas capaces de permanecer viables en el suelo durante más de 30 años, por lo que su eliminación requiere manejo y seguimiento permanente. Actualmente, existen sobre 100.000 ha de espinillo en Chile de las cuales cerca del 60% se encuentran en la Región de Los Lagos.
En este contexto, marcado por el desafío de controlar el espinillo o Ulex europaeus, la investigación fue publicada en la revista científica Restoration Ecology. El estudio fue desarrollado por Jan R. Bannister, Natalia Cáceres, Osvaldo J. Vidal y Natalia Carrasco-Farías, y forma parte del proyecto Fondecyt Regular N°1230960, titulado “Restaurando la funcionalidad de los bosques templados luego de incendios”, liderado por Jan Richard Bannister Hepp, investigador principal del Instituto Forestal (INFOR) y académico del Instituto de Bosques, y la Municipalidad de Castro.
“Los resultados muestran que las plantaciones mixtas de especies nativas pueden recuperar la cobertura arbórea en terrenos fuertemente invadidos por espinillo. Después de siete años observamos árboles de varios metros de altura, formación de dosel y una regeneración natural abundante, aunque la especie invasora sigue presente y requiere un manejo de largo plazo”, explica Bannister.
Siete años de recuperación
En 2014, en el marco de un plan de compensación asociado a la construcción del aeródromo de Mocopulli, la empresa Viveros Forestales El Parque despejó mecánicamente 86,6 hectáreas cubiertas por espinillo y estableció cerca de 3.000 árboles por hectárea en un predio de la Municipalidad de Castro.
La intervención consideró una mezcla de 12 especies nativas, entre ellas coihue común, coihue de Chiloé, notro, ulmo, canelo, avellano, arrayán y olivillo. Posteriormente, en 2017, gracias a un convenio entre la Municipalidad de Castro y el Instituto Forestal (INFOR), se creó el Bosque Experimental de Puacura, que desde entonces ha sido monitoreado permanentemente por INFOR Chiloé.
Siete años después de establecidas las plantaciones, el equipo realizó un inventario forestal en 35 parcelas distribuidas en siete rodales. El análisis incluyó variables dasométricas, regeneración natural, condiciones del suelo y características de los distintos micrositios.
Los resultados mostraron una recuperación que fue más allá del crecimiento de los árboles. Las plantaciones alcanzaron alturas promedio de entre 3,6 y 5,9 metros, con un desarrollo especialmente importante del coihue común y el notro. El coihue concentró más del 80% del volumen total de los árboles, mientras que el notro y el coihue de Chiloé también presentaron un desempeño destacado.
Pero uno de los hallazgos que más llamó la atención de los investigadores fue la reactivación de procesos ecológicos propios del bosque.
“Observamos no solo un desarrollo impresionante en términos de crecimiento, sobre todo de coihue común y notro, sino también que la plantación fomenta procesos como la regeneración natural, la fertilidad del suelo y la provisión de hábitat para fauna nativa”, explica Bannister.
El inventario registró 46 especies de plantas vasculares, de las cuales 36 no habían sido plantadas, además de sectores con una regeneración natural de hasta 32 mil plantas por hectárea. En otras palabras, cerca del 80% de las especies presentes llegaron o se regeneraron naturalmente una vez que comenzaron a recuperarse las condiciones forestales.
Para Bannister, este resultado permite dimensionar el efecto que puede alcanzar una intervención de este tipo en relativamente poco tiempo. “El hecho de que casi el 80% de las especies existentes en el lugar no hayan sido plantadas habla del enorme impacto ecológico de la plantación realizada. Y todo esto en solo siete años”, destaca.