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OPINIÓN | Una ecografía incierta: ¿Qué nos muestran realmente las encuestas?

Tiempo de lectura: 20 minutos
Valentina luza

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Por Ernesto San Martín
¿Qué puede ofrecer la investigación Estadística a sus usuarios? Las estadísticas -los datos- están por todas partes: datos oficiales, datos en la nube, datos de la banca, datos de las encuestas de opinión, etc. Se usan en los discursos, en las decisiones políticas, en las planificaciones de políticas públicas.
Resulta anecdótico que hace unos días, el 7 de diciembre recién pasado, el expresidente de Perú, Pedro Castillo, en el discurso en que abolía el Congreso Nacional, dijera: “Esta mayoría congresal no se ha detenido en su objetivo de destruir la institucionalidad presidencial, esta mayoría totalmente desacreditada, con un nivel de aprobación ciudadana entre el seis y ocho por ciento a nivel nacional, ha impedido acortar las enormes brechas sociales”.
Es cierto que la investigación Estadística ofrece metodologías cada vez más sofisticadas para analizar dichos datos, como por ejemplo algoritmos que permiten realizar predicciones “cada vez más precisas”; o procedimientos estadísticos que permiten mejores comparaciones de diversas subpoblaciones.
Pero hay un aspecto que muchas veces se descuida o no se explicita fuertemente, y es el que llamamos problema de identificación.
Un problema de identificación surge cuando confundimos lo que queremos aprender de un fenómeno, con lo que podemos aprender de dicho fenómeno usando los datos relacionados con el mismo. La diferencia entre lo que podemos aprender con lo que queremos aprender se debe a aspectos que no son observables… al menos en el estado actual de nuestros conocimientos.
¿Qué mecanismo o artilugio permite asegurar que las conclusiones extraídas están basadas en lo que queremos aprender del fenómeno, y no simplemente en lo que podemos aprender del mismo? Ese mecanismo o artilugio corresponde a un supuesto, imposible de testear empíricamente, al menos en el estado actual de nuestros conocimientos.
Expertos romanos
Para que se entienda este punto, quiero invitarles a considerar un antiguo caso judicial relatado en el Digesto, una compilación jurídica publicada en el 533 de nuestra era por el emperador Justiniano. En el quinto libre, título cuatro, sección 3, se discute acerca de la protección de la herencia del hijo libre que está por nacer. El problema se presenta cuando el hijo que va a nacer tiene un hermano que ya ha nacido. La pregunta que se hacen los antiguos juristas romanos es la siguiente: ¿qué parte de la herencia deberá quedar en suspenso pues no se sabe cuántos hijos podrán nacer?
Para responder a esta pregunta, se recurre a experiencias pasadas, las cuales pueden incluso considerarse como fábulas. Se reporta, por ejemplo, que cuatro niñas nacieron de una sola vez de una misma madre; se reporta el testimonio de “otros que tiene cierto crédito”, a saber, que una mujer, en el Peloponeso, dio a luz a cuatrillizos. Se menciona que en Egipto hay mujeres que han dado a luz septillizos. Se mencionan a los senadores Horacios, que son trillizos.
Ante esta evidencia de expertos (como diríamos hoy), la pregunta que se hacen los juristas romanos es la siguiente: ¿Cuál es la consecuencia para resolver el caso en cuestión? “Los autores del derecho han seguido, con una gran prudencia, una suerte de vía media, teniendo en cuenta que lo que podría suceder no sea de una rareza extrema, a saber, que puede que nazcan trillizos”. De ahí los juristas deciden que debe otorgársele al hijo ya nacido solo un cuarto de la herencia, reservado la restante para los posibles hijos que nacerán.
Como lo menciona Darío Mantovani, profesor en la Università degli Studi di Pavia, Italia, en su libro Les Juristes Ecrivains de la Rome Antique: Les Oeuvres Des Juristes Comme Litterature, la incerteza a la cual se enfrentan los juristas depende del hecho de que no tenían la tecnología que les permitiese ver lo que no era posible ver: el vientre de una mujer embarazada. Ante esta incerteza, los autores antiguos deben hacer un supuesto teniendo en cuenta cierta evidencia, supuesto que se combina con cierta prudencia jurídica: suponen que no es de extrema rareza el que nazcan trillizos. Hecho el supuesto, generan la norma.
Representatividad: ¿qué observamos?
Volvamos a nuestra época, una que está llena de datos. Mencionemos algunos ejemplos para que podamos, por un lado, constatar que no tenemos una “ecografía” y, por otro lado, que el supuesto que se hace merece también ser calificado como una “fábula”.
Las encuestas como las que cito el ex presidente Castillo, solo recogen la opinión de no más de mil doscientas personas. Acá en Chile, hay encuestas como CADEM que solo entrevistan a unas setecientas personas cada semana. Lo único que observamos son los datos que se refieren a dichas personas. No hay una “ecografía” que nos deje ver lo que piensan todos los ciudadanos con respecto a un tema. El supuesto que se hace se denomina muestra representativa y simplemente consiste en creer que la parte (la muestra) representa al todo.
La encuesta CASEN 2020 logró recolectar información de casi cuatro mil quinientos asalariados. Por lo tanto, solo podemos conocer la distribución del ingreso de esos encuestados. Nuevamente podemos afirmar que no hay una “ecografía” que nos muestre la distribución del ingreso de todos los asalariados del país. ¿Cómo entonces es posible hablar de dicha distribución basándose solo en esos datos?
El supuesto que se hace se llama principio de representatividad (también conocida bajo la designación técnica de pesos de expansión) y afirma que un encuestado representa a todos los que no fueron encuestados, pero que tienen las mismas características sociodemográficas del encuestado. En el estado actual de nuestros conocimientos, no es posible probar este supuesto.
Los ejemplos se pueden multiplicar. El punto es que se hace siempre el mismo supuesto, que asume cierta homogeneidad en la población que se estudia. Ante esta simplificación, que tiene serias consecuencias políticas, los usuarios de estadísticas deben hacerles a los “productores de datos” estas dos preguntas: Si cambias tu supuesto de muestra representativa o principio de representatividad o de homogeneidad, ¿cambian tus conclusiones?; ¿Qué supuestos serían necesarias para que tus conclusiones cambien?
Responder a estas preguntas es una exigencia ética que tanto cientistas sociales, como políticos, la prensa, y los que desarrollan encuestas de opinión soslayan.
La investigación Estadística puede mostrar cómo responder estas preguntas y abrir un debate político necesario, uno que al menos mostrará que la sociedad es más, mucho más, plural de lo que se supone. La pregunta es si esos usuarios de las estadísticas están dispuestos a salir del error de centrarse en un único supuesto.
Esperemos que así sea y así podamos de forma efectiva hacer interactuar ciencia y política, ciencia y sociedad. Las palabras iniciales de Canguilhem en su libro Ideología y Racionalidad en las Ciencias de la Vida (1977) puede que remuevan las conciencias: “Errar es humano, perseverar en el error es diabólico”.

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