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Michay: el berrie de La Araucanía que resiste la sequía y puede impactar la industria de alimentos

Tiempo de lectura: 20 minutos
Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país.

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La ciencia CGNA evidencia que este berrie nativo posee la mayor capacidad antioxidante y debido a su resiliencia no requiere agua ni agroquímicos para su producción.

Miryam Ríos, CGNA.- Resultados auspiciosos evidenció la ciencia del Centro de Genómica Nutricional Agroacuícola- CGNA- al comprobar que el Michay, berrie nativo de La Araucanía, posee la mayor capacidad antioxidante y es capaz de lograr calidad y un óptimo rendimiento de fruta sin riego ni uso de agroquímicos.

El Michay, arbusto nativo de Chile, presenta una distribución que va desde Curicó hasta Magallanes. Pero el catastro nacional de frutales sólo reporta 2.9 ha cultivadas de este berrie a nivel nacional.

De acuerdo a la investigación del Doctor Manuel Chacón, investigador del área de ciencia en plantas de CGNA, este berrie nativo supera en al menos diez veces la capacidad antioxidante de su primo más conocido, el arándano.

Además, en comparación con otros berries nativos la actividad antioxidante de su fruto expresada en ORAC (unidad de medida de actividad antioxidante )  puede llegar a doblar el valor reportado para el maqui.

Esto no solo proyecta al Michay como un competidor aventajado de la industria de alimentos de alto valor, sino también por las características de resiliencia que se están determinando con lo ciencia CGNA, en donde se observa que resiste periodos prolongados sin riego ni fertilización química, logrando una producción cercana a las 10 t/ha.

Al respecto, el doctor Haroldo Salvo, director científico del CGNA  “el país y la región necesita incursionar en alternativas productivas que tengan mayor competitividad frente al escenario del cambio climático, lo que implica disminuir el uso del suelo, agua, agroquímicos, transporte y procesos tecnológicos”, Salvo agregó que “debemos ser conscientes que tenemos que reducir el impacto de la huella de agua y carbono, y que cada día vamos a tener menos agua para producir alimentos”, explicó el científico del CGNA.

“El Gobierno Regional nos pide invertir en ciencia para buscar soluciones y cuando invertimos en ciencia lo hacemos buscando en nuestros propios recursos naturales”, apuntó.

Polinizadores

La exploración del Michay no solo abarca sus potenciales para la industria de alimentos de alto valor, sino que esta planta además tiene un gran potencial como atrayente de polinizadores.

El Dr. Manuel Chacón indicó que en nuestro campo experimental hemos podido observar las interacciones planta-insecto del Michay versus otros berries convencionales como la frambuesa y el arándano.

El Michay atrae la mayor cantidad de insectos polinizadores nativos. Cómo lo hace. el Dr. Chacón señala que, mediante cromatografía gaseosa acoplada a espectrofotometría de masas, se ha determinado un interesante diferencial del perfil de compuestos orgánicos volátiles en flores de Michay respecto a arándano, estrategia que le permite atraer eficazmente a los insectos.

“Esto es extraordinario pues nos abre una ventana para innovar en polinizadores para otros frutales. Es importante recordar que el servicio de polinización en la agricultura representa un tercio de la producción de alimentos a nivel global”, señaló Manuel Chacón.

A lo anterior, agregó el investigador del CGNA,  dado que “los efectos del cambio climático han contribuido enormemente a la reducción de la abundancia y diversidad de insectos polinizadores en el mundo, levantando las alarmas en aspectos de seguridad alimentaria”.

Mejorar la presencia de polinizadores nativos no solo contribuye a la ecología de la polinización, sino también mejora la calidad y producción en los cultivos, como por ejemplo en la fruticultura.

 

 

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