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Mentoras en formación del programa PROVOCA compartieron su “momento ajá” que definió sus vocaciones STEM

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

Al igual que el denominado “Eureka”, el “momento ajá” es la instancia que marca un antes y un después en la trayectoria de toda mujer en las disciplinas STEM (ciencia, informática, ingeniería y matemática), gatillando la decisión vocacional. Un punto sin retorno en que descubren su identidad científica y su anhelo de convertirse en profesional de estas áreas del saber, que aún registran una baja participación femenina.

Andrea Riquelme, Periodista.- El pasado 30 de septiembre, estudiantes de educación superior y profesionales que hoy se entrenan para ser mentoras STEM, descubrieron cuál fue su “momento ajá”, aquel instante que catapultó su vocación en ciencia, informática, ingeniería o matemática.

Las participantes del programa de mentoría 2023 son estudiantes universitarias, de postgrado, investigadoras y profesoras de educación superior, quienes buscan compartir su experiencia como mujeres en ciencias duras y adquirir habilidades que le permitan inspirar, guiar, acompañar y retener vocaciones científicas en niñas, jóvenes y mujeres.

Sonia Duffau, subgerente de divulgación y diversidad en AUI/NRAO, encargada del programa PROVOCA, explica la importancia del entorno social en el estímulo permanente de vocaciones científicas no tradicionales en el desarrollo de las niñas y mujeres. Si bien cada niña y joven atraviesa experiencias que le acerca de acuerdo a sus intereses y habilidades a ciertas áreas del conocimiento; el ambiente social, familiar y formativo, cumple un rol fundamental en la promoción de las vocaciones en STEM, no sólo propiciando experiencias interesantes de aprendizaje o la cercanía a modelos de rol, sino también estimulando la identificación de aquellas capacidades y emociones que confirman la elección vocacional.

Las participantes, identificaron así en sus recuerdos: anécdotas, situaciones y personas que gatillaron en ellas el deseo de convertirse en profesionales de las STEM, confirmando la importancia de reencontrarse con ese instante que les hizo “click” en su trayectoria vacacional y que muchas veces se olvida o se desdibuja en la memoria.

Entre las mentoras en formación que participaron de la actividad, Jennifer Anguita, astrónoma y divulgadora científica, comentó: “A mis 9 años vi una película en la que la protagonista era una astronauta. En ese momento me convencí de que quería ser parte del mundo STEM y ahora sueño con acompañar a otras mujeres que quieran sumarse a este hermoso camino”. Del mismo modo, María José Rain, astrónoma e investigadora postdoctoral en el Observatorio Europeo Austral, señaló: “Recuerdo cuando mis papás me regalaron mi primer telescopio y pasaba noches enteras intentando observar la Luna. Sabía que este era mi camino”.

Por su parte, Paloma Nawrath, docente en biología especializada en la aplicación de la ciencia en el aula, puntualizó: “Mi momento ajá STEM fue cuando era muy pequeña y me gustaba jugar con detergente. Mi abuelo me motivó y me compraba diferentes productos para simular que era una científica y nunca pensé que esa experiencia calaría tan profundo en mi vida, que se convertiría en mi pasión. Hoy espero motivar a otras niñas y mujeres para que terminen los proyectos que empiezan, siendo un puente para que lo logren”.

Durante la actividad, el programa PROVOCA además entregó a sus mentoras en formación otras herramientas para identificar sus perfil de comportamiento, de modo que cada una pueda determinar las características de su personalidad que favorecen la conexión y la comunicación con otras personas, y así focalizar sus esfuerzos por desarrollar una comunicación más asertiva, además de la empatía y la capacidad de escucha; cualidades determinantes para abrir puentes de conexión con otras generaciones de mujeres que viven su transición en las STEM.

Las jóvenes pudieron compartir en un clima de camaradería y confianza sus experiencias, para aprender entre sí y mejorar sus intervenciones con pares en la ciencia, y así contribuir al desarrollo y la retención de nuevos talentos femeninos en la ciencia.

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