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Magallanes: energía responsable

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

En los últimos meses han aparecido en los medios ONGs, científicos y ambientalistas solicitando detener el desarrollo de megaproyectos de hidrógeno verde en Magallanes por los potenciales efectos que podrían tener la construcción de parques eólicos en las rutas migratorias de las aves. Señalan que ecosistemas frágiles como la estepa patagónica podría sufrir una pérdida severa de sus servicios ecosistémicos, pero ¿qué evidencia se tiene al respecto y qué acciones se pueden realizar para mitigar el impacto?, ¿es necesario paralizar obras que nos permitirán lograr cumplir con las metas pactadas de descarbonización?

De acuerdo con un documento de 2013, en Estados Unidos, la mortalidad media anual por colisión de aves fue de 5.25 por turbina por año y estudios recientes en Chile central muestran una tasa de colisiones de 0,6 a 1,8 por aerogenerador por año. Cada parque eólico tiende a ser diferente como resultado de la topografía, clima, uso de la tierra, las especies que transitan y las características del aerogenerador. Sea cual sea el número final, es esencial poner en contexto el impacto de las turbinas eólicas en la mortalidad, al considerar otras amenazas antropogénicas.
Las colisiones con otras estructuras creadas por el ser humano, como edificios de vidrio y vehículos, matan a cientos de millones de aves cada año. Los gatos domésticos son otra gran amenaza, causando la muerte de entre 1.3 y 4 mil millones de aves al año solo en los Estados Unidos. En comparación, las muertes por turbinas eólicas parecen ser una proporción mucho menor, sin embargo, este análisis no disminuye la importancia de abordar la cuestión de fondo, sino que destaca la necesidad de una solución integral a la interacción humana-vida silvestre.
Variados avances científicos permiten hoy mejorar la planificación, diseño, construcción e implementación de los campos eólicos. Se puede, por ejemplo, optar por otro tipo de generadores eólicos con menor impacto ambiental, como los aerogeneradores verticales y los generadores sin aspas. Está también el ejemplo neerlandés de Borssele y Egmond aan Zee, parques que apagaron sus turbinas durante cuatro horas para garantizar el paso de aves y que redujeron la velocidad de los aerogeneradores a un máximo de dos revoluciones por minuto durante el peak de migración nocturno previsto. O los resultados de un estudio recientemente publicado por expertos del Instituto Noruego de Investigación sobre Naturaleza quienes redujeron en un 70% el número de accidentes mortales en Smola al pintar una de las tres palas de los aerogeneradores manteniendo las otras dos del color blanco habitual. Otra de las soluciones exitosas es la luz ultravioleta, que puede ser detectada por diversas aves. También se pueden utilizar sistemas sonoros de alerta, como los implementados en aeropuertos.

Existen medidas económicamente viables y ambientalmente benignas que pueden utilizarse para reducir el riesgo, tenemos que ser capaces de encontrar soluciones y producir las energías renovables que permitan combatir el cambio climático que afecta a la supervivencia de todas las especies. Está claro que el desarrollo debe no ser perjudicial para el ambiente y las comunidades, pues es posible, a través de la investigación y la ciencia disponible, cuidar a las aves migratorias y fomentar al mismo tiempo el uso de energías renovables de forma responsable.

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