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LCO trabaja en determinar y reducir su huella de Carbono

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

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La huella de carbono de las instalaciones de investigación astronómica se ha convertido en un tema crítico en los últimos años. Su medición, en términos de dióxido de carbono equivalente, CO2e, sirve para conocer el comportamiento de estas organizaciones y sus individuos y, de esta manera, gestionar eficientemente los recursos.

Comunicaciones Observatorio Las Campanas.- La huella de carbono de la operación astronómica, en general, está dominada por los gases generados durante la construcción de los recintos, y por las operaciones posteriores, influenciadas fuertemente por el consumo elevado de electricidad, combustibles fósiles producto del traslado de colaboradores y astrónomos visitantes, e insumos de mantenimiento.

Según un artículo publicado en abril de 2022 en la prestigiosa revista científica Nature*, los observatorios astronómicos tienen una gran huella de carbono. Según indican los autores, la Tierra puede absorber 2 toneladas de CO2 al año por persona. Considerando la infraestructura astronómica mundial disponible, entre telescopios espaciales, observatorios terrestres e institutos de investigación, la emisión media anual de la infraestructura de investigación por astrónomo es de 36 ± 14 tCO2 (toneladas de CO2). Para llegar a ser neutra en CO2, la actividad astronómica necesita reducir su huella de CO2 por un factor de entre 10 y 25 en los próximos años.

Entonces, si hace más de 50 años los observatorios astronómicos comenzaron su operación en Chile, ¿es posible ahora, varios años después, buscar medidas de mitigación?

Leopoldo Infante, director del Observatorio Las Campanas (LCO),  fue uno de los lectores del artículo publicado en Nature, en el que LCO no fue incluido. Por esto, se propuso determinar un indicador del impacto de las operaciones de LCO, medir la huella de carbono producida y trabajar en reducirla. Con esto en mente, buscó a un grupo de especialistas que, además de determinar el impacto en el cambio climático, propusieran medidas de mitigación.

Así fue como Anrryeth Thenoux, Paloma Villagrán y Josefina Méndez dedicaron su proyecto de título de la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Católica del Norte, en Chile, a este tema. Utilizando la metodología de evaluación de ciclo de vida (LCA), las jóvenes diseñaron e implementaron -usando el lenguaje de programación python- un modelamiento que determinó la huella de carbono de LCO a partir de 2019 generada por combustión fija, estacionaria y consumo de electricidad.

En este trabajo, al igual que en el artículo de Nature, se supuso que la huella de CO2 está dominada por dos factores: la construcción y las operaciones.  Siguiendo la línea del artículo, para el caso de los telescopios Magallanes de LCO, se consideraron factores de actividad de 240 tCO2e por millón de dólares para la construcción y 250 tCO2e por millón de dólares al año para las operaciones. Para los factores de emisión, se consideró una base de 126 millones de dólares para la construcción de los telescopios, y 7 millones de dólares para las operaciones anuales. Se sumó la huella por artículo publicado entre 2001 y 2022 (2751 artículos) y, finalmente, para calcular la huella por autor, se estimó el número de autores únicos que firmaron al menos un artículo, siendo 10924.

De esta forma, se obtuvo que la huella de carbono de LCO en 2022 asciende a 593 toneladas de dióxido de carbono equivalente, siendo los viajes de negocios los que aportan un 49%, seguido de un 17% debido a la movilización diaria del personal, un 12% por la combustión móvil, un 10 % por la combustión estacionaria, un 8% por utilización de fuentes no renovables y, finalmente, un 5% correspondiente a viajes aéreos nacionales.

Estos números son bajos, al compararlos con los publicados en la revista de Nature y con otros observatorios instalados en Chile, principalmente porque en las operaciones de este tipo de instituciones científicas domina la energía, y, hace tres años, el observatorio Las Campanas se abastece de energía con la empresa Colbún, la que utiliza fuentes renovables.

“En los casos de energía renovable o no, los electrones que vienen por los cables son los mismos, pero si nosotros compramos a empresas que tienen plantas renovables ejercemos presión para que la generación de energía, en general, cambie”, destaca Infante. El astrónomo es enfático en señalar que esto no es una compra de bonos de huella de carbono, un método de compensación bastante extendido en las empresas que buscan reducir el impacto de su huella de carbono pagando a organizaciones que contribuyen a la remoción de gases de efecto invernadero a través de distintos proyectos. “Nuestra energía viene de fuentes renovables y no de otras, por eso podemos decir que la energía nuestra es cero emisión, la huella de carbono por parte de la energía es prácticamente cero”, recalca Infante.

Los resultados del estudio indican que LCO debería erradicar la huella de carbono por concepto de electricidad, y el 80% por concepto de combustión móvil, mediante la adopción de electromovilidad en la Montaña, lugar donde se ubican los telescopios y se realiza la mayor parte de las operaciones, para el 2040.

“Así mismo, sugerimos que LCO adopte un rol activo para combatir el cambio climático y sus efectos mediante la conformación de un equipo dedicado a esta materia”, enfatiza Paloma Villagrán. “Esperamos que, en un plazo de 18 años, LCO se encamine a la carbono neutralidad y a la toma de decisiones estratégicas orientadas a la gestión de la sostenibilidad”, añade Anrryeth Thenoux.

Para avanzar en el camino hacia la carbono neutralidad, LCO está estudiando realizar un mayor número de observaciones remotas, con astrónomos observando desde diversas partes del mundo, conectados vía internet y apoyados por el personal del observatorio. Esto generaría una importante disminución de la huella de carbono producida por viajes internacionales. El porcentaje exacto no se ha definido, y se hará luego de recibir las conclusiones de  la investigación realizada por Thenoux, Villagrán y Méndez.

A 2040, LCO buscará hacer un cambio en la flota de vehículos, de bencineros y petroleros a eléctricos. “Eso también va a ser significativo. Hay otra serie de medidas de mitigación de huella de carbono a nivel local, por ejemplo, las cocinas, el movimiento interno, el uso de bicicletas, etc.”, indica Infante.

“Llegar a la neutralidad es difícil, pero llegar a un porcentaje bajo es posible. Para eso hay que tomar medidas importantes ya”, finaliza Infante.

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