La tierra de nadie que es TIERRA DE TODOS

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Una de las regiones que más padece los embates del cambio climático global y una fuerte presión pesquera es la Península Antártica, región donde tanto Chile como Argentina reclaman soberanía. A principios del siglo XX, cientos de miles de ballenas fueron asesinadas allí, al punto de dejarlas al borde de la extinción. Los enormes tanques y estructuras abandonadas de las balleneras en Isla Decepción, nos recuerdan ese triste pasado. Hoy el krill es quién está en el ojo de ese huracán, un animalito muy pequeño pero aun así, el atlas que sostiene sobre su milimétrica espalda, el peso de toda la trama trófica antártica, incluidas las ballenas. El pasado verano antártico se registraron  temperaturas superiores a los 20°C en la península, y el promedio diario más alto en los últimos 70 años. El cuerpo de evidencias es enorme, y urge tomar acción.

“Es el equivalente a ir a la Luna”, me dijo un amigo biólogo mientras yo hacía mi valija para ir a la Antártica. – Gracias che, le quitaste todos los nervios. ¿Qué ponen los astronautas en su neceser?  En el mío iban ositos de goma… Tres semanas después y muy a mi pesar, aprendería que dos bolsas no son suficientes para un mes (tomen nota).

En las costas antárticas la ausencia de intervención humana es aplastante. En la playa de Bahía Fildes, y con las manos congeladas es imposible no pensar en lo absurdamente pequeños e innecesarios que somos para que la vida siga su curso. El agua cristalina de las pozas deja ver el fondo, que para sorpresa de todos es colorido, está repleto de algas, esponjas, corales y estrellas de mar. Naranjas, amarillos, verdes y rosados, iridiscentes y en perfecto contraste con el blanco estéril de la superficie, quién habría pensado. A media distancia flotan témpanos de las formas más locas e improbables, al fondo una muralla blanca dice ser un glaciar. Más cerca hay rocas, focas que parecen rocas y muchos, muchísimos pingüinos. Arriba el cielo más azul que vas a ver en tu vida, no hay nada más HD que esto, y se me resecan los ojos por enésima vez, ¿Hace cuánto no pestañeo? Escuché decir por ahí que acá la vida no solo se las ingenió para persistir, sino que además floreció.

Estar en la Antártica es estar en todas partes y en ninguna. Afuera, el viento y el silencio, pero en las largas mesas del almuerzo en Base Escudero suenan los cubiertos, los platos, portugués de un lado, inglés por el otro y la música de fondo es cuarteto cordobés (Jean Carlos, para los entendidos). A pocos kilómetros de la Base se puede estar en China, en Rusia, en Corea o en Uruguay. Sin entrar en hipismos, ¿A quién le sirven los límites geográficos? Los pingüinos iban y venían sin pasaporte, qué decir de las ballenas…

Sin embargo, cada cierto tiempo resurgen los pleitos limítrofes entre Argentina y Chile, por ese temita de que a los gobernantes les gusta recuperar apoyo popular pintando fuera de márgenes. Este año no estuvo exento de eso, pero más al sur de La Moneda y La Rosada, científicos de ambos países colaboran desde hace años para proteger aquello que no es de nadie pero a la vez es de todos.

Como resultado de la extensa colaboración entre el Instituto Antártico Chileno (INACH), el Instituto Antártico Argentino (IAA) y las Cancillerías de ambos países, en 2017 se presentó en la propuesta preliminar que busca destinar 460.000 km² de la Península Antártica a la conservación de la Naturaleza. La propuesta debe ser lo suficientemente buena como para convencer a 25 países y la Unión Europea, es decir todos los miembros que conforman la CCRVMA (Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, “cruma” para los amigos). La CCRVMA funciona desde 1982 y tiene como finalidad la protección de los recursos vivos marinos antárticos.

Figura. Área marina protegida propuesta por Chile y Argentina (Fuente:Cancillería Argentina).

La firma de la propuesta binacional argentino-chilena, implica que Rusia, China, Estados Unidos, y la Unión Europea estén de acuerdo en trabajar en conjunto. Ni Marvel se animó a tanto. Sin embargo, no sería la primera vez que la CCRVMA logra algo de ese calibre. Tras cinco años de negociaciones, en 2016 se logró crear la reserva natural marina más grande del planeta. Alrededor de 1,5 millones de kilómetros de mar protegido, y nada más ni nada menos que en el mismo continente blanco, garantizando que la actividad humana se reduzca o incluso se prohíba, para permitir que allí la naturaleza haga lo suyo.

Área marina protegida más grande del planeta, ubicada en el Mar de Ross, Antártica.

Una nota recientemente publicada en la prestigiosa revista Nature reza: “Protejamos a la Península Antártica (antes de que sea demasiado tarde)”, allí, investigadoras resumen la delicada situación que atraviesa esa región principalmente por la pesca, el turismo, y otras actividades humanas.

Conociendo el riesgo que corre la Península Antártica, se espera que la propuesta que une a argentinos y chilenos en pos de una causa mucho mayor que los egos de sus gobernantes sea aceptada por los países de la Cruma. Pero 2020 es un año complejo para nuevos proyectos, y recién tendremos novedades cuando se realice la reunión que pre pandemia habría sido en Tasmania a finales de octubre, pero por la contingencia será virtual con fecha, por el momento, no confirmada en su sitio oficial.

La Península Antártica, se llama el documental de National Geographic que registró la expedición realizada por el equipo de conservación marina Pristine Seas, junto a investigadores chilenos y argentinos, en apoyo a la propuesta binacional de una nueva área marina protegida. Se estrenó hace pocos días y es sencillamente bello.

Hoy es el día de la Antártica chilena, que también es la argentina, y la de todos los países del mundo. Es de nadie pero es de todos, y ha sido y es sitio de intensa cooperación entre argentinos y chilenos.  Pero no vende tanto como el pleito cuasi futbolero de una línea imaginaria, porque al parecer nunca es noticia llevarse bien.