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La naturalidad es la condición que debemos aspirar a conservar

Tiempo de lectura: 20 minutos
Valentina luza

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Por Dra. Evelyn Habit Doctora en Ciencias Ambientales, Universidad de Concepción, Chile.

En la actualidad la humanidad determina el funcionamiento del ambiente, incluso a escala planetaria, generando problemas ambientales globales como el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, degradación de la calidad del agua dulce o la acidificación de los océanos (todos interrelacionados entre ellos). En este contexto, la conservación de la naturaleza no es un lujo o un capricho, sino una necesidad para lograr la supervivencia de nuestra especie en el planeta. La interdependencia de la sociedad humana con los ecosistemas es ampliamente reconocida y la evidencia científica demuestra que solo la mantención del funcionamiento natural de los ecosistemas permitirá que estos sigan brindando servicios ecosistémicos de regulación, aprovisionamiento, culturales y de apoyo, que sustentan la vida humana.

En ese contexto, en que la conservación de la naturaleza es una necesidad, debemos preguntarnos ¿qué es lo que debemos conservar?  Algunas iniciativas como las carreteras hídricas plantean, por ejemplo, transformar el norte de Chile en un vergel, ignorando que las zonas áridas son ecosistemas naturales, con su propia biodiversidad y funcionamiento. Otras actividades humanas como el embalsamiento de ríos se presentan como oportunidades para generar “lagos” que impulsen el turismo. Nuevamente, allí se ignora que la naturalidad de los ríos como ecosistemas es mantener un flujo continuo del agua, sedimentos y organismos. En otras palabras, la conservación de la naturaleza debe basarse en mantener las características naturales e intrínsecas de cada ecosistema. Esto es principalmente importante en ecosistemas que aún se mantienen cercanos a dicha condición de naturalidad.

En ese contexto, recientemente una publicación en la revista “Latin American Journal of Aquatic Research”, Bravo y colaboradores (2022) estudian las relaciones ecológicas entre tres especies de salmónidos introducidos en Chile: la trucha arcoíris, trucha café o marrón y salmón Chinook. Ambas truchas, ampliamente apetecidas para la pesca recreativa, están clasificadas entre las 100 peores especies invasoras del mundo por La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, debido a sus efectos nocivos. Por su parte, el salmón Chinook es un invasor más reciente en aguas del sur de Chile, que migra desde el mar a los ríos a reproducirse. Los Chinook, una vez que depositan sus huevos, mueren y sus cuerpos de gran tamaño, se descomponen en los ríos Patagónicos, caracterizados naturalmente por sus aguas ultra-limpias, transparentes y de alta oxigenación (oligotróficas). Impresionantemente, la publicación de Bravo y col. (2022) concluye que la descomposición de estos salmones “puede aumentar la productividad total del sistema, mejorando la disponibilidad de alimento para truchas y otras especies nativas de peces, aumentando la abundancia y resiliencia de los stocks en estas aguas”. Efectivamente, la descomposición de salmones enriquecerá en nutrientes las aguas oligotróficas de los ríos patagónicos, lo cual es su condición natural, desencadenando cambios significativos e incluso impredecibles en su funcionamiento. Estos ríos son ecosistemas que naturalmente funcionan basados en su oligotrofía, con organismos que están adaptados a esas condiciones y que, además, son las características que aprecian turistas y habitantes locales, o que permite tener procesos simples de potabilización. Así, lo deseable de conservar, en esta situación, es la condición de aguas ultra-limpias u oligotróficas. Actualmente, como consecuencia de este tipo de actividades y el cambio climático, los ecosistemas de agua dulce oligotróficos son cada vez más escasos a nivel mundial. Al contrario, muchos ecosistemas enriquecidos en nutrientes están sufriendo graves consecuencias como el incremento de floraciones tóxicas, las que tiene implicancias directas sobre la salud de las personas. No olvidemos que el 70% de nuestro cuerpo es agua.

No podemos equivocarnos en esto, la naturalidad es la condición que debemos aspirar a conservar, principalmente en aquellos pocos lugares donde los ecosistemas aún se mantienen cercanos de dicha condición. Suponer que un cambio ecosistémico de esta naturaleza puede ser positivo, es sin duda un error. Lamentablemente, este tipo de mensajes equívocos, pueden llevar a que dentro de nuestro sistema de evaluación de impactos ambientales (SEIA) se termine concluyendo que el aumento de especies invasoras y sus efectos sobre la calidad de las aguas es positivo. La pesca recreativa, basada en salmónidos, es una actividad que no requiere de subsidios, ya que estas especies tienen todas las capacidades para autosustentarse, tal como lo han demostrado desde su introducción a fines del siglo XIX.  Por el contrario, las especies nativas y los ecosistemas necesitan ser protegidos, evitando el aumento en su degradación.

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