El investigador principal del laboratorio de Fisiología del Estrés del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), Dr. Pablo Cornejo, fue parte de dos artículos científicos que desarrollan la idea de utilizar una técnica ancestral para mejorar los cultivos con el uso de inoculantes específicos.

Por Gabriela Cortés. El calentamiento global y la sequía en la zona central de Chile nos obligan a buscar soluciones urgentes para el campo. Curiosamente, las respuestas más efectivas no provienen de insumos químicos costosos, sino de combinar la sabiduría de nuestros pueblos originarios con la ciencia moderna.
Las publicaciones “Evaluating maize-legume-cucurbit intercropping for enhancing drought resilent smallholder agricultural systems of Central Chile” y “Design and Testing of Microbial Synthetic Communities (SynComs) for Potential Use in Maize, Legume and Cucurbit Oriented to Improve Intercropping Under Drought Conditions” resumen el trabajo continuo sobre estas tecnicas.
¿Qué es la Milpa?
La Milpa, es un modelo agrícola ancestral originario de Mesoamérica que cultiva en un mismo espacio tres alimentos clave: maíz, poroto y zapallo. Lejos de competir entre sí, estas plantas trabajan en perfecta sincronía. El maíz crece alto y firme para servir como tutor natural a los porotos que trepan por su tallo. A su vez, el poroto fija el nitrógeno del aire directamente en la tierra, alimentando de manera natural a sus compañeras. Abajo, el zapallo despliega sus hojas anchas y tupidas como un techo vivo que protege la tierra del sol directo, evitando la evaporación del agua y frenando el crecimiento de malezas.
Según explica el científico, “La milpa es un agroecosistema que no sólo consiste en cultivar tres especies juntas, sino que busca la complementariedad de sus funciones, vale decir, busca hacer un uso más eficiente de los recursos del suelo y el ambiente para producir”.
El maíz ocupa el estrato superior y puede servir de soporte al poroto, el que por su parte aporta nitrógeno mediante fijación biológica con bacterias en sus raíces, mientras que el zapallo cubre el suelo, limita el crecimiento de malezas y ayuda a conservar la humedad. Sus raíces también exploran distintos sectores del suelo. “Por ello es un ejemplo emblemático de asociación, donde las especies utilizan de manera complementaria la luz, el agua y los nutrientes”, recalca el Dr. Cornejo.
¿Por qué los policultivos mejoran y protegen la Tierra?
Cuando sembramos una sola especie en grandes extensiones, el suelo se agota rápidamente y sufre mucho más ante la escasez de agua. Al asociar cultivos, las raíces de diferentes plantas liberan diversos nutrientes que estimulan la vida bajo tierra, volviendo al suelo más fértil sin recurrir a fertilizantes sintéticos. Además, la cobertura que generan las hojas del zapallo ayuda a conservar la humedad por mucho más tiempo, convirtiendo a la tierra en una esponja capaz de resistir períodos prolongados sin riego. Esta integración permite aprovechar el terreno de forma tan eficiente que genera un rendimiento global significativamente mayor en comparación con los monocultivos.
“Su eficiencia, sin embargo, depende de las variedades, la densidad de siembra, el clima y las características de cada territorio, por eso que estos estudios resultan relevantes al contexto de la agricultura chilena, las especies utilizadas, los sistemas de preparación de suelo, riego, y la disponibilidad de recursos microbianos que puedan favorecer este sistema asociativo”, dice el experto.