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La danza invisible en las alturas de un volcán

Tiempo de lectura: 20 minutos
Redacción CienciaEnChile
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Yuvineza Gómez, investigadora postdoctorante del Instituto Milenio de Investigación en Riesgo Volcánico – Ckelar Volcanes y académica de la Universidad Católica del Norte.

Ser doctora en física, ha llevado a desentrañar los misterios del universo a través de ecuaciones y modelos numéricos, donde los datos son mi lenguaje cotidiano, pero me aventuré a estudiar los secretos de los volcanes e ir tras su rastro. Así que decidí ir por una experiencia que combinó la pasión científica con la emoción de lo desconocido, y que prometía llevarme a las entrañas de la Tierra en busca de respuestas sobre su inquebrantable energía.

Con equipo listo y vestimenta protectora comencé un trayecto a los pies del volcán Olca, un macizo activo emplazado en pleno Desierto de Atacama, a unas cinco horas de Antofagasta, en el norte de Chile. La majestuosidad del volcán se hace evidente a medida que avanzamos hacia su cumbre. La panorámica que se despliega ante mis ojos es impresionante, fumarolas que se elevan en el horizonte y una vibrante paleta de colores que destacan ese color amarillo propio del azufre.

Aunque no logro alcanzar la cima del volcán, cada paso en este terreno inhóspito me ha proporcionado una valiosa lección sobre cómo la naturaleza puede desafiar al ser humano. Durante todo el camino, mi mente no dejaba de recordar variables físicas, como la presión atmosférica, que afectan el cuerpo en la altura. La disminución de la presión a medida que ascendíamos tuvo un impacto notorio en mí cuerpo, y viví en primera persona los efectos de la altitud en el organismo.

Cuando se trata de enfrentar un volcán, no basta tener un equipo apropiado y una actitud valiente. Es esencial entender el misterioso ballet que la presión atmosférica ejecuta en las alturas, ya que esta magnífica danza puede ser un aliado o un obstáculo en el ascenso hacia un volcán.

La presión atmosférica es la fuerza que el aire ejerce sobre cualquier superficie en la Tierra debido al peso de la columna de aire que se encuentra sobre nosotros. A medida que subes un volcán, te enfrentas a cambios en la presión atmosférica. Imagina la atmósfera terrestre como una manta invisible que envuelve nuestro planeta. En la superficie, esta manta ejerce una presión constante, que es esencial para nuestra vida cotidiana. Sin embargo, a medida que ascendemos en altitud, esa presión disminuye gradualmente.

Cuando decidimos enfrentar un volcán, subir una montaña o incluso volar en avión, nos enfrentamos a un cambio en la altitud, y esa presión atmosférica se convierte en una protagonista clave de esta historia. A medida que ascendemos, hay menos “manta” de atmósfera sobre nosotros, lo que significa que la presión disminuye, y eso puede tener un impacto en nuestros cuerpos.

A medida que subes por las laderas del volcán, hay menos aire sobre ti, lo que significa menos peso y, por ende, menos presión atmosférica. Si llevas una botella de agua contigo, a medida que subes, la presión atmosférica disminuye y el agua dentro de la botella tiende a expandirse. Si no está bien cerrada, podrías terminar con una mochila empapada. Si decides llevar algo para comer y cocinar en el camino, ten en cuenta que, a mayores altitudes, el agua hierve a temperaturas más bajas debido a la disminución de la presión atmosférica. ¡Tú taza de café podría tardar un poco más en estar lista!

Por otro lado, a medida que asciendes, la menor presión puede hacer que sientas que estás recibiendo menos oxígeno. Esto puede afectar tu respiración y tu capacidad para realizar actividades físicas. ¡Pero no te preocupes! Tu cuerpo se adapta gradualmente al cambio. En efecto, uno de los desafíos más comunes que enfrentamos en altitudes elevadas es la hipoxia, que se produce debido a la disminución de la presión atmosférica. La hipoxia es la reducción en la cantidad de oxígeno disponible para nuestros tejidos y células, lo que puede causar fatiga, mareos, dificultad para respirar y otros síntomas que afectan nuestra salud y rendimiento.

Imagina que estás subiendo un volcán, tu corazón late emocionado por la aventura, pero a medida que subes, el aire se vuelve más delgado, y algo extraño comienza a suceder. Tu cerebro, que normalmente es un jefe multitarea, comienza a sentirse un poco abrumado. Primero busca oxígeno como un detective tras sus pistas. Pero como el aire es escaso, la cantidad de oxígeno que llega a tu cerebro disminuye. ¡Uh-oh! Tu cerebro no está contento con esto y emite señales de alarma. Te sentientes un poco mareado, como si hubieras estado dando vueltas en círculos en una montaña rusa.

Entonces, tus músculos, que son como los trabajadores incansables de tu cuerpo, también comienzan a quejarse. Necesitan oxígeno para funcionar correctamente, pero con menos oxígeno disponible, te sientes débil y cansado. Cada paso en la subida se convierte en un desafío digno de un videojuego.

El problema es que la hipoxia no solo afecta a tu cerebro y músculos, ¡sino a todo tu cuerpo! Tus pulmones trabajan más duro para tratar de extraer más oxígeno del aire escaso, tu corazón late más rápido para tratar de bombear más oxígeno por todo tu cuerpo y tu piel puede volverse azulada, como si fueras un personaje de un cuento de hadas.

Entonces loa clave para enfrentar con éxito un ascenso a un volcán o cualquier otra actividad en altitud es elevadas, radica en comprender esta danza invisible de la presión atmosférica y nuestro cuerpo. Pero sobre todo en la aclimatación gradual a la altitud para permitir que nuestro cuerpo se adapte a la disminución de la presión y al oxígeno. Ideal pernoctar en altura antes del ascenso.

Los volcanes y su territorio sigue siendo un misterio para la ciencia y necesita de más investigación para conocer cuándo y cómo despertarán estos macizos de sus largas o no tan largas siestas.  Así que mi pasión por la ciencia me llevará a explorar más profundamente los secretos que yacen bajo la superficie de nuestro planeta, para dominar, además, esta danza invisible en las alturas de un volcán.

 

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