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La Comunicación Científica en el Siglo XXI: Una Voz en la Sociedad

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

Por Rodrigo Aedo Soto, Director de Innovación y Transferencia Tecnológica de la UCT en el marco de la contratación.

Vivimos en una época en la que la ciencia y la tecnología están más presentes que nunca en nuestra vida diaria. Desde los dispositivos que usamos hasta las decisiones políticas que afectan nuestro futuro, la ciencia juega un papel protagónico. En este contexto, la comunicación de la ciencia es fundamental para cerrar la brecha entre la comunidad científica y el público general.

La difusión, divulgación y comunicación son tres pilares que guían este proceso. Mientras que la difusión se centra en la colaboración entre investigadores pares a partir de los hallazgos, la divulgación busca hacer la ciencia comprensible para el público en general. La comunicación, por otro lado, implica un diálogo activo entre investigadores y sociedad, siendo una herramienta esencial para que la ciencia y la innovación sean relevantes y significativas para todos.

El trabajo de algunos autores latinoamericanos destaca la necesidad de comunicar la investigación de manera efectiva, superando obstáculos como las barreras idiomáticas, los recursos y el voluntarismo. Sin embargo, es esencial reconocer que la comunicación científica no es sólo responsabilidad de los investigadores. Las instituciones que adjudican fondos de I+D+i, los medios de comunicación y la institucionalidad estatal tienen un papel fundamental en este proceso.

La apropiación social de la ciencia, como se discute en la literatura iberoamericana, es más que un concepto: es una llamada a la acción. La sociedad debe ser un actor activo, no sólo un espectador. Es esencial que las personas no sólo consuman información científica para comprender y apoyar la ciencia y la innovación, sino que también cuestionen de manera informada y constructiva su desarrollo.

Cuando se trata de I+D+i financiada por el Estado, la responsabilidad de comunicar los resultados no es sólo una buena práctica, es una obligación moral y ética. Los ciudadanos tienen el derecho de conocer los avances, hallazgos y aplicaciones de las investigaciones e innovaciones. Sin embargo, a menudo, la divulgación y comunicación son vistas como actividades secundarias, relegadas al final del proyecto sin los recursos adecuados. Esta perspectiva debe cambiar. Es esencial que los proyectos de I+D+i financiados públicamente incluyan, desde su concepción, un presupuesto específico destinado a la comunicación y divulgación de sus resultados. No se trata sólo de publicar artículos en revistas especializadas, sino de crear materiales accesibles, organizar eventos de divulgación y establecer canales de comunicación efectivos con la sociedad.

En síntesis, la ciencia no es un monólogo; es un diálogo continuo. La comunicación científica en el siglo XXI es esencial para construir una sociedad informada y empoderada para enfrentar los desafíos del futuro. El conocimiento es un bien que mientras más se comparte más crece entre la sociedad, quien finalmente es la que lo genera, la que lo consume y proyecta en el futuro.

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