El hidrogeólogo será conferencista especial del Área Temática 2, «Recursos Hídricos, Energéticos y su Exploración», del XVII Congreso Geológico Chileno. En esta entrevista aborda los desafíos de estudiar las aguas subterráneas, interpretar la información de terreno y comunicar la incertidumbre antes de tomar decisiones.
El XVII Congreso Geológico Chileno se realizará del 13 al 18 de diciembre de 2026 en Valdivia, bajo el lema «El futuro bajo nuestros pies». Entre sus conferencistas especiales estará José Yáñez, hidrogeólogo y socio de Flow, cuya presentación se titula «De la toma de datos y su interpretación a la toma de decisiones».
Yáñez cuenta con experiencia como consultor y en la industria minera. Su trabajo se ha centrado en el flujo y el transporte de solutos en aguas subterráneas, con aplicaciones en proyectos ambientales, operaciones mineras e infraestructura urbana. También ha participado en la Asociación Internacional de Hidrogeólogos en Chile y cuenta con la certificación Certified Groundwater Professional (CGWP) de la National Ground Water Association de Estados Unidos.
Su trayectoria combina el trabajo técnico en hidrogeología con la gestión de proyectos. ¿Cómo se construyó esa línea profesional y cuáles han sido sus principales áreas de trabajo?
Durante los primeros diez años de mi carrera me concentré principalmente en el trabajo técnico, tanto en gabinete como en terreno, aunque también tuve responsabilidades de gestión, como la coordinación de equipos de terreno para catastros, muestreos y ensayos. Eso implicaba ocuparse de la logística, la planificación y las compras, entre otras tareas.
Al inicio de mi carrera trabajé más para el Estado, en estudios de cuencas, y menos trabajos para privados, incluyendo empresas mineras. Mi vínculo más estrecho con la minería comenzó en 2011, cuando ingresé a SQM Salar para trabajar en temas operacionales asociados a la producción de sales de potasio y litio. Más adelante, como consultor sénior en empresas multinacionales enfocadas en minería metálica, combiné el trabajo técnico con la gestión de proyectos. Es una combinación similar a la que mantengo hoy en Flow, donde soy socio.
He trabajado en distintos ambientes, pero una parte importante de mi experiencia está en la hidrogeología de salares e instalaciones de minería metálica, como depósitos de relaves, pilas de lixiviación, túneles y rajos. Durante los últimos seis años también me he vinculado estrechamente con la hidrogeología urbana, en particular con proyectos de autopistas subterráneas y del Metro de Santiago.
Gran parte de su experiencia se relaciona con el flujo y el transporte de solutos en aguas subterráneas. ¿Por qué es importante comprender estos procesos?
Para quienes trabajamos en hidrogeología, comprender el flujo y el transporte de solutos es como conocer el abecé de la disciplina. Permite responder preguntas básicas, pero profundas: ¿de dónde viene el agua?, ¿cuánta puede entregar un pozo o un campo de pozos?, ¿cuánto tiempo tardará en desplazarse un contaminante de un punto a otro?
Las respuestas dependen de las entradas y salidas de agua del sistema, de cómo se organiza el flujo y de las diferencias que existen dentro del medio por el que circula. Ese conocimiento permite abordar los problemas que necesitan resolver las empresas, el Estado y las personas.
Su conferencia se titula «De la toma de datos y su interpretación a la toma de decisiones». ¿Cuál será su idea central?
Estamos tomando decisiones todo el tiempo, cualquiera sea nuestra posición dentro de un proyecto. Algunas son técnicas, como definir qué datos recoger y qué representan. Otras son operacionales, por ejemplo, optimizar un proceso o evaluar un yacimiento de salmuera. También hay decisiones ambientales, como determinar un caudal de extracción que no afecte a un objeto de protección.
En mi experiencia, muchas veces se practica la hidrogeología sin plantear las preguntas clave que deberían orientar esas decisiones. Cuando se pasan por alto cuestiones esenciales, eso repercute en los resultados. Me interesa invitar a quienes asistan a pensar qué decisiones necesitan tomar, qué información les permite respaldarlas y cómo están interpretando esa información.
¿Cuáles son los principales desafíos al convertir los datos de terreno en modelos que representen adecuadamente un sistema hidrogeológico?
Veo desafíos en tres áreas. La primera es la información y los criterios que utilizamos para interpretarla. Entender qué significan los datos y los resultados, y hacia dónde nos conducen, depende en buena medida de la experiencia profesional.
La segunda es la variedad de herramientas disponibles. Hoy contamos con computadores y equipos de monitoreo más potentes, programas especializados e inteligencia artificial. Me parece estupendo que existan y que se aprovechen. Sin embargo, tarde o temprano surge la pregunta de cómo interpretar sus resultados y de qué manera pueden apoyar decisiones que a veces tienen consecuencias sociales, ambientales y económicas importantes.
La tercera es la incertidumbre. En muchos estudios seguimos evaluando escenarios como si existiera una única respuesta cierta. En las ciencias de la Tierra, eso es una ilusión. Pocas veces mostramos con claridad en los informes qué margen de error pueden tener los resultados y cómo podríamos reducirlo.