Investigar desde la UCI: Roberto explora cómo mejorar la desconexión de pacientes con ventilación mecánica

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Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Desde el 2024 es docente encargado de la Mención de Periodismo Científico y Ambiental en la UACh. desde el 2024. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación UACh - UFRO Becado por ANID.

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Desde su experiencia como médico internista e investigador, Roberto Enrique Brito Álvarez ha desarrollado una línea de trabajo centrada en uno de los momentos más críticos para pacientes hospitalizados en unidades de cuidados intensivos: el retiro de la ventilación mecánica. Su tesis doctoral, desarrollada en el contexto del proyecto Fondecyt liderado por el Dr. Rodrigo Cornejo, “Efecto del decúbito prono y  faja abdominal en la protección pulmonar y muscular en pacientes con SDRA y debilidad adquirida en UCI durante la transición de ventilación controlada a respiración espontánea”, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID.  Roberto abordó en este trabajo doctoral los mecanismos poco visibles que podrían influir en el daño pulmonar durante este proceso. Actualmente realiza un postdoctorado en Toronto y proyecta continuar su carrera académica en Chile.

¿Cómo surge su vínculo con el proyecto Fondecyt y con la línea de investigación del Dr. Rodrigo Cornejo?

Mi formación de pregrado fue en Medicina y desde muy temprano me interesó la fisiología, entender cómo funcionan los distintos órganos del cuerpo. Ese interés es especialmente relevante en las unidades de cuidados intensivos, porque allí uno trabaja con pacientes graves, donde distintos órganos suelen presentar algún grado de falla.

Conocí la línea de trabajo del Dr. Rodrigo Cornejo durante una de mis pasadas por la UCI. Ya habíamos tenido algunos acercamientos durante el pregrado, pero fue más adelante, en el desarrollo de mi especialidad en Medicina Interna, cuando conocí más a fondo esta unidad y, en particular, los problemas asociados al funcionamiento pulmonar en pacientes críticos.

En ese contexto me interesé por el manejo de pacientes conectados a ventilación mecánica, una de las terapias de soporte más utilizadas en la UCI. El Dr. Cornejo ya venía trabajando desde hace tiempo en cómo optimizar el manejo de estos pacientes, especialmente en la etapa en que se inicia el proceso de liberación del ventilador. Ese momento es particularmente delicado, porque aunque el paciente comienza a mejorar, todavía existe riesgo de que el daño pulmonar se exacerbe. La investigación buscaba precisamente comprender qué ocurre en los pulmones durante esa etapa y cómo optimizar ese proceso. Ahí fue cuando me sumé a su equipo.

¿En qué año se integró al grupo?

Comencé en 2016, inicialmente como colaborador. Después desarrollé mi tesis doctoral, que terminé en 2024.

 ¿Qué lo motivó a desarrollar una carrera vinculada también a la investigación?

Efectivamente, la mayor parte de los médicos está dedicada casi exclusivamente a la atención de pacientes, que ya de por sí es muy demandante, y más aún en la UCI. Pero a mí siempre me interesó complementar mi trabajo clínico con la investigación, porque me parecía una oportunidad concreta de aportar a la generación de conocimiento y, en última instancia, contribuir a mejorar la atención de nuestros pacientes.

Además, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile existe un programa de doctorado especialmente pensado para médicos, lo que facilitó mucho este camino. Me motivó la idea de que en Chile existe investigación de muy buen nivel, pero también es importante que los médicos podamos actuar como un puente entre la investigación y la práctica clínica, para que ese conocimiento efectivamente llegue al cuidado de las personas.

¿Habías participado antes en otras investigaciones?

Sí. Durante el pregrado trabajé en otro laboratorio, en una línea distinta, vinculada a patología cardiovascular. Incluso en quinto año de Medicina tuve la oportunidad de participar en un congreso internacional de estudiantes con ese equipo, donde obtuvimos el primer lugar. Más adelante, al terminar la carrera, me integré formalmente al grupo del Dr. Cornejo.

Tu tesis se desarrolló en un momento muy específico del tratamiento intensivo: la desconexión del ventilador mecánico. ¿En qué consistió tu investigación?

Mi tesis se centró en la etapa final del soporte ventilatorio, cuando se evalúa si el paciente ya está en condiciones de respirar por su cuenta. Ese momento es muy relevante porque, si no se elige bien cuándo iniciar la desconexión, el paciente puede desarrollar más daño pulmonar.

Lo que estudiamos fue un mecanismo que hasta hace poco no había sido bien descrito y que se conoce como pendelluft. Este fenómeno consiste en un movimiento de aire dentro del pulmón: el aire no entra ni sale necesariamente al exterior, sino que se desplaza entre distintas regiones pulmonares, inflando unas mientras otras se desinflan. Nuestra investigación buscó evaluar si este fenómeno tenía relación con la inflamación del paciente.

Lo que observamos es que este intercambio de aire dentro del pulmón sí se correlacionaba con inflamación, lo que sugiere que podría constituir un mecanismo de daño. Esto es importante porque podría influir en la duración de la ventilación mecánica y obligarnos a ser más cuidadosos al momento de decidir cuándo retirar ese soporte.

¿Cuáles son los principales riesgos de desconectar demasiado pronto a un paciente del ventilador mecánico?

El ventilador mecánico cumple una función de soporte fundamental: ayuda a oxigenar la sangre y, al mismo tiempo, permite proteger el pulmón para que la inflamación no siga avanzando. Cuando el paciente comienza a mejorar, uno evalúa si es posible que respire por sí solo, y para eso se realiza una prueba de ventilación espontánea.

Si esa desconexión se hace demasiado pronto, cuando el pulmón aún está muy inflamado o la enfermedad de base no ha cedido lo suficiente, el paciente puede no tolerarla. En esos casos puede caer nuevamente su oxigenación y requerir reconexión al ventilador. Y eso tiene consecuencias importantes: se sabe que los pacientes que deben ser reconectados tienen peor pronóstico y mayor riesgo de morir en la UCI. Por eso es tan importante elegir bien el momento.

¿Su investigación podría aportar nuevos indicadores para apoyar esa decisión clínica?

Sí, potencialmente. El fenómeno que estudiamos no suele detectarse con la monitorización habitual de las unidades de cuidados intensivos. Para observarlo utilizamos un dispositivo llamado tomografía de impedancia eléctrica, que permite ver en tiempo real cómo se distribuye el aire dentro del pulmón a partir de pequeñas corrientes eléctricas completamente inocuas para el paciente.

Si mediante esta herramienta detectamos ese movimiento anómalo de aire dentro del pulmón, eso podría indicar que el paciente todavía no está listo para ser liberado del ventilador y que tal vez necesita más tiempo de soporte. En ese sentido, podría transformarse en una herramienta adicional para tomar mejores decisiones clínicas en un momento clave de la evolución del paciente crítico.

¿Esta tecnología se utiliza actualmente en hospitales en Chile?

Todavía no de manera rutinaria. En Chile su uso sigue estando principalmente circunscrito al ámbito de la investigación. Acá, en cambio, he visto que se usa con más frecuencia en el manejo clínico. Por eso también es importante estudiar estas herramientas y avanzar en su validación, para eventualmente pensar en su incorporación futura.

¿Qué significó para usted, en términos profesionales y humanos, investigar este tema en el contexto de tu tesis doctoral?

Fue muy importante. Investigar con pacientes siempre es una experiencia enriquecedora, tanto en lo académico como en lo humano. Uno inevitablemente establece un vínculo con los pacientes y con sus familias. En muchos casos, al tratarse de pacientes sedados o con compromiso de conciencia, el contacto inicial es principalmente con sus familiares, y eso permite entender de manera más cercana el sufrimiento y la complejidad de una enfermedad crítica.

Además, participar de un proyecto Fondecyt en todas sus etapas —desde el enrolamiento de pacientes hasta el análisis de datos y los aspectos administrativos— fue muy formativo. Todo eso ayuda mucho para crecer como investigador y también para proyectarse en futuras postulaciones a fondos. Fue una experiencia muy valiosa en muchos sentidos.

Actualmente realizas un postdoctorado en Toronto. ¿En qué consiste esta nueva etapa de investigación?

Así es. Estoy realizando un postdoctorado con financiamiento de Beca Chile, en un equipo asociado a la Universidad de Toronto. Llegué el año pasado y estaré acá hasta agosto de este año.

En esta etapa he podido trabajar tanto en investigación clínica con pacientes en UCI como en modelos experimentales de daño pulmonar. Seguimos estudiando mecanismos de daño asociados a la ventilación mecánica y también otros fenómenos, como la asincronía entre el paciente y el ventilador, que ocurre cuando el paciente intenta respirar por su cuenta pero el ventilador entrega un soporte que no coincide con esa necesidad. Sabemos que eso también puede generar daño, por lo que es una línea muy relevante de estudio.

¿Qué proyección ves para que este tipo de conocimiento llegue efectivamente a hospitales y al sistema público de salud en Chile?

Ese es un desafío importante. Las unidades de cuidados intensivos existen en todo Chile y el manejo del compromiso respiratorio forma parte del trabajo cotidiano de muchos equipos, no solo de especialistas en medicina intensiva. En nuestro país hay muy buena medicina intensiva, pero por supuesto siempre se requieren más recursos, más formación y más capital humano.

Uno de los grandes desafíos de la investigación clínica es justamente acortar la distancia entre el conocimiento generado y su aplicación al lado de la cama del paciente. Para eso se necesita financiamiento, equipamiento, formación especializada y también equipos que puedan traducir la evidencia en mejores prácticas clínicas.

Mirando su trayectoria, que incluye una beca de doctorado y ahora una beca de postdoctorado, ¿qué reflexión haces sobre el apoyo a la investigación en Chile?

Creo que algo importante de destacar es que, al menos desde mi experiencia, sí existe un compromiso del Estado con la formación de investigadores, a través de programas como la Beca ANID de Doctorado Nacional y Beca Chile para postdoctorado. Por supuesto, siempre sería deseable contar con más recursos, pero estas herramientas permiten desarrollar investigación, formarse y luego devolver ese conocimiento al país.

En mi caso, eso significa poder contribuir desde nuestro hospital y desde nuestra realidad a mejorar la atención de los pacientes. Creo que es importante reconocer que existen oportunidades y que esas oportunidades pueden tener un impacto real.

¿Qué viene después de esta etapa en Canadá?

En agosto termino el postdoctorado y luego regreso a la facultad, donde ya tengo un cargo como profesor asistente. Mi intención es postular a concursos y fortalecer mi línea de investigación, además de colaborar y hacer sinergia con otras líneas dentro de este ámbito que están en desarrollo en nuestra Unidad.

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