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Investigadores del CBV UNAB participan en proyecto Anillo para la valorización de residuos de la agroindustria

Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.
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El Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello y las universidades de Talca y de Chile participan en el proyecto ANID Anillo CHICOBIO, que busca enzimas de frutos nativos para procesar residuos y así obtener ingredientes y compuestos útiles en las industrias de alimentos, fármacos y cosméticos.

Pamela Alarcón, Periodista UNAB.- La papaya (Vasconcellea pubescens), la frutilla blanca (Fragaria chiloensis) y el calafate (Berberis microphyllaa) no solo son sabrosos representantes de la biodiversidad de frutas nativas de Chile. Las tres son también los modelos frutales escogidos por el proyecto Anillo CHICOBIO para identificar en su pared celular nuevas enzimas que podrían ser utilizadas para la valorización de residuos de la agroindustria y así dar origen a ingredientes y compuestos beneficiosos para las personas.

Apoyado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID, el proyecto CHICOBIO (Chilean Fruits Cell Wall Components as Biotechnological Resources) es liderado por la doctora María Alejandra Moya, de la Universidad de Talca, en conjunto con los doctores Raúl Herrera y Margarita Gutiérrez, de la misma universidad; Michael Handford, de la Universidad de Chile y Susana Sáez, del Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello (CBV UNAB).

“El proyecto focaliza sus investigaciones en frutos nativos, como una manera de valorar nuestra riqueza genética y aportar a la economía circular”, indica la doctora María Alejandra Moya, líder de la iniciativa.

Según explica la investigadora, los frutos nativos contienen una batería de enzimas que pueden ser utilizadas con fines biotecnológicos, para convertir a los residuos de la agroindustria en productos con valor y con potencial uso como alimento funcional.

A través del estudio de la papaya, la frutilla y el calafate, los investigadores de CHICOBIO buscan generar nuevo conocimiento, como información genética y molecular hasta ahora no descubierta, y también diseñar estrategias biotecnológicas que permitan valorizar los residuos generados por la agroindustria, rubro que tiene una marcada presencia en la región del Maule.

Según el informe Uso de residuos y/o subproductos en la agroindustria del Maule (Maule Alimenta al Mundo 2020), en la mayoría de las empresas de congelados, jugos, aceites, conservas y deshidratados de la región las pérdidas de materia prima están en torno al 20%, pero hay casos en que los residuos superan el 75% del producto que ingresa al proceso. Los residuos se componen principalmente por materia prima que no se usa en el proceso productivo, como fruta que cae al suelo, orujo, alperujo, pomasa, cuescos, cáscaras y hojas, a lo que se suma pulpa no utilizada y mermas de frutas.

El valor de la pectina

“Este tipo de trabajo requiere de la experiencia en diversas áreas del conocimiento. En esta propuesta, cada unidad participante aporta desde un punto de vista diferente, y en conjunto vamos generando nuevo conocimiento y de una manera integrada”, señala la Dra. Moya, investigadora de la Universidad de Talca y líder del proyecto.

valorización de residuosUna de las unidades que forman parte del proyecto Anillo CHICOBIO corresponde a la doctora Susana Sáez, investigadora principal del laboratorio Mucilab del Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello (CBV UNAB). Junto a ella trabajan otros tres investigadores del grupo Mucilab: la doctora en biotecnología e investigadora postdoctoral, Dayan Sanhueza; la asistente de investigación Alejandra Salazar y el estudiante de doctorado Pablo Sepúlveda.

En relación al trabajo con frutas nativas, la Dra. Sáez señala que “lo ideal sería hallar enzimas específicas que podamos emplear para procesar los residuos de la industria y obtener compuestos de alto valor que puedan servir, por ejemplo, para hacer un súper alimento. Un suplemento nutricional para humanos, para animales, algún extracto con aplicaciones en cosmética o como agente emulsificante o texturizante”, ejemplifica Sáez.

Un ejemplo son las pectinas, polisacáridos de alto costo que se emplean en las industrias cosmética, farmacéutica y de alimentos como agente gelificante, espesante o emulsionante.

“Hay mucho interés de la industria en valorizar sus residuos y justamente una de las motivaciones es procesarlos para aislar pectina, porque a veces estas mismas empresas compran caros esos polisacáridos, que provienen principalmente de cítricos”, señala la Dra. Sáez, agregando que los investigadores del CBV UNAB han descubierto abundante pectina en el mucílago de papaya.

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