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Investigadora del CSB UNAB convierte residuos industriales en bokashi, un biofertilizante agrícola de alta calidad

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

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Giovanna Anziani, investigadora del Centro de Biotecnología de Sistemas de la Universidad Andrés Bello, combina biotecnología con una técnica tradicional japonesa del siglo 17 para obtener un fertilizante más efectivo que el compost. Se trata de una de las fórmulas más costoefectivas para la valorización de residuos industriales.

Pamela Alarcón, Periodista UNAB.- Restos de alimentos, lodos residuales, desechos de cultivos agrícolas, estiércol de ganado y una mezcla de microorganismos beneficiosos son algunos de los ingredientes de una efectiva receta para convertir residuos agroindustriales o de empresas sanitarias, en un valioso biofertilizante agrícola de alta calidad.

Conocido como bokashi, este abono natural y orgánico, cuyo origen se remonta al Japón del siglo 17, tiene varias ventajas sobre el compost. Entre ellas, que está disponible en un mes, a diferencia del compost, cuya maduración tarda seis meses.

“A diferencia del compost, que se obtiene por la digestión y descomposición de la materia orgánica, el bokashi es resultado de la fermentación anaeróbica de las materias primas. Si bien el proceso de ambos abonos depende de la presencia de microorganismos, la receta del bokashi incorpora la inoculación de bacterias, hongos y levaduras que lo aceleran y hacen que el producto final tenga microorganismos benéficos que enriquecen el suelo”, explica Giovanna Anziani, investigadora del Centro de Biotecnología de Sistemas de la Universidad Andrés Bello (CSB-UNAB).

Allí, la investigadora trabaja en el desarrollo y mejoramiento del bokashi tradicional para el manejo sostenible de residuos industriales, contribuyendo así a la economía circular y obteniendo un potente biofertilizante agrícola.

“Lo que hacemos es incorporar el proceso de bioaumentación específica de microorganismos benéficos”, señala Anziani. Es decir, utilizan la biotecnología para analizar los residuos industriales e identificar el perfil de sus componentes. A partir de esa información, agregan ciertos microorganismos, bacterias, hongos o levaduras al bokashi. Estos son seleccionados específicamente para controlar los patógenos y degradar los compuestos dañinos que están presentes en los residuos analizados.

De esta forma, señala la investigadora del CSB-UNAB, es posible crear un abono para cultivos agrícolas de consumo humano a partir de residuos industriales, incluso de lodos residuales generados por empresas sanitarias. La correcta selección de microorganismos permite generar una actividad biorremediadora, es decir, disminuir los niveles de contaminantes de aguas y suelos hasta el punto de permitir su reutilización en la industria y sectores agrícolas.

Economía circular y simbiosis industrial

La producción de bokashi con bioaumentación específica abre también la oportunidad de generar simbiosis industriales, un instrumento de la economía circular que promueve la sostenibilidad y eficiencia de recursos mediante sinergias entre industrias complementarias.

Pilar Parada, directora de CSB-UNAB, destaca que “se pueden crear alianzas entre empresas que descartan distintos ingredientes necesarios para producir bokashi, como carbón, polvos minerales, purines, residuos de alimentos, cascarilla de arroz, bagazo de cebada o caña o celulosa, entre otros”.

Por la amplia variedad de desechos orgánicos que se pueden incorporar y la rapidez con que se convierten en un producto final de alta calidad, la producción de bokashi es hoy una de las fórmulas más costoefectivas para tratar y valorizar residuos industriales.

“Con el proyecto de ley sobre residuos orgánicos y la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos, que promueve su valorización mediante el compostaje y la generación de biogás, el bokashi se levanta como una opción mucho más efectiva y de vanguardia, que permitirá a las empresas que lo adopten una disposición más sostenible y rápida de sus residuos generando ahorros o incluso una nueva línea de productos de alto valor para el agro”, dice Pilar Parada.

Lo anterior considerando que en el mundo agrícola el bokashi gana terreno como una tecnología innovadora para mejorar la fertilidad del suelo, la salud de las plantas y la calidad de las cosechas y alimentos.

“Esto se debe a que en el proceso por el cual se genera los nutrientes están menos expuestos a degradación y a que en su proceso de producción el bokashi es suplementado con microorganismos benéficos que enriquecen el suelo y generan una suerte de abono probiótico que se asocia a cultivos de alta calidad nutricional”, concluye Giovanna Anziani.

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