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Investigadora de la Universidad de Concepción, estudia hongos comestibles y su poder para aportar vitamina D

Tiempo de lectura: 20 minutos
Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país.

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 En un innovador estudio colaborativo entre el Laboratorio de Química de Productos Naturales de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas, y el Laboratorio de Investigación Materno-Fetal (LIMaF) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, se han logrado significativos avances en la mejora del contenido de vitamina D2 en el hongo comestible Suillus luteus mediante la aplicación de radiación ultravioleta B (UV-B).

Doctora Solange Torres Galán.

Para la investigadora responsable del Fondecyt Iniciación 11220598, Solange Torres Galán de la Universidad de Concepción, el “Rol de la radiación UV en el incremento de la concentración de vitamina D2 en hongos comestibles andino-patagónicos” representa un paso significativo hacia la creación de alimentos enriquecidos con vitamina D2, ofreciendo una alternativa prometedora para abordar deficiencias nutricionales en la población.

 ¿Por qué es tan relevante?

 La vitamina D es un compuesto liposoluble que no solo está implicado en la absorción del calcio, sino que también regula múltiples funciones en el organismo. Estudios postpandemia han destacado su importancia en el sistema inmunológico, además como protector contra el cáncer y otras funciones, incluso se ha asociado a trastornos como depresiones y fatigas.

Es en este contexto que surge mi interés en estudiar la fortificación con vitamina D en alimentos en Chile, ya que existe un déficit de esta vitamina y, por otro lado, destacar el rol biológico que cumple en el organismo. A diferencia de Europa, Estados Unidos y países asiáticos, donde el consumo de hongos comestibles es común, en Chile estamos recién empezando en este campo y la fortificación de este tipo de alimentos  es carente. Actualmente, trabajo en fortificar hongos comestibles, es decir, agregarles nutrientes esenciales, en este caso, la vitamina D, para beneficiar a la población.

 

Es un problema serio la falta de vitamina D actualmente?

 En cuanto al problema de salud actual en la población, destaco el déficit de vitamina D, que posee un alcance significativo. La búsqueda de compuestos y metabolitos en organismos, como los hongos, se convierte en una vía para abordar esta problemática, ya sea de índole ambiental o de salud pública. Los hongos, considerados productos forestales no madereros, ofrecen una perspectiva valiosa para resolver esta carencia, especialmente en lugares como la región Sur de Chile, donde la diversidad de hongos asociados a ecosistemas andino-patagónicos es relevante.

 ¿En qué consistió el experimento?

 El experimento consistió en exponer el hongo, en condiciones in vitro, a diferentes lapsos de tiempo de radiación UV-B (30, 60, 90 y 120 minutos). Posteriormente, se llevó a cabo un análisis elemental por SEM-EDS para determinar la composición del hongo. Adicionalmente, se realizó una extracción de vitamina D2 y ergosterol, cuantificada mediante HPLC. Los extractos obtenidos fueron sometidos a ensayos antioxidantes y evaluados en modelos celulares con células endoteliales.

 ¿Qué revelaron los resultados?

 Los resultados revelaron un incremento significativo en el contenido de vitamina D2

en los extractos expuestos a 60 y 90 minutos de radiación UV-B, acompañado por

la inhibición de radicales libres. Es crucial destacar que los extractos fortificados no presentaron toxicidad en las células endoteliales, evidenciando su potencial como una solución para alimentos fortificados con vitamina D2, seguros para el consumo humano. 

 El Dr. Ricardo Oliva del Centro de Espectroscopía y Microscopía Electrónica (CESMI) de la Universidad de Concepción, desempeñó un papel fundamental en el análisis elemental EDS por Microscopía Electrónica, destacando que el hongo no presenta acumulación de metales pesados detectables por esta técnica, como Pb, Hg u otros tipos de metales que por su concentración pudieran ser tóxicos.

¿Qué destacaría de estos hongos fortificados en comparación a otros alimentos que aportan vitamina D2? 

Comparado con otros alimentos que contienen vitamina D, como ciertos vegetales, la cantidad presente en ellos es baja, lo que requeriría un consumo considerable para alcanzar niveles significativos en la sangre. Con hongos fortificados, se obtiene una cantidad suficiente de vitamina D de manera más accesible. Además, dado el auge de dietas basadas en vegetales, la inclusión de champiñones u hongos comestibles se ha vuelto popular.

 ¿En dónde está enfocado su trabajo actualmente?

 En mi investigación, me concentro en el sur, específicamente en el ecosistema patagónico asociado a bosques nativos. Los microclimas favorecen el crecimiento de una amplia gama de hongos, que son escasas en otras áreas. La riqueza de ambientes, lluvias y bosques templados en el sur crea un entorno propicio para la diversidad de hongos comestibles, como los Gargales, Boletales, Hongos del género Pleurotus,  también conocido como el hongo ostra y Morchellas. 

 

¿Cuáles serían los hitos más relevantes de esta investigación para usted?

 Uno de los hitos importantes es evaluar el impacto del hongo en el sistema inmunológico, examinando su capacidad para estimular la producción de citoquinas y su efecto en diferentes líneas tumorales, especialmente en cáncer de próstata y mamas. Además, hemos considerado la aplicación a escala industrial para cultivos comerciales.

 En cuanto a los resultados obtenidos hasta el momento, destacaría el hongo comestible Suillus luteus, que crece asociado a plantaciones forestales. Durante el mes de abril, se puede cosechar, fortificar y lograr un aumento significativo de vitamina D2, hasta cuatro veces más que en hongos no fortificados. Este hongo también ha mostrado capacidad antioxidante y la habilidad de inhibir especies reactivas de oxígeno en líneas celulares humanas.

 ¿Han evaluado la irradiación que reciben los hongos, es saludable?

 Un punto crucial que también quiero resaltar es la seguridad del proceso de irradiación. A menudo, existe preocupación sobre posibles efectos tóxicos o alteraciones en los componentes del hongo debido a la radiación. Sin embargo, mi investigación busca demostrar que el hongo irradiado no solo genera grandes cantidades de vitamina D, sino que también mantiene su seguridad y beneficios para la salud. 

Finalmente, ¿qué es lo que la motiva o apasiona de esta línea de trabajo?

La incentivación al estudio de los hongos y sus aplicaciones farmacológicas y nutracéuticas me apasiona personalmente. Observar cómo estos organismos responden frente a condiciones de estrés en cultivos in vitro proporciona insights valiosos relacionados con la síntesis de metabolitos tales como: pigmentos, fenoles, componentes liposolubles como la vitamina D2,  que puedan ser incorporados en nuestra dieta con propiedades farmacológicas interesantes. Además, desde un punto de vista ecológico, la plasticidad de los hongos para adaptarse a las condiciones ambientales plantea preguntas intrigantes sobre cómo los humanos u otros organismos también podríamos responder al cambio climático con las diferentes intensidades de radiación uv que llegan a nuestro planeta.

 

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