loader image

Investigador chileno que estudia los recursos genéticos del tomate dio charla magistral en el XIV Simposio Internacional de Recursos Genéticos para las Américas y el Caribe

Tiempo de lectura: 20 minutos
Millaray Mariqueo
Periodista de la Universidad de Concepción, Licenciada en Comunicación Social. Con experiencia en Divulgación Científica, Sustentabilidad y Marketing Digital.

Con más de 6 años de experiencia en microorganismos, Máximo González es uno de los pioneros en vincular el estudio de esta hortaliza con la contribución de sus las comunidades microbianas, en respuesta al cambio climático. 

Máximo, desempeñando su labor como investigador en el Laboratorio de Microbiología Aplicada del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) de Chile, se ha destacado por su dedicación a la investigación en comunidades microbianas, recursos genéticos y bioinformática.

En el marco del XIV Simposio Internacional de Recursos Genéticos para las Américas y el Caribe (SIRGeAC 2023), organizado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y la Universidad Austral de Chile (UACh), Máximo fue ponente durante el evento que se llevó a cabo del 13 al 15 de diciembre en Valdivia, Chile.

En esta ocasión, presentó una charla titulada: “Recursos genéticos de tomate, sus microorganismos y cambio climático: un prospecto de investigación para los desafíos futuros”, brindando una perspectiva única sobre la investigación y los retos futuros en esta área.

Línea de investigación

Máximo trabaja en un área denominada interacción planta- microorganismo, donde estudia diversidad genética que tienen las especies, centrando sus esfuerzos en el estudio de la diversidad genética de especies, con un enfoque particular en los tomates. Su elección se justifica por ser una hortaliza de gran relevancia en Chile y en el mundo, enfrentando desafíos significativos debido a los impactos del cambio climático.

El investigador aborda el concepto crucial de recursos genéticos, destacando la disminución de la diversidad genética durante el proceso de mejora de las variedades comerciales. En este contexto, Máximo se dedica a la investigación de tomates no comerciales, hortalizas que han sido conservados a lo largo de las generaciones por familias, transmitiendo las semillas de manera intergeneracional.

 “Por un lado yo estudio esos materiales y por otro, los microorganismos que viven en estos materiales, los que sabemos que pueden disminuir el estrés en las plantas en distintos niveles”. Destaca que algunos microorganismos tienen la capacidad de reducir las hormonas relacionadas al estrés en la planta, permitiendo que esta supere el impacto del estrés, incluso hasta por 2 días, dependiendo del microorganismo presente.

Con seis años de experiencia investigando los microorganismos y tres enfocándose en los tomates, Máximo no solo acumula conocimientos sino que también dirige un proyecto FONDECYT de iniciación (No. 11200702), proyecto integral que abarca sus tres principales áreas de interés.

Tomates como recurso genético

En esta investigación, Máximo inició con 156 accesiones de tomate, las cuales se redujeron a 12 en el transcurso del proyecto. Cada accesión representa un material vegetal recolectado en diversas ubicaciones del país y en el extranjero. En el primer año, se llevó a cabo la caracterización de estos materiales, lo que concluyó en la identificación de accesiones con diversidad genética, lo que implica la posibilidad de obtener respuestas diferentes y encontrar genotipos tolerantes a los estreses, según señaló Máximo. El investigador resalta la aplicación práctica de su investigación en el corto y mediano plazo, tanto en La Serena, como en el resto del país. Aunque, en el marco de su investigación, destaca que todos los ensayos de campo realizados fueron financiados gracias al proyecto de Conservación de Recursos Genéticos INIA-MINAGRI 501453-70.

Actualmente en La Serena enfrentan un déficit hídrico del 77%, Máximo está enfocado en identificar materiales con potencial para crecer en condiciones de baja disponibilidad hídrica. Este conocimiento podría brindar un valor a la comunidad, ya que los materiales podrían utilizarse como parentales en cruzamientos para generar nuevas variedades de tomate adaptadas a condiciones de escasez de agua.

Máximo destaca que junto con la doctora Alexandra Stoll (Líder del Grupo de Microbiología Aplicada, CEAZA) han logrado una estrecha conexión del laboratorio con la comunidad. Se llevan a cabo actividades como charlas, turismo y colaboración con agricultores para involucrar a la comunidad en las investigaciones. Gracias a estas interacciones, el laboratorio ha logrado aislar bacterias de comunidades locales y aplicarlas en el campo para conferir tolerancia a estreses abióticos a las plantas, identificando bacterias específicas que ayudan en respuesta al estrés salino y otras que contribuyen a la tolerancia al estrés hídrico.

Desafíos esenciales

En relación con los desafíos del país y Latinoamérica en materia de avances científicos, el investigador menciona que en nuestro país se ha hecho mucha investigación a corto plazo, evidenciando la necesidad de adoptar con una visión proyectiva hacia las necesidades futuras. “En el contexto del cambio climático, vivimos la dualidad de la suerte y la tragedia al ser conscientes de su presencia. Por ende, hay un considerable número de personas trabajando en este tema, lo que nos permite realizar predicciones para el futuro”, menciona el investigador.

En este contexto, el investigador señala que uno de los desafíos actuales consiste en establecer vínculos entre el sector agrícola y el ámbito de la predicción, buscando integrar proyectos agrícolas con un enfoque específico en el cambio climático. El objetivo es poder anticipar y comprender cómo se verán afectados los diferentes cultivos en el futuro”.

“Hay una carencia notable de investigaciones en este ámbito. Personalmente, comencé a trabajar con el tomate, y es algo que podría haberse abordado hace mucho tiempo. En el caso del tomate, por ejemplo, ha sido un cultivo de interés para numerosos investigadores, por lo que esta investigación podría haberse llevado a cabo sin problemas hace 10-15 años, y lo mismo aplica a diversos cultivos”.

smart

El investigador también subraya que gran parte de la ciencia realizada hasta ahora no ha buscado establecer una base sólida para la elección de nuevos temas de estudio. “En la actualidad, contamos con técnicas que son económicamente accesibles para realizar estudios macro e, pero aún falta definir cuáles son las accesiones y objetivos más interesantes antes de realizar una selección de materiales para investigaciones posteriores”.

SIRGeAC 2023

En su primera participación en este Simposio, Máximo expresa su gratitud por la oportunidad de compartir su trabajo. Con el respaldo del proyecto Fondecyt, logró establecer una conexión entre la agricultura y la microbiología. Y este simposio le permitió presentar cómo fusionan estos dos temas que no suelen abordarse simultáneamente. “Tener la posibilidad de visibilizar la unión de ambos temas es de suma importancia, y estoy muy agradecido”, destaca Máximo.

Además, el investigador agradece a sus colegas de estudio, en especial a Erika Salazar, investigadora encargada de los recursos genéticos en INIA La Platina, quien ha sido fundamental para la ejecución de su investigación. Juntos, colaboran en un proyecto de vinculación internacional que les ha permitido incorporar investigaciones de CIMMYT (Fondecyt Iniciación Nº. 11200702, Fomento Vinculación Internacional FOVI220099).

Por otro lado, destaca la contribución de Alexandra Stoll, investigadora en el CEAZA y responsable del Laboratorio de Microbiología Aplicada. “Gran parte de este trabajo comenzó con ella. Si bien soy un investigador con mi propia área en Fisiología Vegetal, el aspecto de la Microbiología lo desarrollo en colaboración con Alexandra”, finaliza Máximo.

 

 

Compartir publicación

Etiquetas de esta publicación

Artículos
relacionados