La evaluación de impacto del programa “Ecosistemas Escolares de Bienestar” de Fundación Kiri, en alianza con fundación MC y J-PAL, encontró efectos positivos y estadísticamente significativos en dimensiones como optimismo, resolución de conflictos, conciencia de sí mismo y conciencia de otros en niños y niñas, además de la salud mental de sus familia.
Por Daniel Martínez. ¿Puede un taller de teatro ayudar a un niño o niña a entender mejor sus emociones? ¿O practicar skate y robótica convertirse en algo más que una actividad entretenida después de clases? Una evaluación al programa Ecosistemas Escolares de Bienestar, de Fundación Kiri, entrega nuevas pistas sobre el papel que pueden jugar este tipo de experiencias en el desarrollo socioemocional durante la etapa escolar.
El estudio de evaluación de impacto –ejecutado por J-PAL y con el apoyo de Fundación MC– analizó la incidencia de este innovador programa implementado en establecimientos de la Región de La Araucanía, que utiliza talleres culturales, deportivos y científicos como herramienta para promover habilidades socioemocionales. En total se evaluaron 1.060 estudiantes de 4° y 5° básico, pertenecientes a establecimientos con un índice de vulnerabilidad escolar promedio de 0,90.
La intervención demostró que espacios naturales como lo son el deporte, la cultura o la ciencia con una adecuada metodología pueden potenciar el desarrollo integral de estudiantes y permitirles adquirir habilidades críticas para la vida. En concreto se testearon disciplinas como el teatro, skate y robótica para demostrar que estos espacios donde los estudiantes pueden aprender a conocerse, relacionarse y desenvolverse con otros, al mismo tiempo que comparten intereses y pasiones pueden ser espacios de formación potentes.
Los resultados muestran efectos muy positivos y estadísticamente significativos en dimensiones clave del desarrollo socioemocional, particularmente en optimismo, conciencia de sí mismo, resolución de conflictos, salud mental y conciencia de otros. El efecto, además, no parece ser idéntico para todos. Entre las niñas, el impacto en optimismo y comprensión de uno mismo fue mayor y significativo, mientras que entre los niños destacó especialmente el efecto en conciencia de otros. El estudio también identifica ámbitos en los que no se observaron diferencias entre ambos grupos, como las mediciones de función ejecutiva.
Los beneficios podrían incluso traspasar las puertas del colegio. La evaluación encontró una reducción de síntomas depresivos en los cuidadores principales y familias, y un aumento en el uso de métodos de disciplina no violentos, resultados que los investigadores plantean como posibles efectos indirectos sobre el entorno familiar, viéndose beneficiados indirectamente por estas intervenciones. Que el efecto haya llegado hasta los cuidadores obliga a mirar la resiliencia de otra manera: no como un rasgo que un niño tiene o no tiene, sino como algo que circula entre él y quienes lo rodean. Si mejora el niño, mejora la casa; y probablemente también al revés, afirma el estudio.
Teatro, la sorpresa del estudio
Uno de los resultados más llamativos aparece al separar a los estudiantes según el taller en que participaron. Aunque los investigadores advierten que esta comparación no permite establecer causalidad, debido a que los niños no fueron asignados aleatoriamente a cada disciplina, el teatro aparece asociado de manera consistente con mejoras en comprensión de uno mismo y de otros, autorregulación, autoconciencia y sentido de pertenencia.
Las magnitudes observadas se ubican entre 0,3 y 0,4 desviaciones estándar, un resultado que muestra una tendencia de los estudiantes de teatro a quedar mejor posicionados que entre el 61% y 66% de sus pares que no participaron del programa, y abre nuevas preguntas respecto del potencial que pueden tener las experiencias artísticas dentro del ecosistema escolar.
“Taller por taller es distinto. Como los estudiantes eligen a cuál asistir, esas diferencias todavía no son causales y estamos trabajando en estimarlas. Hay poca literatura sobre teatro y desarrollo socioemocional, y las magnitudes entre 0.3 y 0.4 desviaciones estándar son altas: si se confirman, sería relevante para el diseño de la intervención. Eso no significa que los otros talleres no funcionen, sino que abre la pregunta de qué tan distinto es el componente socioemocional de cada uno, que es el corazón de la intervención”, concluye Pamela Jervis, académica de la Universidad de Chile e investigadora J-PAL.