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Iniciativa Terapéutica en la Naturaleza: Transformando vidas de niños en Residencias

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

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En un rincón encantador de Valdivia, Chile, la Alianza Global para Animales y Personas (GAAP), ha creado una experiencia terapéutica única respaldada por Fondart y el Gobierno Regional de Los Ríos. Sumergiéndose en el bosque valdiviano, este proyecto transformador dedica los primeros 5 días exclusivamente a las niñas y los siguientes 5 días a los niños, personalizando cada experiencia para abordar sus necesidades únicas.

Para estos jóvenes que han enfrentado adversidades como el abuso, el abandono y la carencia extrema, este proyecto va más allá de simples actividades; es una oportunidad para descubrir fortalezas en un entorno seguro. Cada sesión, meticulosamente planificada, fusiona elementos psicológicos, sociológicos y creativos con una conexión profunda con la Naturaleza. Desde juegos de baile hasta meditación guiada y proyectos de arte ecológico, cada actividad no es solo una tarea, sino una ventana a la exploración de habilidades, respaldada por especialistas en cada área.

Es así como, esta iniciativa se aleja de ser un programa terapéutico convencional para convertirse en un faro de esperanza y desarrollo destinado a jóvenes que han enfrentado desafíos únicos. Más que construir habilidades, cada actividad contribuye a la confianza, resiliencia y sentido de pertenencia de los participantes. El bosque valdiviano se convierte así en un aula donde cada niña y niño encuentra su voz y una comunidad solidaria en su viaje hacia el crecimiento y el bienestar.

En este sentido Guillermo Pérez, representante de la ONG GAAP, destaca la importancia de brindar apoyo a niños de la Fundación, quienes enfrentan situaciones traumáticas y carecen de familiares que se puedan hacer responsables. El proyecto de 10 días se centra en el desarrollo socioemocional a través de tres áreas: movimiento, música y naturaleza. Destaca la participación de los niños en el monitoreo de la fauna local con cámaras trampa, buscando integrar su curiosidad y fortalecer la colaboración entre ellos. Guillermo resalta el objetivo de crear un ambiente seguro y de confianza, utilizando la naturaleza como vehículo para el desarrollo integral de los participantes. Considera este enfoque multidisciplinario como innovador y aspira a expandirlo a más áreas y contextos educativos en el futuro.

Del mismo modo, Alejandro Macilla, terapeuta ocupacional del I Centro Residencial Llacolén , expresó que “la semana del proyecto fue altamente enriquecedora y exitosa. Destaca que las actividades al aire libre, ideadas por todo el equipo, no solo brindaron nuevas vivencias a los niños, sino que también se alinearon con el objetivo central de estimular habilidades de comunicación e interacción social. La intervención se enfocó en actividades grupales para fortalecer habilidades como el respeto por turnos, la iniciación y finalización de conversaciones, entre otras. Desde la perspectiva sensorial, la experiencia en el bosque proporcionó estímulos auditivos, táctiles, visuales y propioceptivos, contribuyendo a regular los sentidos de los niños y mejorando su concentración y conexión con el entorno. La música y la coordinación al tocar instrumentos también estimularon habilidades motoras finas y gruesas. La retroalimentación de los niños fue extraordinaria, expresando su deseo de continuar participando en el taller, e incluso descubriendo nuevos intereses. En general, la experiencia cumplió con los objetivos terapéuticos y se percibe como un impacto significativo en el desarrollo y bienestar de los participantes. La expectativa es seguir construyendo estas experiencias en el futuro”.

Desde el enfoque de la expresión musical Antonia Schmidt, profesora de música y encargada de la música en el proyecto cultural para niños, comparte su entusiasmo por acercar la música a niños que a veces carecen de acceso a ella. Destaca que la música sirve como un puente para que los niños se expresen y canalicen sus emociones de manera lúdica. Aunque este proyecto cuenta con menos niños, Antonia observa que la recepción hacia la música es universal y siempre positiva, facilitando la expresión de sentimientos. Resalta la importancia de la actividad que conecta la música con la naturaleza, ofreciendo a los niños un espacio significativo fuera de su rutina diaria. Con una amplia experiencia en trabajo comunitario a través de la música, Antonia sugiere integrar la música en todas las áreas de la vida de los niños y destaca que el enfoque multidisciplinario del proyecto contribuye integralmente al desarrollo de habilidades, creando una experiencia única y enriquecedora para los participantes en el bosque.

En cuanto a Jennifer Peralta Vallejo, tutora en el Centro Residencial Llacolén de Valdivia, comparte sus impresiones sobre la participación activa de niños de la Fundación Niño y Patria, cuyas edades oscilan entre 7 y 15 años. Estos jóvenes, todos varones y residentes permanentes, han mostrado entusiasmo y motivación en las actividades propuestas durante la semana, destacándose especialmente su interés por la música como un cambio significativo en su rutina diaria. Desde noviembre como tutora, Jennifer subraya la conexión emocional que los niños experimentan al involucrarse en estas actividades, proporcionándoles una experiencia enriquecedora. A punto de titularse como trabajadora social, la tutora enfatiza la importancia de estas intervenciones que van más allá de la rutina habitual en la residencia, ofreciendo a los niños oportunidades valiosas para su desarrollo.

En este relato de cuatro voces entrelazadas, Guillermo Pérez destaca la esencial misión de crear un refugio seguro y estimulante para niños vulnerables, utilizando la naturaleza como un vehículo innovador para su desarrollo integral. Jennifer Peralta, desde su rol como tutora, aporta una dimensión humana, resaltando cómo las actividades en este entorno impactan directamente en la conexión emocional de los niños con su día a día. Alejandro Macilla, desde su perspectiva terapéutica, subraya el éxito de actividades al aire libre en la regulación sensorial y fortalecimiento de habilidades sociales, vislumbrando un futuro donde estas experiencias continúen su impacto positivo. Antonia Schmdit, apasionada por acercar la música a niños sin acceso, resalta la universalidad y poder expresivo de la música, sugiriendo su integración en todas las áreas de la vida de los niños. En conjunto, estas experiencias forman un caleidoscopio multidisciplinario que va más allá de un proyecto; es un faro de esperanza, desarrollo y conexión en el corazón mismo del bosque valdiviano.

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