Guido M. Gianni: “Estudiar el pasado nos permite entender por qué ciertas regiones son hoy más activas que otras”

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Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Desde el 2024 es docente encargado de la Mención de Periodismo Científico y Ambiental en la UACh. desde el 2024. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación UACh - UFRO Becado por ANID.

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El conferencista plenario del Área Temática 7, Geodinámica, Tectónica y Sismología, del XVII Congreso Geológico Chileno aborda las conexiones entre la subducción, los procesos profundos del manto y la evolución de los Andes.

Los Andes conservan un registro geológico de unos 230 millones de años de subducción. Su extensión y diversidad los convierten en un laboratorio natural para investigar cómo los procesos del interior de la Tierra se expresan en la superficie mediante el levantamiento de montañas, la formación de cuencas, el volcanismo y los terremotos.

El Dr. Guido M. Gianni estudia estas relaciones mediante la integración de registros tectónicos, magmáticos, sedimentarios y del manto. Su trabajo combina observaciones geológicas, datos geofísicos, reconstrucciones de placas y modelos analógicos y numéricos para comprender la evolución de los márgenes convergentes y poner a prueba las explicaciones sobre su funcionamiento.

El Dr. Gianni participará como conferencista plenario del Área Temática 7, Geodinámica, Tectónica y Sismología, del XVII Congreso Geológico Chileno, que se realizará del 13 al 18 de diciembre de 2026 en Valdivia, bajo el lema «El futuro bajo nuestros pies». En esta entrevista explica qué sabemos sobre la construcción de los Andes, cuáles son las preguntas todavía abiertas y por qué la inversión sostenida en ciencia es fundamental para avanzar en su comprensión.

 

—Los Andes son considerados uno de los grandes laboratorios naturales para estudiar la tectónica de placas. ¿Qué los hace especialmente interesantes para comprender la dinámica del interior y la superficie de la Tierra?

Los Andes son un laboratorio natural excepcional porque constituyen la cadena montañosa asociada a subducción más extensa del planeta y conservan un registro geológico de este proceso de unos 230 millones de años.

A diferencia de cordilleras colisionales como el Himalaya o los Alpes, su evolución permite estudiar directamente cómo la subducción y la dinámica del manto se expresan en superficie mediante deformación, volcanismo, levantamiento, formación de cuencas y terremotos.

Además, su historia tectónica y magmática está estrechamente vinculada con la formación de grandes yacimientos minerales y con el desarrollo de cuencas sedimentarias con importantes recursos de hidrocarburos, como la cuenca Neuquina, en Argentina.

—En un país como Chile, marcado por la subducción de la placa de Nazca bajo Sudamérica, ¿qué sabemos sobre la relación entre los procesos que ocurren a gran profundidad y la deformación que observamos en la superficie?

Hoy sabemos que el levantamiento y la deformación de los Andes no responden a una única causa, como se pensaba en modelos más simples basados, por ejemplo, en cambios en la velocidad de convergencia entre las placas.

Los Andes son el resultado de una combinación de factores: la geometría y evolución de la placa de Nazca en profundidad, movimiento de Sudamérica hacia el Océano Pacifico, las zonas de debilidad de la placa sudamericana y también el clima, que puede favorecer la preservación del relieve e incluso modificar la interacción entre ambas placas.

Otro factor importante tiene lugar donde la placa de Nazca subduce con un ángulo muy bajo o prácticamente horizontal, como en Chile central, Perú y el norte de Colombia. En estas regiones, la deformación se transmite mucho más lejos hacia el interior del continente, aumentando la actividad de fallas y la sismicidad.

—Su investigación integra registros tectónicos, magmáticos, sedimentarios y del manto. ¿Qué permite descubrir esta mirada conjunta sobre la evolución de los márgenes convergentes?

Integrar estos registros permite evitar interpretaciones sesgadas basadas en una única fuente de información.

Cada registro muestra una parte distinta del sistema y, al analizarlos en conjunto, podemos reconstruir de manera mucho más completa cómo evolucionan los Andes y otros márgenes convergentes, desde los procesos profundos del manto hasta sus efectos en la superficie.

—Usted utiliza observaciones geológicas, datos geofísicos, reconstrucciones de placas y modelado analógico y numérico. ¿Cómo han cambiado estas herramientas nuestra capacidad para reconstruir millones de años de evolución tectónica?

Los experimentos, tanto numéricos como analógicos, son herramientas muy poderosas porque nos permiten poner a prueba modelos geológicos conceptuales, es decir, ideas sobre cómo funciona un determinado proceso tectónico.

Cuando estos modelos parten de observaciones geológicas y geofísicas robustas, podemos evaluar si los mecanismos propuestos son físicamente plausibles y si reproducen lo que observamos en la naturaleza.

Pero, desde mi punto de vista, su mayor potencial aparece cuando no solo explican observaciones conocidas, sino que también generan predicciones que luego pueden contrastarse con nuevos datos. Esa interacción entre observación, reconstrucción y modelado es lo que hoy nos permite reconstruir con mucha mayor confianza procesos tectónicos que ocurrieron hace decenas o incluso cientos de millones de años.

—¿Hasta qué punto conocer la evolución geodinámica de largo plazo puede ayudarnos a comprender fenómenos actuales como los terremotos, el volcanismo y la deformación de la corteza?

Conocer la evolución geodinámica de largo plazo es fundamental porque muchos fenómenos que observamos hoy son el resultado de procesos que comenzaron hace millones de años.

La geometría de una placa subducida, las zonas de debilidad heredadas en la corteza o la historia de deformación de una región condicionan dónde se concentran actualmente los terremotos, el volcanismo y la deformación.

En ese sentido, estudiar el pasado nos permite entender por qué ciertas regiones son hoy más activas que otras y qué procesos profundos controlan esa actividad en superficie.

—¿Cuáles son las principales preguntas todavía no resueltas sobre la evolución tectónica de los Andes?

Todavía quedan muchas preguntas abiertas. En particular, existe un debate importante sobre su historia preandina, por ejemplo, acerca de si hubo o no subducción durante ciertos intervalos, como el comprendido entre el Pérmico superior y el Triásico. También interesa comprender mejor la posible existencia de antiguas zonas de subducción plana y su influencia sobre la paleogeografía y la tectónica del continente.

Otro gran interrogante es qué controla los cambios entre períodos de compresión y extensión a lo largo de la evolución andina, así como las causas de episodios de producción magmática excepcionalmente intensa en los arcos mesozoicos.

En muchos casos todavía no está claro qué combinación de factores —como cambios en la geometría de la subducción, la velocidad de las placas, la dinámica del manto o la estructura de la placa continental— explica estos pulsos.

En particular, actualmente me interesa entender el origen de ciertas fases en las que la compresión andina se intensificó de manera excepcional, pero que no parecen correlacionarse claramente con los mecanismos que tradicionalmente se han propuesto para explicar estos cambios. Resolver estas discrepancias puede ayudarnos a identificar procesos geodinámicos que todavía no estamos considerando.

—El congreso tiene como lema «El futuro bajo nuestros pies». Pensando en las próximas décadas, ¿qué avances o nuevas preguntas podrían transformar nuestra comprensión de la geodinámica y la tectónica de los Andes?

Estamos en una época de grandes avances tecnológicos, que la comunidad científica está incorporando progresivamente a sus metodologías de investigación. Sin embargo, creo que el principal motor de la ciencia sigue siendo una inversión sostenida y con una visión de largo plazo, entendiendo que el conocimiento fundamental de hoy puede transformarse en una herramienta esencial mañana.

En la medida en que los países vean la ciencia como una inversión y no como un gasto, no solo podremos avanzar hacia las fronteras del conocimiento sobre la evolución de los Andes, sino también mejorar nuestra capacidad para comprender y anticipar riesgos naturales, explorar recursos de manera más eficiente y tomar mejores decisiones sobre el territorio.

Las nuevas tecnologías seguramente transformarán nuestra disciplina, pero su verdadero potencial dependerá de que existan científicos, instituciones y proyectos capaces de utilizarlas para formular nuevas preguntas.

 

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