La Dra. Flavia Zacconi llegó a Chile hace cerca de 15 años, después de formarse en Argentina y realizar estudios posdoctorales en España. Hoy es académica de la Facultad de Química de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde lidera un equipo interdisciplinario dedicado a explorar cómo la química puede responder a problemas de salud y a necesidades tecnológicas.
Una de sus principales líneas de investigación es el diseño de moléculas y otros sistemas con potencial anticoagulante. Con el tiempo, el grupo comenzó a estudiar también su posible acción antiinflamatoria. En paralelo, trabaja en un sistema de oxigenación de emergencia para espacios cerrados, un desarrollo que avanza hacia un prototipo con apoyo de la Armada de Chile.
En esta entrevista, Zacconi explica por qué considera inseparables la investigación fundamental y sus aplicaciones, plantea la necesidad de fortalecer el financiamiento científico y destaca el papel de estudiantes, investigadores y colaboradores en cada avance. “Hacer una ciencia a conciencia”, dice, es una de las ideas que guía su trabajo.

Su equipo comenzó investigando posibles anticoagulantes. ¿Cómo ha evolucionado esa línea de trabajo?
Cuando llegué a Chile comenzamos a desarrollar potenciales anticoagulantes mediante metodologías enmarcadas en los principios de la química verde. Era una línea poco explorada en el país. Partimos con un Fondecyt de Iniciación y, a medida que avanzó la investigación, fuimos mejorando los desarrollos y ampliando sus posibles aplicaciones.
Hoy trabajamos con colegas de distintas universidades chilenas y con colaboradores de Argentina, Brasil, Australia, India y Estados Unidos. Esa red ha enriquecido la investigación y también la formación de estudiantes de pregrado, doctorandos e investigadores posdoctorales.
¿Qué nuevas posibilidades encontraron en los sistemas que desarrollan?
Observamos que algunos podrían tener más de una función: capacidad anticoagulante y también antiinflamatoria. Eso abre nuevas preguntas de investigación, porque ya no estudiamos un solo objetivo biológico, sino dos. También vuelve más desafiante desarrollar estos sistemas siguiendo los principios de la química verde.
Quiero destacar que estos avances son fruto del trabajo de un equipo. Participan estudiantes, investigadores, técnicos y colaboradores que se comprometen profundamente con la ciencia que hacemos en Chile.
Además de esta línea, trabajan en un sistema de oxigenación de emergencia. ¿En qué etapa se encuentra?
Es un desarrollo pensado para espacios cerrados y está cerca de llegar a una etapa de prototipo. Comenzamos a investigarlo hace varios años, con la participación de estudiantes de pregrado, doctorandos e investigadores posdoctorales.
En ese camino obtuvimos apoyo de proyectos Ciencia 2030 y del programa PROA I+D, vinculado al Centro de Innovación Tecnológica de la Armada. También contamos con el apoyo de la Armada de Chile. Posteriormente obtuvimos un Fondef y estamos en su segundo año de desarrollo.
¿Siempre quiso orientar su investigación hacia aplicaciones concretas?
Sí. Durante mis etapas posdoctorales en España trabajé cerca de grupos que patentaban sus desarrollos y los transferían a la industria farmacéutica. Desde el pregrado me preguntaba cómo desarrollar algo que, con el tiempo, pudiera tener una aplicación directa.
Pero para llegar a una aplicación necesitamos comprender primero cómo funcionan los procesos. Por eso prefiero hablar de ciencia fundamental. Es la base que permite avanzar con mayor conocimiento y hacer más eficiente el paso hacia un desarrollo aplicado.
Desde su experiencia en ambos ámbitos, ¿qué necesita Chile para fortalecer la investigación?
Existen instrumentos para la ciencia fundamental y para la aplicada, y ambos son necesarios. Creo que Chile podría dar un paso importante aumentando los recursos destinados a los dos ámbitos e incorporando a científicas y científicos en las decisiones sobre su desarrollo. Quienes investigamos conocemos tanto las necesidades de nuestros campos como las redes internacionales con las que podemos colaborar.
Los fondos también permiten formar y dar trabajo a profesionales especializados. A veces un resultado tarda años en hacerse visible, pero detrás hay equipos que están generando conocimiento y capacidades para el país.
¿Cómo se traduce ese trabajo en resultados?
Ya tenemos una solicitud de patente en Chile surgida de trabajos de tesis doctoral y estamos avanzando en la protección de ese desarrollo en el extranjero. También evaluamos posibles patentes asociadas a otros sistemas en investigación, entre ellos algunos con potencial anticoagulante y antiinflamatorio.
Una patente, por sí sola, no es el final del camino. Después hay que trabajar para transferir o licenciar el desarrollo. Es un proceso que requiere tiempo y colaboración.
Usted insiste en que los equipos científicos deben contar lo que hacen. ¿Por qué?
Tenemos el compromiso de difundir y divulgar nuestro trabajo. Integrantes del equipo dan charlas en colegios, participan en congresos y explican nuestras investigaciones en distintos espacios. Cuando vamos a una escuela y vemos el interés de niñas y niños por saber cómo hacemos ciencia, entendemos el valor de ese primer encuentro.
También necesitamos mostrar que detrás de una investigación hay personas trabajando: estudiantes, técnicos, investigadores y colaboradores. Explicar lo que hacemos ayuda a que la ciudadanía conozca la ciencia que se desarrolla en Chile y pueda sentirse parte de ella.