Estudio en Santiago revela entornos alimentarios obesogénicos en barrios de menor nivel socioeconómico

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Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Desde el 2024 es docente encargado de la Mención de Periodismo Científico y Ambiental en la UACh. desde el 2024. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación UACh - UFRO Becado por ANID.

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Investigación comparó cinco tipos de entornos alimentarios en Conchalí y Ñuñoa, mostrando brechas significativas en el hogar y en el acceso a alimentos. Además, identificó que el entorno alimentario callejero es percibido como negativo en ambos sectores

¿Mi entorno alimentario propicia la obesidad? Un estudio realizado en Santiago de Chile evidenció que las personas que viven en barrios de menor nivel socioeconómico están expuestas a entornos alimentarios más obesogénicos, es decir, contextos que favorecen una alimentación menos saludable y, con ello, un mayor riesgo de obesidad y enfermedades asociadas.

La investigación publicada en al revista académica Health & Place, titulada Entornos alimentarios urbanos obesogénicos en Santiago de Chile: percepciones desde un estudio transversal en dos barrios socioeconómicamente distintos, comparó la percepción de cinco tipos de entornos alimentarios en dos comunas con realidades socioeconómicas contrastantes: Conchalí y Ñuñoa.

Este estudio se enmarca en el proyecto Fondecyt Regular 1230545, “Prácticas e interacciones de actores en ambientes alimentarios: repensando la determinación social de los alimentos”, cuyo propósito es contribuir con información para generar políticas públicas que contribuyan a mejorar la alimentación de las personas. . La iniciativa es dirigida por la Dra. Patricia Gálvez Espinoza, en conjunto con los académicos Daniel Egaña, Lorena Rodriguez y Carolina Franch, miembros del Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (Gtop-UChile).

El estudio incluyó a 785 personas adultas responsables de las compras de alimentos en sus hogares: 388 residentes de Conchalí y 397 de Ñuñoa. A través de una versión abreviada y adaptada al contexto chileno del instrumento NEMS-P, el equipo evaluó los entornos alimentarios del hogar, abastecimiento, vía pública, restaurantes y espacios organizacionales como el trabajo o estudio.

 

Brechas claras en el hogar 

“Uno de los resultados más relevantes fue que las diferencias más notorias entre ambos territorios se concentraron en el entorno alimentario del hogar y en el de abastecimiento. Es decir, estos ambientes son los que más dificultan prácticas alimentarias saludables ”, explicó la Dra. Gálvez. 

En la puntuación otorgada a cada ambiente, de acuerdo con el instrumento utilizado, en el entorno del hogar, la académica detalló que en Ñuñoa obtuvo una mediana de 8,3 puntos, mientras que en Conchalí alcanzó 6,9 puntos, lo que representa una diferencia estadísticamente significativa (a mayor puntaje mas saludable el ambiente). “Cuando analizamos la proporción de personas en los quintiles más obesogénicos, más de la mitad de los participantes de Conchalí se concentró en los niveles más obesogénicos; lo opuesto sucedió en Ñuñoa”, aseguró la investigadora responsable del estudio. 

La brecha fue aún más marcada en el entorno de abastecimiento. Allí, Ñuñoa registró una mediana de 5,8 puntos, frente a 2,2 puntos en Conchalí. Más de la mitad de las personas de Conchalí se ubicó en los quintiles de mayor riesgo obesogénico, mientras que en Ñuñoa más del 50 % se concentró en los niveles más favorables.

De acuerdo con la investigación, estas diferencias reflejan desigualdades estructurales en el acceso, disponibilidad, la comensalidad y variedad de alimentos saludables según el territorio y el nivel socioeconómico.

La calle 

Otro hallazgo importante fue que el entorno alimentario callejero fue percibido de manera negativa en ambos sectores, sin diferencias significativas entre comunas. En otras palabras, tanto en Conchalí como en Ñuñoa la calle aparece como un espacio altamente obesogénico.

Los puntajes medianos en este entorno fueron negativos en ambos casos, y cerca de ocho de cada diez participantes en ambas comunas obtuvieron puntajes que indican una percepción desfavorable. Esto sugiere que, al menos en sectores urbanos de Santiago, la oferta callejera sigue estando dominada por productos de baja calidad nutricional, de fácil acceso y alta disponibilidad.

Este resultado refuerza la idea de que el problema no solo afecta a barrios más vulnerables, sino que también forma parte de una configuración urbana más amplia que expone cotidianamente a la población a opciones poco saludables.

Un puntaje global que confirma la desigualdad

Cuando se analizaron conjuntamente los cinco entornos alimentarios, el estudio volvió a mostrar una diferencia clara entre ambos barrios. El puntaje global fue más alto en Ñuñoa que en Conchalí, con 14,9 puntos versus 9,4 puntos, respectivamente, lo que indica una percepción general menos obesogénica en la comuna de mayores ingresos.

Además, la proporción de participantes con puntajes globales negativos fue significativamente mayor en Conchalí que en Ñuñoa, lo que confirma que el entorno alimentario total también está marcado por desigualdades territoriales.

“Los resultados subrayan la necesidad urgente de transformar los entornos alimentarios mediante políticas públicas, especialmente en territorios más vulnerables. Para ello, planteamos que no basta con aumentar la presencia de alimentos saludables, sino que también es necesario intervenir sobre factores sociales y territoriales que condicionan las decisiones alimentarias”, expresó la Dra. Gálvez. 

 

En particular, el estudio sugiere que mejorar el entorno de abastecimiento podría tener un impacto directo sobre el entorno del hogar, ya que ambos están estrechamente conectados. También advierte que el entorno callejero representa un desafío complejo para la salud pública, debido a la facilidad de acceso, la informalidad de muchos puntos de venta y la baja calidad nutricional de gran parte de los productos ofrecidos.

Según el equipo investigador, este trabajo constituye uno de los primeros en Chile en evaluar de manera simultánea los cinco entornos alimentarios definidos por el modelo chileno y compararlos entre barrios de distinto nivel socioeconómico fuera del contexto de la pandemia.

Leer el paper aquí: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1353829225000838

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