Estudio en Santiago advierte que el entorno digital de la alimentación también reproduce desigualdades sociales

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Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Desde el 2024 es docente encargado de la Mención de Periodismo Científico y Ambiental en la UACh. desde el 2024. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación UACh - UFRO Becado por ANID.

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Una investigación de la Universidad de Chile mostró que personas de sectores de mayor nivel socioeconómico usan con más frecuencia plataformas digitales para comprar comida y acceder a opciones más saludables, mientras que en sectores de menores ingresos predomina un uso esporádico, guiado por promociones, descuentos y apoyo de familiares más jóvenes. El trabajo fue publicado en la revista INQUIRY

Patricia Gálvez

El entorno digital, aquel espacio donde se desarrollan prácticas alimentarias mediadas, mejoradas, habilitadas o reemplazadas por la tecnología, ya forma parte de la vida cotidiana de miles de personas. Aplicaciones de reparto, supermercados en línea, publicidad en redes sociales y promociones enviadas al celular están influyendo en qué se compra, qué se come y bajo qué condiciones se decide. 

Así lo pudo confirmar la estudiante del Doctorado en Salud Pública, Nut. Paulina Molina, quien, en el marco del proyecto Fondecyt Regular 1230545, “Prácticas e interacciones de actores en ambientes alimentarios: repensando la determinación social de los alimentos,” dirigido por la académica de la Universidad de Chile, Patricia Gálvez, pudo revelar que las interacciones con este entorno digital alimentario están marcadas por diferencias socioeconómicas que pueden profundizar desigualdades en alimentación y salud.

La investigación, titulada Exploración de las disparidades socioeconómicas en las interacciones de las personas adultas con el entorno alimentario digital: un estudio cualitativo, fue publicada en 2026 en la revista INQUIRY. El estudio comparó las experiencias de personas adultas residentes en barrios de alto y bajo nivel socioeconómico de Santiago, a partir de 11 grupos focales con 78 participantes.

“Uno de los hallazgos centrales es que el uso de plataformas digitales para comprar alimentos o comidas preparadas está ampliamente extendido en adultos, pero no de manera homogénea. En los sectores de mayores ingresos, estas herramientas aparecen integradas a la rutina diaria y se usan tanto para pedir comida como para comprar abarrotes e incluso productos considerados más saludables”, explicó la Dra. Gálvez.

 

En cambio, en los sectores de menores ingresos, el uso es más ocasional y suele depender de promociones, descuentos o celebraciones especiales. Además, en estos hogares es frecuente que hijos o nietos actúen como mediadores para concretar las compras.

“Lo que observamos es que el entorno digital de la alimentación no es solo una plataforma tecnológica, sino también un espacio donde se expresan desigualdades sociales ya existentes”, podría resumir la investigadora Paulina Molina a partir de los resultados. “No todas las personas interactúan con este entorno con las mismas herramientas, ni con las mismas posibilidades de elegir mejores alimentos.”

La investigación también muestra que, en ambos grupos, gran parte de la oferta digital está dominada por alimentos de baja calidad nutricional. Pizzas, hamburguesas, sushi frito y otras preparaciones rápidas aparecen con alta frecuencia en aplicaciones y publicidad, mientras que las alternativas más saludables tienen menor visibilidad. Solo las y los participantes del grupo de nivel socioeconómico alto mencionaron comprar con cierta regularidad alimentos frescos o saludables para el hogar a través de canales digitales.

Otro punto clave es la publicidad, explican los expertos en la publicación académica. Las y los participantes reportaron una exposición constante a publicidadde comida en redes sociales, aplicaciones, correos electrónicos e incluso en juegos digitales. Sin embargo, la forma de enfrentar ese bombardeo no es la misma. En los grupos de mayores ingresos apareció una actitud más crítica frente a los algoritmos, junto con estrategias para bloquear anuncios o ignorarlos. En los sectores de menores ingresos, en cambio, predominó una relación más pasiva y práctica con estos contenidos, valorando sobre todo la información que permitiera ahorrar dinero.

“Las promociones no son neutrales: orientan las decisiones de compra y pueden reforzar patrones de alimentación poco saludables, especialmente cuando los recursos son más limitados”, podría señalar la autora . En esa misma línea, el estudio indica que mientras en sectores de mayores ingresos la búsqueda de información digital se asocia más al autocuidado, la alimentación saludable o recetas específicas, en sectores populares se concentra sobre todo en encontrar ofertas, precios convenientes y alternativas accesibles.

Para el equipo, este escenario plantea un desafío relevante para la salud pública. El problema no se reduce al uso de la tecnología, sino a cómo el ecosistema digital influye en las decisiones alimentarias, amplifica la presencia de productos ultraprocesados y expone de manera desigual a distintos grupos sociales. Por eso, las autoras y autores proponen avanzar en políticas específicas: la regulación del marketing digital de alimentos, el fortalecimiento de la alfabetización digital y medidas que mejoren el acceso en línea a opciones más saludables, especialmente para grupos más vulnerables.

 

El valor del estudio radica también en que abre una discusión todavía poco explorada en América Latina. A juicio del equipo, el entorno digital de la alimentación no solo funciona como un canal de compra, sino también como un espacio de influencia, persuasión y diferenciación social. En otras palabras, lo que hoy aparece en la pantalla delos dispositivos digitales también forma parte del ambiente alimentario que moldea hábitos, preferencias y riesgos para la salud.

En un contexto en el que la alimentación está cada vez más mediada por plataformas, aplicaciones y algoritmos, esta investigación aporta evidencia para mirar más allá de la comodidad tecnológica. La pregunta de fondo ya no es solo qué comemos, sino también cómo el mundo digital está condicionando, de manera desigual, nuestras posibilidades de elección. 

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