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“Entre garantías y desconfianzas: El engorroso camino de obtener fondos Estatales”

Tiempo de lectura: 20 minutos
Alejandra Parra
Periodista y Comunicadora Social egresada de la Universidad Austral de Chile el 2013.Diplomada de Marketing Digital de la Pontificia Universidad Católica el 2020. Con 10 años de experiencia en el área comunicacional, enfocada en el plan estratégico.

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Paula Jofré, Astrónoma. Doctora en Ciencias Naturales de la Universidad Ludwig Maximilian y del Instituto Max Planck de Astrofísica en Alemania. Investigadora postdoctoral en el Laboratorio de Astrofísica de la Universidad de Burdeos, Francia y en el Instituto de Astronomía y el King’s College de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Destacada en 2019 como una de las 100 personas más relevantes del mundo, según la Revista Time. Actualmente, es directora del Núcleo Milenio ERIS y directora del Doctorado de Astrofísica de la Universidad Diego Portales y recientemente nombrada como una de las “30 mujeres + poderosas de Chile” por la revista Forbes.

Desde que enviamos nuestra postulación a Ciencia Pública para la repartición de Fósiles del Cosmos para colegios municipales, a inicios de mayo, hasta que recibimos los resultados y aceptación a fines de agosto, se desplegó ante nosotros un laberinto de trámites burocráticos, pólizas y aseguradoras privadas que convirtieron la obtención de fondos estatales en una odisea incómoda y desalentadora.

Imagina ganarte un fondo después de que un grupo de expertos evalúa tu propuesta y decide que es meritoria. Suena bien, ¿verdad? Pero aquí es donde comienza el vaivén burocrático. El Estado, en un acto de desconfianza, exige garantías en forma de pólizas de seguro, compromisos financieros con bancos o pagarés en blanco ante notario. De repente, te encuentras en la posición de tener que demostrar tu valía no solo a través de tu proyecto, sino también comprometiéndote con entidades financieras y aseguradoras privadas.

Es un proceso innecesariamente complicado. Después de todo, los beneficiarios de estos fondos son sometidos a un escrutinio exhaustivo, con rendiciones de cuentas complejas que, en muchos casos, requieren contratar a expertos para su realización. ¿No debería la firma de un convenio ser suficiente para respaldar la confianza depositada por el Estado?

La ironía radica en que, tras ganar el fondo y ser considerado merecedor de la inversión estatal, te ves obligado a comprometerte con procesos incómodos y costosos. La exigencia de un pagaré en blanco ante notario y la entrega detallada de tu situación financiera a una compañía de seguros resulta desmedida y, en muchos casos, hasta invasiva. ¿Por qué este proceso se convierte en una suerte de venta del alma al diablo para poder seguir con tus estudios o proyectos?

La presión se incrementa al darse cuenta de que la renuncia a este proceso implica perder beneficios, y las becas ya no son tan accesibles. ¿Por qué las bases permiten que parte de los fondos estatales se destinen a pagar a compañías privadas de seguros? ¿No debería el proceso de rendición y presupuesto ser suficiente para demostrar la correcta utilización de los recursos?

La desconfianza institucional queda al descubierto cuando te das cuenta de que, para asegurar que cumplirás con tus compromisos, debes invertir una cantidad significativa de dinero en compañías que, francamente, no tienen un interés real en tu proyecto o en ti. Es como si el sistema dijera: “Te damos el fondo, pero no confiamos lo suficiente en que lo harás bien, así que nos aseguraremos con un pagaré en blanco ante notario o alguna garantía”.

Este proceso lleno de recelo agrega capas innecesarias de dificultad para quienes buscan contribuir al desarrollo del país a través de fondos estatales. Es hora de repensar estas prácticas, eliminar la burocracia excesiva y confiar en aquellos que han demostrado ser merecedores de la inversión pública. La ciencia y la educación merecen un camino más directo y menos engorroso hacia el progreso. Pagan justos por pecadores quienes no se han involucrado en problemáticas, quienes buscan el progreso científico e investigativo.

La desconfianza institucional queda al descubierto cuando te das cuenta de que, para asegurar que cumplirás con tus compromisos, debes invertir una cantidad significativa de dinero en compañías que, francamente, no tienen un interés real en tu proyecto o en ti. Es como si el sistema dijera: “Te damos el fondo, pero no confiamos lo suficiente en que lo harás bien, así que nos aseguraremos con un pagaré en blanco ante notario o alguna garantía”.

Este proceso lleno de recelo agrega capas innecesarias de dificultad para quienes buscan contribuir al desarrollo del país a través de fondos estatales. Es hora de repensar estas prácticas, eliminar la burocracia excesiva y confiar en aquellos que han demostrado ser merecedores de la inversión pública. La ciencia y la educación merecen un camino más directo y menos engorroso hacia el progreso. Pagan justos por pecadores quienes no se han involucrado en problemáticas, quienes buscan el progreso científico e investigativo.

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