Empleos del futuro y la importancia de cerrar la brecha de género

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Términos como la digitalización, el big data y la inteligencia artificial han cobrado fuerza en el discurso popular, teñido de temor y optimismo por su impacto cada vez mayor en nuestras vidas y, en particular, en la transformación del empleo.

Dra. Vania Figueroa Ipinza / Directora del proyecto InES-Género de la Universidad Autónoma de Chile

Unesco estima que para el 2050, el 75% de los trabajos requerirán habilidades relacionadas con la ciencia, tecnología, ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), pese a ello, nos enfrentamos a una escasez de personas formadas para satisfacer esta demanda. Encontrar personas para ocupar estos puestos sería mucho más fácil si las mujeres no se alejaran de los campos STEM, debido a los persistentes estereotipos negativos que etiquetan equivocadamente estas áreas como masculinas.

El último informe sobre la brecha de género del Foro Económico Mundial (WEF) nuevamente prende las alarmas respecto a la subrepresentación de mujeres en estas áreas, subrayando que menos mujeres se titulan en Tecnologías de la Información y la Comunicación e Ingeniería y Manufactura, áreas críticas para la reconstrucción económica post Covid-19, más aún considerando que la pandemia significó un retroceso de 10 años en la participación laboral de las mujeres.

La evidencia acumulada demuestra que lograr la paridad en STEM no solo reducirá la brecha de habilidades, la segregación ocupacional y la pobreza feminizada, también contribuirá al crecimiento económico, la productividad y el aumento del PIB, motivos más que suficientes para promover la inversión en políticas públicas que permitan cerrar la brecha de género.

A pesar de que en nuestro país las mujeres superan a los hombres en las matrículas en educación superior, solo 1 de cada 4 corresponde a una carrera STEM. Entonces, ¿quiénes trabajarán en los empleos del futuro? Aun cuando el avance de la tecnología conducirá al crecimiento del empleo a largo plazo, un temor frecuente es la pérdida de puestos de trabajo por la automatización. Si la peor pesadilla es que un robot termine realizando nuestro trabajo, imagine que lo haga uno ¡racista y sexista!

Las consecuencias que deja la falta de participación de mujeres y equipos de trabajo poco diversos van más allá del solo impacto en el empleo. Por ejemplo, el desarrollo de inteligencia artificial utiliza datos creados por personas como punto de partida para el diseño de los algoritmos o conjunto de instrucciones para ejecutar una determinada función, por lo que puede reproducir fallas humanas como el sesgo basado en la edad, el género o la raza. Traslademos ahora esas fallas a sus aplicaciones en áreas como la salud, el reclutamiento de personas o el diseño urbano, el sesgo de género algorítmico continuará perpetuando el mundo desigual en el que vivimos.

El camino para transformar esta realidad y avanzar hacia una sociedad sustentable, resiliente y equitativa requiere redoblar los esfuerzos para aumentar el interés y la participación de las niñas y mujeres en STEM.