Dra. Mónica Imarai Bahamonde asegura que las nuevas generaciones de científicas están más conscientes de la falta de derechos

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Con 30 años en la Universidad de Santiago, la directora del Centro de Biotecnología Acuícola reflexiona sobre los avances en equidad de género, su carrera siendo mujer y lo que aconseja tener en cuenta a quienes se dediquen a la ciencia.

Carolina Reyes Salazar, Periodista USACh.- Bioquímica por la Universidad de Concepción y doctora en Ciencias Biológicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Carmen Mónica Imarai Bahamonde, siempre fue una apasionada por la investigación científica.

Tanto es su amor y dedicación por lo que hace, que nos recibe en su laboratorio el día de su cumpleaños número 63, mientras afuera de su oficina esperan estudiantes para saludarla. Ella no se detiene y así ha sido durante toda su carrera.

Fue la primera integrante de su familia en llegar a la Universidad. Su hogar estaba compuesto de 3 mujeres y un hombre, donde las tareas y roles estaban equitativamente repartidos y asumidos. Por eso, probablemente, no duda en declararse feminista, entendiendo que esto es solo la búsqueda de igualdad de género.

Ansias de investigar 

A finales de los años 70, en Coyhaique, y sin los procesos de admisión que se conocen hoy, no hubo quién la disuadiera de su decisión de estudiar Bioquímica. “En ese tiempo, en una zona tan austral, no había acceso para ver qué hacía un bioquímico, pero en las hojas informativas que hacía la gente de las carreras, decían que hacían investigación científica y eso a mí me gustó de siempre, aunque mi mamá quería que estudiara medicina”, ríe la académica.

Con su título de bioquímica, se trasladó a la Universidad Católica en Santiago a cursar el Doctorado en Ciencias Biológicas, mención Biología Celular y Molecular. Mientras era estudiante en el laboratorio del doctor Alfredo De Ioannes -con amplia trayectoria en la formación de especialistas en inmunología-, recibió la invitación del doctor Stanley Nathenson para ser investigadora visitante en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York. “Siempre tuve ansias de moverme, viajar y aceptar desafíos, así que, a pesar de recién estar trabajando en mi tesis de doctorado, me fui a Nueva York con mi marido y un hijo de 8 meses”, recuerda.

Su familia, amigas (os) y cercanas (os) le preguntaban cómo lo haría allá con un bebé y un esposo que no tendría trabajo. “Ahí es donde la experiencia me dice que las mujeres podemos mucho, pero si tu pareja no te apoya, no renuncia a cosas por un proyecto tuyo, no funciona, porque si hay dos, se necesita que los dos colaboren y a nosotros nos funcionó”, agrega.

De hecho, en USA, su marido, ingeniero de profesión, tuvo que desempeñarse en todo tipo de rubros, incluso en empresas de aseo. “A diferencia de lo que ocurre en Chile, en Estados Unidos hay que convalidar títulos, lo que cuesta dinero y como estudiante que vive de becas, es imposible hacer el trámite”, puntualiza la Dra. Imarai.

Luego de tres años, regresó a Chile a presentar su tesis en la PUC y en 1993 postuló a la Universidad de Santiago, donde aún trabaja como profesora titular en la Facultad de Química y Biología, cuya línea de investigación es la inmunología. Además, lleva cerca de seis años en el cargo de directora del Centro de Biotecnología Acuícola.

Trabajo, dedicación y pasión

Como “llena de desafíos y de cosas que al promedio de la gente le puede dar miedo”, califica la académica su camino para ser una científica. “Yo también tuve miedo, pero el background familiar me decía que había que aceptar los desafíos, que no era una casualidad que se me presentaran, que había algo que ver y que decir”, sostiene.

“Y no me ha ido mal, pero claro, eso ha significado mucho trabajo, dedicación y pasión (…) En ciencia hay mucho esfuerzo y muchas horas de dedicación. Somos de las pocas áreas donde una tiene un puesto, te pagan tu sueldo, pero no te dan fondos para trabajar, la plata te la debes ganar a través de un concurso, entonces es bien desafiante. Hay que tener mucha tolerancia a la frustración para salir adelante”, indica.

-Como mujer, ¿cuál ha sido el mayor de los obstáculos en su carrera científica?

-Más que en la investigación, los obstáculos han estado en la administración. En investigación, mi carrera se parecía a la de un científico hombre, porque arriesgué mucho y porque recibí el apoyo de mi pareja cuando era el momento. Eso claramente hizo una diferencia, pero en el sistema de administración fue difícil, porque antes no existían los criterios de ahora para evaluar tu currículum. No se consideraba si la mujer tenía hijas (os), por ejemplo. Nada era de igual a igual, ahora hay avances, al menos.

Por otro lado, cuando predominaban los hombres en un ambiente, era necesario sacrificar. Te pongo el caso que ellos agendaban reuniones de camaradería después de las 6 de la tarde. Si bien yo me quedaba hasta la hora que fuera, eso tiene un costo importante y tuve que sacrificar asuntos familiares como no lo hacen normalmente, en igualdad de condiciones, los hombres y las mujeres, para estar a la altura y en la conversación. Y yo quería estar en la conversación, porque si no estás, tampoco vas a estar en la toma de decisiones”.

He escuchado a investigadoras de mi época decir que nunca sintieron discriminación. ¿Por qué no? Porque ellas… porque todas nos tuvimos que comportar como hombres, por eso no lo sentimos. Pero ahora como sociedad debemos salvar nuestras diferencias, y por eso es tan importante sentar a hombres y mujeres en paridad, para entendernos con nuestras diferencias.

Avances

La académica cree que, en el ámbito científico, se ha avanzado bastante en equidad de género y se están implementando medidas para incentivar la carrera científica, pero falta todavía. En esa línea, dice que es fundamental recuperar la brecha, porque, por ejemplo, si actualmente en su Departamento y en el Centro donde trabaja se jubilaran las científicas en edad de hacerlo, casi no quedarían mujeres.

“Si tú te preguntas qué pasó, pienso que entre mi generación y las que vienen, las mujeres no sacrificaron tanto porque vieron que no valía la pena”, subraya. “Creo que hoy las (os) jóvenes trabajan más para ganarse el pan y no para llenar sus sueños. Alguien les metió en la cabeza que deben estudiar para ganar plata, entonces se ve menos pasión. También tiene que ver con que son más conscientes de la falta de derechos, probablemente”, reflexiona.

Como ya lo ha mencionado, la Dra. Imarai reconoce que sacrificó momentos familiares por su trabajo como investigadora. “No estaba con mis hijos como la mayoría de las mujeres porque como científica, quería tener las mismas posibilidades que mis compañeros. Era su papá el que los llevaba al médico, por ejemplo”, aclara.

Ahora, con dos hijos ingenieros y una hija que cursa psicología, es lógico preguntarse porqué ninguno de ellos siguió el camino de las ciencias. “Creo que los tres resienten, al verme por tanto tiempo a mí, el que la investigación demande tantas horas de dedicación al trabajo, y es algo que actualmente no aconsejo a mis estudiantes, porque me arrepiento de haberle quitado a mis hijos horas con su mamá”, expresa.

Sin embargo, alerta que no se trata de un desincentivo, sino que “digo que para ser científica o científico hay que amar las ciencias. Es una pasión. Hay tanta frustración de por medio, que te debes llenar de alegría con los éxitos que logras para afrontar los momentos difíciles”, sentencia.

Por eso, su mensaje para las mujeres que quieren seguir el camino de las ciencias es claro: el foco es seguir sus sueños, no importa cómo. “La historia está llena de personas que han seguido adelante con lo que buscan y desean lograr en su carrera profesional o para la sociedad. Si una se da por vencida antes de iniciar o en la mitad, no llega”, puntualiza.

“Nos han impuesto la idea que la sociedad tiene que estar hecha a nuestra medida, pero eso no es así. Todas las personas debemos trabajar para lograr lo que queremos. Y guardando este equilibrio de no sacrificar lo esencial, se llega”, remarca.

En ese recorrido, insiste la Dra. Imarai, no hay que dejar de alzar la voz por lo que no es justo o equitativo. “Hay que seguir predicando, seguir manifestándose. Eso es parte de lo que hay que hacer junto con seguir sus sueños. No hay que abandonar los sueños. Una es tremendamente infeliz si los abandona”, concluye.