El investigador responsable del proyecto Fondecyt Postdoctorado, desarrollado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, estudió durante tres años expresiones como “mira”, “oye”, “a ver”, “viste”, “cierto” o “cachay”. Su trabajo muestra que estas pequeñas fórmulas del habla cotidiana cumplen un papel clave en la manera en que organizamos la conversación, pedimos atención, negociamos significados y construimos relaciones sociales.
El español de Chile está lleno de expresiones breves que muchas veces pasan inadvertidas. Decimos “mira” antes de responder, “oye” para llamar la atención, “cierto” para confirmar que el otro sigue el hilo, o “cachay” para buscar complicidad. Aunque suelen ser vistas como muletillas o frases informales, para el Marco Contreras Castro, Doctor en Lingüística, estas palabras cumplen funciones mucho más complejas.
En el marco del proyecto “Negociación y valoración en el discurso: Marcando el diálogo político” Fondecyt Postdoctorado N° 3230233, desarrollado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, el investigador analizó los marcadores conversacionales del español de Chile desde la lingüística y el análisis del discurso. La investigación tuvo como profesora patrocinante a la Dra. Teresa Oteiza, académica de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con quien Contreras destaca una colaboración clave para su formación y consolidación académica.
¿Qué lo motivó a estudiar los marcadores conversacionales en el español de Chile?
Esta investigación postdoctoral es una continuación de lo que desarrollé en mi tesis doctoral, que terminé en 2022. En ese trabajo estudié fenómenos interpersonales que en las lenguas suelen aparecer como partículas o pequeñas palabras. Son recursos que no necesariamente tienen un significado experiencial muy fuerte, pero sí producen efectos en la manera en que nos relacionamos con otros.
Me interesaba observar cómo esas pequeñas fórmulas permiten pedir una respuesta, llamar la atención, contactar al interlocutor o abrir un espacio de interacción. En el fondo, estudiar estos marcadores es estudiar cómo se construye la conversación espontánea y cómo, a través de recursos muy breves, las personas negocian su relación con los demás.
En términos simples, ¿qué son los marcadores conversacionales y por qué son importantes?
Los marcadores conversacionales son pequeñas fórmulas o recursos de la lengua que nos ayudan a establecer contacto con el otro. Facilitan la comunicación, la toma de turnos y la forma en que nos vinculamos con los demás durante una conversación.
Por ejemplo, expresiones como “mira”, “oye”, “viste” o “entiendes” cumplen funciones específicas. Pueden llamar la atención, pedir retroalimentación o nombrar indirectamente al interlocutor. Funcionan, en cierto sentido, como un vocativo: no digo necesariamente el nombre de la persona, pero sí la convoco, la llamo o la invito a seguir participando en la interacción.
Durante los tres años de investigación hubo publicaciones, congresos y colaboración académica. ¿Qué logros destacaría del proyecto?
Uno de los hitos más importantes fue trabajar con mi profesora patrocinante, la investigadora Teresa Oteiza, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue una experiencia de aprendizaje muy significativa. Ella se involucró mucho con el proyecto y eso me permitió madurar como investigador.
También destacaría la posibilidad de presentar avances en congresos nacionales e internacionales. Participé en encuentros en México y en Glasgow, lo que me permitió generar redes, compartir con especialistas y tener una inmersión mucho más profunda en la disciplina.
Otro logro relevante fue publicar en colaboración con otras personas. A partir de ese trabajo también surgieron nuevas oportunidades académicas, como participar en el Doctorado en Lingüística de la Universidad de Concepción, donde he colaborado como docente en algunas asignaturas. Para mi trayectoria, esos han sido avances muy importantes.
¿Cuál fue el rol de la profesora Teresa Oteiza en este proceso?
La profesora Teresa Oteiza fue fundamental. Yo la conocía desde antes, porque ella dirigía un proyecto Fondecyt Regular en el que también participaba mi profesor guía de tesis, Claudio Pinuer, de la Universidad de Concepción. Mi tesis se desarrolló en el marco de ese proyecto y, antes del postdoctorado, ya habíamos publicado juntos en 2021.
Cuando terminé la tesis, le consulté si podría ser mi patrocinante y aceptó inmediatamente. Ya existía una relación académica previa, pero durante el postdoctorado esa colaboración se consolidó mucho más. Trabajar con ella fue muy enriquecedor, tanto por su experiencia como por la forma en que acompañó el desarrollo del proyecto.
¿Hubo algún hallazgo que le llamara especialmente la atención?
Sí. Algo que me sorprendió mucho fue ver que en otras lenguas se están estudiando fenómenos muy parecidos. Hay investigadores interesados en entender cómo las personas usan estas partículas para relacionarse, llamar la atención o establecer contacto interpersonal.
Por ejemplo, lo que en español podemos hacer con “oye”, en inglés puede aparecer con “hey”, y en otras lenguas existen recursos equivalentes. Eso sugiere que podría haber cierta universalidad en estas fórmulas de contacto interpersonal. No lo he reportado todavía como un estudio contrastivo, porque eso requeriría analizar muchas lenguas, pero sí me parece una línea muy interesante para explorar.
Muchas veces estas expresiones son vistas como informales o incluso como “relleno”. ¿Por qué es importante estudiarlas?
Porque no son simplemente relleno. La gente las usa habitualmente, pero detrás de ellas hay estrategias para vincularse con el otro, pedir retroalimentación o monitorear la comunicación.
Por ejemplo, en el lenguaje político aparece mucho el “cierto”. A veces una persona dice “cierto” y luego sigue hablando. No está cerrando necesariamente su intervención, sino que está buscando comprobar si sus destinatarios siguen ahí, si están atentos, si están captando la información. Es una manera de sostener el vínculo comunicativo.
Estos marcadores permiten organizar lo que se dice, introducir información nueva, cambiar el rumbo de una conversación o reforzar la relación con quien escucha. Por eso son tan importantes.
¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando alguien responde con un “mira” o un “mire”?
En uno de los trabajos que publiqué observé que cuando una persona dice “mira”, muchas veces viene información nueva o un cambio respecto de lo que se venía hablando. Es como un punto de inflexión dentro de la conversación.
En registros más formales, como entrevistas políticas, aparece mucho “mire”, a veces con una pausa después de una pregunta. Es una forma de decir: ponga atención, escúcheme, voy a decir algo importante. Generalmente introduce una respuesta que puede tener un tono más personal, una opinión o una información que el hablante considera relevante.
La diferencia entre “mira” y “mire”, o entre “oye” y “oiga”, también muestra cómo se construyen relaciones de cercanía, distancia o formalidad.
¿Qué nos dicen estos marcadores sobre la identidad lingüística chilena?
Hay marcadores que son muy característicos del español de Chile. El “cachay”, por ejemplo, es típicamente chileno. También el “ya” tiene usos muy frecuentes: el “ya” como respuesta, el “ya” para pedir confirmación o el “ya” que aparece después de un enunciado.
El “cierto” también es muy usado para monitorear la conversación. Y en el caso de “mira” y “mire”, u “oye” y “oiga”, se observa una distinción que tiene que ver con nuestras formas de trato. En Chile todavía no tuteamos a todas las personas en contextos formales. Entonces usamos fórmulas que nos permiten llamar la atención del otro sin ser invasivos.
Estos recursos reflejan formas propias de relacionarnos lingüísticamente. No son solo palabras sueltas; son parte de nuestras prácticas comunicativas.
¿Existen diferencias generacionales en el uso de estas expresiones?
Ese no fue el foco principal de mi investigación, porque yo me concentré más en el funcionamiento gramatical y discursivo de los marcadores. Las variables sociolingüísticas, como edad, género o grupo social, han sido trabajadas por otros investigadores, como Abelardo San Martín, de la Universidad de Chile.
De todas maneras, hay fenómenos interesantes. El “cachay”, por ejemplo, ha estado muy asociado al habla de personas jóvenes, aunque hoy también se ha vuelto más transversal. Es un campo que todavía ofrece muchas posibilidades de estudio.
¿Cómo desarrolló metodológicamente la investigación?
Desde la lingüística y el análisis del discurso trabajamos con colecciones de textos, lo que llamamos corpus. En este caso reuní conversaciones y busqué la aparición de recursos como “mira”, “oye”, “mire”, “oiga”, “a ver” o “viste”.
Luego analicé qué ocurría con esas unidades, pero siempre considerando el contexto. No basta con mirar la palabra aislada. Hay que observar qué dijo la persona antes, qué respondió el interlocutor después y cómo ese marcador se vincula con la conversación completa.
A partir de muchas ocurrencias fui identificando patrones. Por ejemplo, observé que estos marcadores aparecen mayoritariamente antes de afirmaciones, más que antes de preguntas u órdenes. Es decir, suelen introducir información, organizar lo que se va a decir o preparar al interlocutor para recibir un contenido.
¿Estos marcadores aparecen más en conversaciones espontáneas que en contextos formales?
Sí. Aparecen con mayor frecuencia en conversaciones espontáneas, donde las personas no planifican tanto lo que dicen. En conversaciones familiares, entre amigos o en situaciones de mayor cercanía, estos recursos son más frecuentes.
Cuando la conversación se vuelve más formal, como en una entrevista laboral, una entrevista política o una interacción académica, tienden a disminuir. En esos contextos hay mayor planificación y más concentración en el contenido. Sin embargo, no desaparecen del todo. Siguen apareciendo, pero de manera más controlada.
¿Qué papel podría tener esta investigación en la educación o en la enseñanza del español?
Creo que tiene bastante potencial. Estos recursos han sido poco explorados en la enseñanza de la lengua, tanto en lengua materna como en segundas lenguas. Sin embargo, son fundamentales para mantener la comunicación, regular la interacción y construir vínculos con los demás.
Desde el punto de vista de la enseñanza del español, sería interesante mostrar cómo se usan estas fórmulas en contextos reales. También permitiría compararlas con otras lenguas: cómo se expresa esto en inglés, en francés o en italiano, por ejemplo.
No se trata solo de enseñar vocabulario o gramática tradicional, sino también de comprender cómo las personas interactúan, cómo piden atención, cómo introducen información o cómo buscan confirmación.
¿Qué queda pendiente por estudiar sobre los marcadores conversacionales del español de Chile?
Quedan varios recursos por explorar. En este proyecto trabajé con marcadores como “mira”, “oye”, “a ver” y “viste”, pero hay otros muy relevantes, como “ya”, “fíjate”, “digamos” o “cachay”.
También falta estudiar cómo funcionan estos marcadores en otros géneros discursivos. Por ejemplo, en el lenguaje académico, en el lenguaje político, en entrevistas, en defensas de tesis o en situaciones comunicativas más formales.
Como son recursos interactivos, suelen aparecer más en diálogos que en monólogos. Por eso todavía hay mucho por analizar en distintos tipos de conversación.
La investigación tendrá continuidad en un nuevo proyecto. ¿Hacia dónde se dirige ahora su trabajo?
La continuidad viene con un proyecto Fondecyt de Iniciación, que estoy por comenzar. En esta nueva etapa voy a estudiar la interactividad en defensas orales de tesis de posgrado.
Sigo interesado en la interacción y en la conversación, pero ahora me desplazo hacia el ámbito académico. Me interesa observar cómo funcionan estos marcadores en un registro más formal, donde hay relaciones jerárquicas, evaluación, exposición de conocimiento y negociación entre quienes participan.
Ese proyecto lo desarrollaré en la Universidad de las Américas, donde iniciaré esta nueva línea de trabajo.