Dr. Jorge Gibert: “Hay muchos temas pertinentes para el desarrollo nacional que no se están investigando”

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Sebastián Ampuero, Ciencia en Chile.– El académico de la Universidad de Valparaíso publicó en 2011  la investigación titulada “La construcción social del científico. Notas sobre Identidad intelectual y social de comunidades científicas en Chile”. En el estudio se abordó el quehacer científico de los académicos e investigadores, su identidad y rol en la sociedad chilena. De la misma manera se evalúo preliminarmente el rol del Estado y las universidades para con los científicos.

También, el estudio abordó algunas de las razones por las que diversos profesionales optaban por el oficio de “profesor universitario” permanente o de planta. Entre otras, la existencia de un mercado con bajas barreras de entrada y una actividad menos estresante en comparación con otras actividades laborales.

Sin embargo, bajo el contexto Neoliberal y en especial luego del ingreso de Chile a la OCDE, el mundo universitario ha cambiado mucho. La atmósfera dentro de la academia hoy es muy competitiva y aunque se hace ciencia de primer nivel en varias universidades, el sistema en general no garantiza o potencia el quehacer académico serio. Las huelgas estudiantiles, la escasez de presupuesto, el exceso de reuniones, direcciones erráticas de las facultades y departamentos o institutos y hasta de las universidades, incluso con algunas de ellas en quiebra permanente; habrían permeado y contaminado la actividad de investigación, en todas las disciplinas. El investigador afirmaba en esa época que el rol asignado a las universidades se había mantenido en lo que históricamente se le confió: “la mera reproducción de funcionarios, primero de la Capitanía General y ahora de la Sociedad de la Información”.

En resumen, el estudio revelaba una identidad social de los científicos frágil y que su evolución dependería más de la dinámica de las prácticas institucionales al interior de las universidades que de los incentivos del Estado o del mercado.

A casi 10 años de este artículo tuvimos una conversación en profundidad con el Dr. Jorge Gibert Galassi, donde abordamos los temas expuestos en su investigación y cómo el veía de manera general estos rasgos en la actualidad.

Respecto a la identidad social del científico ¿La seguiría considerando frágil?

Quizás desde el punto de vista comparativo, las identidades científicas siguen siendo débiles y esto debido a que en las universidades, la principal institución que nos acoge, el científico sigue siendo una minoría. De los más de 63 mil profesores universitarios de tiempo completo o parcial, solo 13 o 14 mil son investigadores activos. Pero también se podría decir que desde el punto de vista social, político e institucional la investigación y los científicos han sido revalorizados, y existe un prestigio en aumento. Si le sumas que cuando yo escribí este paper recién se había dado la marcha de los científicos frente al CONICYT en providencia… desde ese minuto hasta ahora han pasado muchas cosas. En la actualidad hay muchas personas que defienden el status o rol del científico en la sociedad sin ser científicos. En Chile existe un movimiento a favor de las ciencias, hay muchas ONG y fundaciones que antes no existían. Además, ahora tenemos el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Evidentemente todo eso ha hecho que la identidad del científico se fortalezca al menos en el discurso público y el imaginario colectivo. Pero el número de investigadores es más bien bajo y la cultura científica y tecnológica no ha logrado permear a la sociedad chilena.

Sobre el último punto, si bien en un comienzo la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación tuvo una gran aceptación. ¿Hoy, con el recorte presupuestario como que se vinieron abajo un poco las esperanzas depositadas?

Yo creo que la respuesta a esta pregunta es bien clara. La creación misma del Ministerio tuvo entre sus razones políticas de peso establecer un diálogo de igual a igual con Hacienda, de ministro a ministro, para negociar mejor el presupuesto. Al menos eso decían los científicos. Pero esa esperanza no se ha cumplido. Además, no necesariamente el ministro de CTCI tiene que ser un científico. Probablemente un representante que ha trabajado toda su vida en política y comprende bien el rol de las ciencias no hubiese permitido este recorte, quizás  hubiese peleado por un aumento o pudo haber llegado a otro tipo de negociación. Independientemente de cómo se maneje en temas presupuestarios, ser un destacado científico no te transforma automáticamente en apto o idóneo para el cargo de Ministro de Ciencias. El cargo debe funcionar como vínculo entre el mundo científico y los otros mundos, el mundo social, de la empresa, del gobierno y de la cultura. No solamente como guardián de los privilegios corporativos de los científicos establecidos.

Aparte de la Creación del Ministerio de CTCI, ¿existen otras acciones que usted consideraría relevantes al momento de afirmar que la identidad del científico se ha reforzado y fortalecido?

Sin duda, en estos 10 años hubo un cambio muy sustantivo que se refleja precisamente en los jóvenes doctores que volvieron después de haber cursado estudios de posgrado gracias a Becas Chile, creadas en el primer gobierno de la presidenta Bachelet. Ellos, hoy en día se posicionan como  referentes de distintas discusiones técnicas, científicas e intelectuales dentro de la esfera pública y ese es un gran cambio. Tu abres cualquier periódico y encuentras a jóvenes científicos que están diciendo cosas súper inteligentes y súper importantes. Te das cuenta que ellos han tenido una educación de postgrado extraordinaria y son un gran aporte. Diría que la mitad de los investigadores activos hoy en Chile provienen de esa notable política pública.

Entonces… ¿Qué es lo que hace que la cantidad de investigadores siga siendo tan baja?

En el actual sistema chileno, podríamos decir que existen entre 10 y 15 universidades que en realidad tiene una masa de científicos que nos permitiría poder hablar de universidades de investigación. En el resto de las universidades, podríamos decir que son muy parecidas a un buen instituto de formación técnica, de hecho hay institutos que se han transformado en universidades. Pero como la educación superior es un negocio y como el Estado entrega fondos basales insuficientes, en general las universidades no tienen recursos para una política de formación de investigadores y entonces cuando necesitan investigadores, contratan a gente ya posgraduada. Además, las empresas públicas y privadas contratan pocos investigadores, y eso no contribuye a que crezca la oferta.

¿Cuál sería la raíz de este problema?

Las universidades del tercer mundo surgen en general como respuestas institucionales a lo que es la construcción de la república. El concepto mismo de Academia siempre se desarrolla en hibridación con las funciones que efectivamente la construcción de la república le demanda a la universidad, lo que se traduce principalmente en la formación de profesionales. Si analizamos la primera función de la Universidad de Chile no fue crear una comunidad de profesores y estudiantes sino ser la Superintendencia de Educación de la época. Muy después se transforma en una organización que forma profesionales que principalmente se desempeñaran en el Estado o algunas industrias emergentes. La raíz del problema es el colonialismo, que te dice que no somos capaces de pensar y que, por tanto, tenemos que comprar las soluciones para nuestros problemas en el mundo desarrollado y reducirnos a formar técnicos para administrar esas soluciones.

Sumado a esto tenemos algunos incentivos en las universidades, que a veces te marginan de la población funcionaria, generando una suerte de categoría especial del científico dentro de la universidad. Por una vereda, están los académicos que se homologan de manera errónea con un docente y, por otro lado, están los investigadores, como si ellos fueran individuos exóticos fuera del mundo académico. Afortunadamente, esto ha cambiado. Cada día más, el investigador es reconocido en su doble rol de académico-investigador. El rol de mero reproductor de contenidos fijados de antemano no es sostenible. La universidad cada día requiere menos profesores Wikipedia y más profesores que tengan sus áreas de investigación activas, que entreguen un conocimiento de frontera para que efectivamente la universidad cumpla su función como tal.

¿Cuáles serían las causas de estos incentivos por parte de las universidades y que existen hasta el día de hoy en Chile?

Bueno, muchas de las exigencias que tiene Chile por el hecho de pertenecer a la OCDE obligan a ciertas instituciones universitarias a funcionar de determinada manera. Para ser un miembro de la OCDE hay que fortalecer el sistema universitario y uno de los principales indicadores de eso es la publicación científica indexada en los grandes directorios de revistas especializadas. Estos requerimientos se traducen en obligar a quienes aspiran a ser académicos o profesores universitarios a concursar por fondos para investigación. Si uno ve qué buscan las universidades para contratar es: un investigador que tenga grado de doctor y que además de hacer clases tiene que publicar mucho. Sumado a esto, los concursos son hechos en su mayoría para personas ya formadas y que ya poseen prestigio y publicaciones, de esta manera cumplir los parámetros para pertenecer a la OCDE. Esto es positivo, porque cumples con el atributo creador que desde siempre define al universitario. Pero también existe un lado opaco, cual es el de publicar cuestiones que tributan a las agendas de investigación de los países centrales, esto es trabajar para otros, no para nosotros o el país.

En ese sentido la UNESCO creo que es más sabia, porque no solo hace una evaluación de las publicaciones científicas a través de las publicaciones indexadas, sino que ha sugerido una serie de indicadores científicos que tienen que ver con el impacto de la investigación científica en la economía, en la cultura, en la política y en general en la sociedad. Yo creo que eso es mucho más necesario para un país como Chile y lamentablemente no se ve mucho.

¿Por qué diría que no se aprecian o no se ven los beneficios de las investigaciones en el país?

Lo responderé con un ejemplo. La renta básica universal es un tema que se ha discutido mucho en la sociedad chilena. A modo personal, sólo conozco dos trabajos que han surgido sobre ese tema desde universidades chilenas. A lo mejor han salido más trabajos pero aún siguen siendo pocos. En una situación de crisis sanitaria, económica y política como la que está viviendo Chile, claramente este tema debería estar siendo investigado de manera mucho más profunda o con mucha mayor frecuencia, como una solución para el mundo post-pandemia que deberemos vivir. Pero para el mundo político y empresarial, formado en universidades donde se reproduce un pensamiento más bien homogéneo, quizás esto es muy comunista o muy europeo. Por lo tanto, es considerado un planteamiento inútil. Mientras la ciencia sea vista como un lujo por la elite económica y política, el país seguirá siendo de segunda categoría y los presupuestos seguirán siendo bajos. Pero si concebimos a la ciencia y a la tecnología como los motores de nuestra sociedad, probablemente se genere un efecto cascada, aumentaran los presupuestos, el número de investigadores, habrá mayor vinculación entre el mundo científico y el mundo empresarial, se concretaran mayores beneficios sociales y económicos, etc.

En la actualidad  hay muchos temas pertinentes para el desarrollo nacional que no se están investigando, temas de productividad, temas de energía, temas de convivencia social, etc.

¿Esto no significaría que la condición de investigador siga igual o no sea más valorada que hace 10 años atrás?

Claro que no… y una expresión de esto es que la investigación ha sido incorporada en muchas visiones estratégicas de facultades e incluso de las universidades. Es más, la investigación científica se destaca en la definición de identidad institucional y se transforma en parte consustancial de la actividad universitaria. Desde ese punto de vista se podría destacar el rol que los científicos han tomado al interior de las instituciones en los años recientes.

Y… ¿Cuál sería el escenario fuera de las instituciones? ¿Son más escuchados los científicos que hace 10 años?

Es difícil saber si los científicos son más escuchados que hace 10 años. Desde el punto de vista de la comunicación política, los científicos están más presentes en la conversación política y en las discusiones pero no estoy tan seguro si es que son tomados más en cuenta que hace 10 años. Hay cuestiones interesantes como que en la Cumbre del Cambio Climático en Madrid hubo varios expertos chilenos que fueron parte de la organización y, además, expositores principales. Eso refleja que la política y la ciencia no tienen por qué estar en caminos separados y pueden trabajar en conjunto para enfrentar los desafíos que enfrentamos hoy como país y como humanidad.