Según estudio publicado por la revista Intensive Care Medicine
– De acuerdo al reporte, quienes desarrollan la forma grave suelen ser personas jóvenes y sin patologías previas relevantes: la edad media es de 38 años y el 69,5% son hombres, expuestos en actividades al aire libre en zonas rurales, o en espacios cerrados y con poca ventilación
– Cuando la enfermedad llega a ese punto, el sistema denominado ECMO salva dos tercios de los pacientes, aunque el acceso oportuno sigue siendo un desafío por la geografía del país, un debate reabierto tras el contagio de una abuela y su nieta en Aysén.
– Los doctores Iris Delgado, investigadora principal de la línea de salud del proyecto Anillo Nexo, y René López, médico intensivista e investigador del Instituto de Ciencias e Innovación en Medicina de la UDD, lideraron un trabajo que analizó más de 200 casos en cinco años.
Por Sergio Cabezón. Dos de cada tres pacientes que en Chile necesita un sistema de soporte cardiopulmonar artificial (denominado ECMO) sobrevive al síndrome cardiopulmonar causado por hantavirus. La cifra proviene del análisis más extenso realizado hasta ahora sobre el manejo de esta enfermedad en unidades de cuidados intensivos del país, efectuado por investigadores del Anillo Nexo de la Universidad del Desarrollo y publicado por la revista Intensive Care Medicine.
El reporte llega, además, en un año en que las muertes por la infección ya superan el total registrado en cada uno de los últimos cinco años completos.
La discusión sobre esa disponibilidad se reactivó a comienzos de agosto, cuando una dirigenta social de la Región de Aysén y su nieta, ambas con sospecha de la enfermedad, permanecieron varios días hospitalizadas en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Regional de Coyhaique a la espera de un traslado aéreo hacia un centro con ECMO en Concepción, retrasado por el mal tiempo.
Aysén es una de las regiones del país que no cuenta con equipos ECMO propios, disponibles solo en cinco centros a nivel nacional.
El estudio, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID/ANILLO ATE250004), analizó 215 hospitalizaciones ocurridas en Chile entre 2019 y 2024 a partir de registros públicos del sistema de salud. El reporte fue liderado por el Dr. René López, investigador de la línea de salud y medioambiente del proyecto y médico intensivista investigador del Instituto de Ciencias e Innovación en Medicina de la UDD.
El equipo integró datos del Grupo Relacionado de Diagnóstico de FONASA, que cubre a más del 80% de la población del país, con registros de defunciones y egresos hospitalarios del Ministerio de Salud, precisó la Dra. Iris Delgado, quien es investigadora principal de la línea de salud y medioambiente del proyecto Anillo Nexo de la Universidad del Desarrollo.
La conexión de pacientes graves a un sistema de soporte cardiopulmonar artificial, conocido como ECMO, comenzó a probarse en Estados Unidos en los años noventa, cuando se identificaron criterios clínicos que predecían una mortalidad cercana al cien por ciento en los primeros casos descritos de la enfermedad. Desde entonces, la mortalidad de los pacientes conectados a este soporte ha bajado de forma sostenida, aunque se mantiene alta en parte porque los criterios para conectarlos seleccionan, precisamente, a los casos más graves.
El ECMO se utiliza en los pacientes más graves, aquellos con un riesgo muy alto de morir. “Que este grupo tenga una mortalidad de 33% significa que estamos rescatando a dos de cada tres pacientes que, sin ECMO, probablemente habrían fallecido”, explicó el Dr. López, médico jefe de unidad del Departamento de Paciente Crítico de Clínica Alemana.
Perfil de un contagio silencioso
Los pacientes que desarrollan la forma grave de la enfermedad suelen ser personas jóvenes y sin enfermedades previas relevantes, describen los autores. Entre los adultos analizados por el estudio, la edad promedio fue de 38 años y el 69,5% eran hombres.
La exposición ocurre habitualmente en actividades en zonas rurales, especialmente en espacios cerrados y con poca ventilación – bodegas o segundas viviendas– donde pueden acumularse partículas provenientes de excretas del roedor que transmite el virus. «Las personas que adquieren la enfermedad, en general son jóvenes, en edad productiva, y que normalmente no tienen otras enfermedades y esto tiene que ver con el contexto ecológico en que ocurre», señala el investigador asociado al proyecto Anillo Nexo.
El principal desafío para detectar el hantavirus a tiempo es que sus primeros síntomas –decaimiento, fiebre, dolor de garganta y molestias digestivas– se parecen a los de muchas otras enfermedades. Por eso, la señal de alerta no está solo en los síntomas, sino también en conocer si la persona estuvo recientemente en una zona o situación de riesgo. Vincular ambos antecedentes puede ayudar a sospechar la enfermedad de manera temprana, antes de que avance a la fase cardiopulmonar, cuando el deterioro puede ocurrir en pocas horas y el paciente puede llegar a requerir oxígeno, ventilación mecánica o incluso ECMO.
El estudio remarca que buena parte de quienes mueren por la enfermedad lo hacen muy temprano en su hospitalización, lo que refuerza la urgencia de sospechar el diagnóstico antes de que el paciente llegue a un servicio de urgencia en estado crítico. «Sabemos, por los datos que tenemos de los pacientes que se hospitalizan con hantavirus, que una alta proporción de los que fallecen, fallecen dentro de los primeros días de hospitalización», indica el facultativo.