Doctora en Ciencias Biológicas obtuvo su grado investigando a Trichoderma, un hongo de importancia agrícola y biotecnológica y confirmó que cuenta con un reloj circadiano

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Cuatro años de estudio y trabajo en laboratorio permitieron comprobar que el hongo Trichoderma atroviride, utilizado como biocontrolador, cuenta con un reloj circadiano

Lorenzo Palma, Ciencia en Chile. Botrytis cinerea y Trichoderma atroviride, son los dos hongos que estudió la recién titulada del programa doctoral en Ciencias Biológicas, mención Genética Molecular y Microbiología, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dra. Marlene Henríquez.

La Dra. Marlene Henríquez es investigadora doctoral del Instituto Milenio de Biología Integrativa, Ibio, y durante los primeros días de noviembre 2020 obtuvo su grado luego de estudiar las particularidades del hongo Trichoderma, con el fin de determinar si éste poseía un reloj circadiano funcional que pudiera estar regulando su particular estilo de vida

¿Qué son los ritmos circadianos? Son ritmos biológicos que surgen de la sincronización entre la biología del organismo y las variaciones diarias en el ambiente como resultado de la rotación de la Tierra. Por lo tanto, casi todos los organismos del planeta poseen uno, gracias al cual han podido adaptarse a estas variaciones. Además, recientemente se ha descrito que los relojes circadianos también pueden tener influencia en el resultado de las interacciones entre organismos.

Trichoderma es un conocido micoparásito (se alimenta de otros hongos) y es usado en la agricultura como biocontrolador de plagas. Las propiedades antagónicas de Trichoderma hacia hongos patógenos se basan en la activación de múltiples mecanismos, los que incluyen la competencia por nutrientes y espacio, el micoparasitismo (o simbiosis antagónica entre organismos), la antibiosis (secreción de compuestos antimicrobianos), la promoción del crecimiento vegetal y la inducción de respuestas de defensa vegetal. Con estos antecedentes a la vista, la Dra. Henríquez utilizó a su favor el famoso “moho gris” o Botrytis cinerea, enfrentándolo a Trichoderma con el fin de determinar si el reloj circadiano de uno (o de los dos) influía en el resultado de la interacción.

Placas petri con trichoderma (verde) y botrytis (Cafe) enfrentandose AM y PM.

Lo primero que realizó la investigadora involucró un cuidadoso trabajo de laboratorio, desarrollando cepas de Trichoderma mutantes capaces de producir bioluminiscencia, con la finalidad de observar las oscilaciones diarias de las proteínas del reloj del hongo. Tras numerosos intentos, logró determinar las condiciones de cultivo donde se captaron ritmos circadianos, lo que se manifiestan en las oscilaciones de la bioluminiscencia emitida por el hongo. Estas condiciones de cultivo se asemejan mucho a los nutrientes que Trichdoerma puede encontrar en su nicho natural, resaltando así la importancia del reloj circadiano en la biología del hongo.

Adicionalmente, mediante ensayos en placa Petri, la investigadora confirmó que el resultado de la interacción micoparásita entre Trichoderma Botrytis depende de la hora del día, siendo al amanecer cuando la capacidad biocontroladora de Trichoderma es mayor. También encontró que los genes del reloj de Botrytis y de Trichoderma influyen en el resultado de la interacción, ya que ante la ausencia de alguno de estos elementos, se perdía la temporalidad de la interacción.

La importancia de este resultado es que puede significar una mejor utilización de trichoderma en el combate del hongo patógeno de botrytis, lo que puede tener resultados positivos en la agricultura”, dijo la investigadora de iBio.

El profesor patrocinante fue el Dr. Luis Larrondo, director de iBio, y el co- director de la tesis fue el Dr. Paulo Canessa, investigador asociado iBio.