Investigación pionera reveló la composición nutricional y las propiedades funcionales de una micoproteína producida a partir de bioconversión de Durvillaea spp., un tipo de alga parda.
Ricas en nutrientes, las algas marinas chilenas, como Durvillaea spp. (cochayuyo), son una fuente abundante de fibra dietética, minerales, vitaminas y antioxidantes. Ante el acelerado crecimiento demográfico y la creciente demanda global de alimentos, surge el desafío de encontrar proteínas alternativas que sean tanto sostenibles como saludables, para satisfacer las necesidades energéticas de una población en expansión.
En este contexto, Catalina Landeta, PhD en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Química y Biotecnología y destacada investigadora del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB), lideró un estudio científico para desarrollar alternativas a los productos animales tradicionales.
Landeta y el equipo de investigación compuesto por Nicolás Salas-Wallach, Javiera Munizaga, María Paz González-Troncoso, e Irene Martínez, junto con la colaboración de destacados académicos como son César Burgos-Díaz, Lhaís Araújo-Caldas, Patricia Sartorelli y María Elena Lienqueo, han focalizado su labor en la producción de una micoproteína innovadora derivada del proceso de fermentación de Durvillaea spp., un alga parda conocida por su capacidad para capturar y almacenar nutrientes. Este recurso se ha revelado como un candidato valioso para aplicaciones en los sectores de la alimentación, nutrición, biotecnología, y dermocosmética.
Este trabajo pionero ha demostrado que este tipo de micoproteína no solo contiene todos los aminoácidos esenciales y presenta un bajo contenido de ácidos grasos, sino que también exhibe una notable actividad antioxidante, bioemulsionante, y posee metabolitos de interés, que pueden contribuir a la prevención de enfermedades. Además, el equipo llevó a cabo análisis de actividad anti-lipasa y anti-glucosidasa, revelando el potencial de esta micoproteína para inhibir enzimas clave en el metabolismo de lípidos y carbohidratos, lo que podría ser crucial en la prevención de trastornos metabólicos.
Los hallazgos, recientemente publicados en la revista Foods, destacan el potencial de esta micoproteína como una alternativa prometedora para el desarrollo de alimentos funcionales y nutracéuticos. «La micoproteína obtenida mediante la bioconversión de Durvillaea spp. se perfila como un alimento de nueva generación, con un gran futuro. Además, su capacidad para formar y estabilizar emulsiones abre nuevas posibilidades en la industria alimentaria y en el desarrollo de formulaciones avanzadas, donde los emulsificantes son fundamentales para mejorar la textura, la estabilidad y la calidad de diversos productos», destacó Landeta.
Un aspecto que merece especial mención es la innovadora técnica desarrollada por Mycoseaweed®, una startup co-fundada por la investigadora Landeta. Esta técnica permite producir micoproteína a partir del micelio de hongos, y utilizando algas pardas como única fuente de carbono. El bioproceso se lleva a cabo en un biorreactor mediante fermentación sumergida, seguido de la cosecha, secado y molienda de los micelios. Los análisis subsiguientes abarcan una caracterización nutricional exhaustiva, evaluando la concentración de proteínas, el perfil de aminoácidos, los β-glucanos y los compuestos fenólicos, entre otros componentes.