¿Cuánto mineral queda por descubrir bajo Chile? Antonio Arribas analiza el futuro de la exploración

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Lorenzo Palma
Lorenzo Palma Morales es Periodista, Licenciado en Comunicación Social y Bachiller en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo de Investigación de la Universidad de Chile y Magíster en Desarrollo Rural, Becado por CONI- CYT (UACh), Diplomado en Escritura Creativa de No Ficción por la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2018 fundó el medio de comunicación nacional y agencia de contenidos www.cienciaenchile.cl, del cual es su director. Desde el 2024 es docente encargado de la Mención de Periodismo Científico y Ambiental en la UACh. desde el 2024. Ha participado organizando actividades de divulgación y difundiendo resultados de investigación en innumerables proyectos de norte a sur del país. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación UACh - UFRO Becado por ANID.

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El especialista en exploración y recursos minerales analiza el futuro de una actividad clave para Chile y advierte que los grandes descubrimientos son cada vez más complejos, profundos y costosos. Ciencia, inversión, información geológica y formación de nuevas capacidades, sostiene, serán fundamentales para encontrar los yacimientos que marcarán las próximas décadas.

Chile lleva más de un siglo explorando sistemáticamente su territorio en busca de recursos minerales. Sin embargo, para el Dr. Antonio Arribas, académico de gran trayectoria en La Universidad de Texas en El Paso, eso no significa que los grandes descubrimientos hayan terminado. El desafío es que aquello que permanece oculto es cada vez más difícil de encontrar.

Con una trayectoria que combina dos décadas de trabajo en exploración minera con investigación y docencia universitaria, Arribas conoce de cerca la evolución de una industria que hoy debe buscar depósitos a mayores profundidades, interpretar señales geológicas cada vez menos evidentes y responder, al mismo tiempo, a mayores exigencias ambientales y sociales.

En el marco del  XVII Congreso Geológico Chileno, del 13 al 18 de diciembre de 2026 en Valdivia , el investigador participará como conferencista y abordará el aporte de la investigación académica al desarrollo de mejores modelos de yacimientos y a la interpretación de los datos obtenidos durante la exploración.

En esta entrevista analiza cuánto queda por descubrir en Chile, por qué encontrar nuevos depósitos es cada vez más difícil y qué necesita el país para conservar su posición entre las principales naciones mineras del mundo.

En un país históricamente minero como Chile, ¿cuánto queda todavía por descubrir bajo nuestros pies y qué necesitamos para encontrarlo?

Durante más de un siglo, Chile ha tenido una exploración muy intensa y exitosa, pero todavía queda bastante por encontrar. Hay ejemplos claros de éxitos recientes, como los descubrimientos en la zona fronteriza entre Chile y Argentina, en el distrito de Vicuña, entre ellos Filo del Sol. Hace solo unas décadas, esa zona era descrita a menudo como estéril, sin posibilidades de mineralización, y eso ha cambiado radicalmente.

Se necesita una gran inversión y mucha paciencia, sobre la base de principios científicos y prácticos bien conocidos en exploración. Eso no significa, por supuesto, que descubrir depósitos minerales sea solamente cuestión de inversión, tiempo y buen trabajo científico y tecnológico. La naturaleza controla la formación y distribución de los yacimientos y, sin su colaboración, no hay éxito.

Después de trabajar durante dos décadas en exploración minera, ¿cuáles son las principales señales que permiten identificar un posible yacimiento?

Es una pregunta muy amplia, porque podemos hablar de concentraciones económicas de decenas de elementos o sustancias diferentes. Los procesos geológicos que las originan también pueden ser muy distintos: magmáticos, hidrotermales, climáticos o sedimentarios, entre otros. Por eso, las señales geológicas, geoquímicas y geofísicas que caracterizan un depósito son muy variables.

La exploración minera es, en ese sentido, bastante más compleja que la exploración de hidrocarburos o carbón, donde los procesos geológicos presentan menor variabilidad.

Lo primero es definir qué elemento o sustancia se está buscando y, a partir de ahí, determinar qué tipo o tipos de yacimiento son de interés. Ese conocimiento permite establecer cuáles son las principales señales geológicas, geoquímicas y geofísicas que guiarán la exploración. Después vienen la ciencia, mucho trabajo de campo, paciencia y, antes que todo ello, inversión.

¿Por qué resulta cada vez más difícil descubrir depósitos minerales de gran tamaño y buena calidad?

La razón es bastante sencilla: los descubrimientos más fáciles se hicieron hace siglos. Las mineralizaciones de cobre de la zona de Chuquicamata, por ejemplo, eran conocidas y trabajadas por los pueblos indígenas sin necesidad de una actividad de exploración en el sentido actual.

Después de siglos de explotación y de muchas décadas de exploración moderna, con tecnologías cada vez mejores, quedan menos yacimientos por encontrar y las manifestaciones de los que permanecen son menos evidentes. Eso obliga a explorar depósitos a mayor profundidad, lo que implica mayores costos y riesgos.

Frente a esa disminución de yacimientos superficiales, ¿cómo están cambiando las estrategias para buscar depósitos profundos u ocultos?

En realidad, podría decirse que los principios fundamentales no han cambiado demasiado. La exploración que conduce al éxito sigue aplicando los mejores conceptos científicos y tecnológicos disponibles en cada momento.

Lo que sí tenemos actualmente son modelos de yacimiento mucho más sofisticados, que permiten identificar señales geológicas, geoquímicas y geofísicas distales respecto del depósito mineral.

En el caso de los pórfidos de cobre, que constituyen el tipo de yacimiento económicamente más importante en Chile y en la cordillera de los Andes, estos modelos nos permiten interpretar resultados de sondeos de exploración que superan un kilómetro de profundidad. Hoy ese tipo de perforación se realiza con regularidad; a comienzos del siglo XXI no era así. Nuevamente aparece el factor económico: la exploración mediante sondeos profundos es costosa.

¿Qué tecnologías están transformando actualmente la exploración minera y cuáles podrían tener mayor impacto en Chile?

Los descubrimientos recientes se han realizado principalmente aplicando métodos tradicionales basados en geología, trabajo de campo, geoquímica y geofísica, pero utilizando las tecnologías más recientes de mapeo, análisis químicos y procesamiento de datos geofísicos.

Los sondeos profundos son fundamentales. Por eso, sería especialmente importante desarrollar tecnologías capaces de reducir los costos de perforación.

La transición energética está aumentando la demanda de cobre, litio y otros minerales estratégicos. ¿Está preparada la exploración minera para responder a este desafío?

Sí, pero el desafío varía considerablemente dependiendo del mineral. Con una inversión adecuada, aumentar las reservas o recursos de algunos minerales considerados estratégicos puede no representar un reto tan importante. Sin embargo, un yacimiento de gran tamaño y alta calidad, independientemente del mineral, es algo muy poco frecuente.

El cobre presenta un desafío enorme porque durante el último siglo se ha explorado mucho y con bastante éxito en distintas partes del mundo. Los yacimientos que quedan son más difíciles de encontrar y mucho más costosos de definir.

¿Qué ventajas geológicas conserva Chile frente a otros distritos mineros del mundo?

Depende del mineral. Cada elemento o sustancia requiere determinadas condiciones geológicas para generar una concentración económica.

En cobre, oro, plata y molibdeno, entre otros elementos, Chile presenta condiciones geológicas ideales. Tenemos un arco magmático asociado a una zona de subducción de placas tectónicas que se ha mantenido esencialmente durante más de 200 millones de años.

En el caso del litio, las condiciones geológicas y climáticas de los últimos millones de años en la cordillera de los Andes del norte de Chile han sido ideales para formar cuencas tectónicas con acumulación de salares y concentraciones económicas de litio en sus aguas subterráneas.

En cambio, y mientras no se demuestre lo contrario, Chile no presenta condiciones geológicas ideales para la formación de grandes yacimientos de elementos como platino, níquel o cromo.

Usted ha trabajado tanto en grandes compañías mineras como en el ámbito académico. ¿Qué puede aportar la universidad que la industria difícilmente podría desarrollar por sí sola?

La primera gran tarea de las universidades es formar a los profesionales que necesita la exploración: geólogos, ingenieros, economistas y especialistas en medio ambiente y relaciones con las comunidades, entre muchos otros.

Desde el punto de vista de la investigación geológica, los estudios académicos han contribuido enormemente a caracterizar y clasificar los diferentes tipos de yacimientos y a desarrollar modelos genéticos y de exploración cada vez más sofisticados. Estos avances han facilitado el descubrimiento de nuevos depósitos.

La investigación académica también ha contribuido al desarrollo de métodos geofísicos y geoquímicos que han sido importantes para el éxito de la exploración.

¿Cómo puede la exploración minera reducir su impacto ambiental y responder tempranamente a las preocupaciones de las comunidades?

De muchas maneras y, francamente, pienso que eso es precisamente lo que la mayoría de las empresas de exploración están haciendo actualmente. Las compañías son hoy plenamente conscientes de la importancia de las relaciones con las comunidades y del impacto ambiental, así como de las consecuencias que ambos aspectos pueden tener sobre la trayectoria de un proyecto de exploración.

¿Qué importancia tiene compartir información geológica para acelerar los descubrimientos y evitar repetir esfuerzos?

Es fundamental. Compartir información es vital para que la exploración sea más eficaz y eficiente. Lo habitual es que el descubrimiento de un yacimiento ocurra después de varios intentos y de proyectos desarrollados por distintas compañías.

Por eso es muy importante que el cuarto o quinto grupo que llegue a explorar una anomalía pueda disponer de los datos obtenidos anteriormente. Eso evita comenzar nuevamente desde cero y permite avanzar sobre el conocimiento ya generado.

Además de tecnología e inversión, ¿qué capacidades humanas necesita Chile para mantener su liderazgo minero durante las próximas décadas?

La exploración y, por extensión, toda la industria minera necesitan una enorme diversidad de capacidades: geólogos, biólogos, químicos, ingenieros de distintas disciplinas, científicos de datos, economistas, especialistas ambientales y en relaciones comunitarias, profesionales de las finanzas, gerentes, abogados, especialistas en logística y arqueólogos, entre muchos otros.

La primera gran empresa para la que trabajé, Placer Dome, tenía al mejor especialista en relaciones con las comunidades que he conocido. Su formación universitaria era como antropólogo. Ese ejemplo muestra la diversidad de conocimientos que requiere actualmente esta industria.

A partir de su experiencia internacional, ¿qué errores debería evitar Chile al diseñar sus políticas de exploración y desarrollo de recursos minerales?

Debo reconocer que no conozco suficientemente la situación actual de Chile en este ámbito como para referirme específicamente a sus políticas, pero sí existen algunos aspectos básicos.

La exploración es un negocio que requiere mucha inversión, de alto riesgo y a largo plazo. Cualquier medida que favorezca la inversión y haga al país más competitivo puede ser útil, siempre que no comprometa otros aspectos fundamentales, como la protección del medio ambiente y lo que en la industria se conoce como licencia social para operar.

Factores como la corrupción, la falta de seguridad y la ausencia de estabilidad política, legislativa y fiscal pueden producir mucho daño y, en ocasiones, un daño irreversible.

¿Cuál será la principal idea que espera transmitir durante su participación en el XVII Congreso Geológico Chileno?

Me gustaría poner énfasis en los estudios académicos que ayudan a mejorar los modelos de yacimientos, porque son herramientas muy útiles para interpretar los datos obtenidos durante la exploración. En ese contexto, compartiré estudios relevantes desarrollados por dos de mis estudiantes en yacimientos gigantes como Chuquicamata y Grasberg.

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