Científicos comprobaron que microalgas son letales en las primeras 48 horas de vida de los peces

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Investigadores sometieron a larvas del pez cebra a distintas concentraciones de toxinas (lipofilicas del grupo-ácido okadaico) producidas por fitoplancton presentes en las floraciones de algas nocivas (FAN) y demostraron que el tiempo marca la diferencia.

larva de pez cebra, control.

Lorenzo Palma, Ciencia en Chile. Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, pusieron a prueba la resistencia del pez cebra, para analizar la toxicidad y los daños patológicos que producen en los peces la presencia de toxinas durante el desarrollo de las floraciones de algas nocivas, los cuales son fenómenos naturales causados por organismos fitoplanctónicos microscópicos.

El pez cebra (Danio rerio), es uno de los primeros animales que se logró clonar y que recurrentemente se utiliza en investigación científica, en este caso, en primer lugar, se separaron machos de hembras, luego se cruzaron, se sometieron a distintas exposiciones de dos toxinas lipofilicas, ácido okadaico (AO) y dinofisistoxina (DTX-1), que son toxinas producidas por los fitoplánctones conocidos como dinoflagelados.

Los dinoflagelados durante el desarrollo las floraciones de algas nocivas tienden a ser acumuladas principalmente en bivalvos filtradores, que al ser consumidos por las personas generan cuadros de vómitos, náuseas y diarreas, cuyo nombre es “intoxicación por veneno diarreico” ¿pero ¿qué sucede en los peces?

Red arrastre para identificación células tóxicas en el mar.

El investigador, Carlos García, perteneciente al programa de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Chile, explicó que con la investigación se logró demostrar que elevadas concentraciones de ácido okadaico (AO) causa daños patológicos en la etapa larval incluida la muerte dentro de las 48-72 horas de vida de las larvas de los peces cebra. Una vez que las larvas del pez superan las 96 horas de vida no tienen efecto

Fotografías de los acuarios donde se trabajó.

Fueron un total de 1.800 larvas que pez cebra que se utilizaron, Las cuales fueron aportadas por el Dr. Miguel Concha investigador del Laboratorio de Estudios Ontogénicos, del Instituto de Neurociencia Biomédica (BNI), ICBM, Facultad de Medicina U. de Chile, colaborador de la investigación. Para ésta y todas las investigaciones con especies, los experimentos son evaluados y aprobado por un comité de bioética, en este caso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, (Nº17001MED-UCH).

Los resultados también dejan claro que, las concentraciones tóxicas requeridas para los efectos tóxicos sobre este modelo de pez es de tal magnitud que solo puede ser aportado por florecimiento de algales, en densidades celulares, que hasta el momento no se ha determinado en terreno. “Nuestro equipo por 15 años ha trabajado en la zona de Islas Huichas en la Región de Aysén, donde los florecimientos relacionados a estas toxinas son muy bajos y que no se producen en zonas vinculadas a centro de cultivos de salmones”, explicó el investigador y además adelantó que el trabajo será publicado en la revista Journal of Toxicology and Environmental Health, Part A.

Cabe mencionar que esta investigación es parte del proyecto Fondecyt 1160168, cuyo responsable es el Dr. Carlos García, del Laboratorio de Toxinas Marinas, Programa Fisiología y Biofísica, ICBM, Facultad de Medicina, Universidad de Chile; su Co- investigador es el Dr. Héctor Contreras, del Departamento de Oncología Básica y Clínica, Facultad de Medicina, Universidad de Chile; y además colabora el Dr. Miguel Concha, del Laboratorio de estudios Ontogénicos, Instituto de Neurociencia Biomédica (BNI), ICBM, Facultad de Medicina, U. de Chile.