Ciencia y Territorio en Movimiento

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Redacción CienciaEnChile
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Por Pablo Sánchez, director de la Escuela de Geología de la Universidad Austral de Chile. 

Chile es un país sísmico y eso no es novedad para nadie que viva aquí. Lo que sí sigue siendo materia de discusión es qué hacemos con ese hecho. Ante cada evento surgen las mismas preguntas: ¿por qué ocurren?, ¿qué podemos anticipar?, ¿qué hace que un terremoto se transforme en desastre? Son preguntas que la ciencia puede ayudar a responder, pero difícilmente desde una sola disciplina.

La geología permite comprender los procesos que ocurren bajo nuestros pies; la ingeniería aporta conocimientos para reducir vulnerabilidades; las ciencias sociales permiten acercarnos a la memoria; la educación transforma ese conocimiento en aprendizaje. Dialogar entre estos saberes no significa relativizar el conocimiento científico: amplía su capacidad de contribuir a la sociedad.

Comprender un terremoto va mucho más allá de explicar cómo se origina o se propagan las ondas sísmicas. Implica mirar el territorio, sus construcciones, memorias y decisiones que tomamos antes, durante y después de una emergencia. Este es un objetivo que abordará la exposición “Ciencia y Territorio en Movimiento: Gran Terremoto de Valdivia 1960”, financiada por Ciencia Pública y que abre al púbico el 23 de septiembre en el Museo Rudolph Amandus Philippi, la invitación es a transformar la memoria en conocimiento y preparación para el futuro.

En este desafío, la forma en que comunicamos la ciencia importa tanto como el contenido. Hay conocimientos que no se transmiten explicándolos: hay que ponerlos en práctica. Conocer el protocolo de evacuación es una cosa; decidir por dónde salir de un edificio mientras el suelo se mueve, es otra muy distinta. Las experiencias interactivas permiten equivocarse sin consecuencias, y esa posibilidad de ensayar es en sí misma una forma de preparación. Valdivia tiene una responsabilidad especial en esta conversación.

El terremoto de 1960 es un acontecimiento fundamental para la historia de la ciencia y al mismo tiempo una experiencia ligada a la identidad que dejó para Chile. Enfrentar ese legado requiere ciencias capaces de salir de sus espacios habituales y encontrarse con las personas.

Recordar 1960 no es un ejercicio de nostalgia ni un homenaje, es una forma práctica de prepararse: quienes conocen lo que ocurrió toman mejores decisiones cuando la tierra vuelva a moverse.

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