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Académico de Tecnología Médica explica los daños de los rayos ultravioleta

Valentina luza
[tiempo_lectura]

La alta exposición a los rayos ultravioleta tiene consecuencias en la piel y en los ojos. Saber qué daños provoca en las estructuras oculares y cómo prevenirlos es clave.

En pleno verano es necesario proteger los ojos de los efectos del sol y para ello hay que conocer cuáles son los efectos de la radiación UV para poder prevenirlos con la elección adecuada de lentes.

Se debe considerar que los daños por exposición son variados y van desde inflamaciones agudas hasta procesos degenerativos irrecuperables. Además, se relacionan directamente con el tiempo y hora de exposición, la ubicación en que se encontraba la persona y el tipo de protección utilizada.

“La radiación UV proveniente del sol es altamente dañina para las estructuras oculares, ya que a este nivel se tienen zonas de piel muy delicada y el globo ocular presenta una membrana mucosa que puede ser alterada. Esto es porque al ser una energía invisible se acumula en nuestras células, y puede generar diferentes niveles de daño”, explica Julie Gajardo coordinadora de la mención de Oftalmología y Optometría de la carrera de Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián.

¿Cómo se clasifica la radiación UV?

Se establecen tres categorías: El UVA que comprende las radiaciones entre 315-380 nm longitud de onda, el UVB que alcanza longitudes de onda de entre 280-315 nm y el UVC que contempla las radiaciones entre 180-280 nm de longitud de onda. Mientras más corta sea esta longitud, la radiación será más dañina.

La académica señala que los párpados, la córnea y la conjuntiva “absorben los rayos UV de hasta 290 nm, pero una exposición prolongada igualmente puede dañar estos tejidos generando enrojecimiento e inflamación, incluso úlceras dependientes del nivel de exposición”.

Por ejemplo, “una alteración inmediata podría ocurrir en la zona corneal provocando una quemadura dolorosa, como en la fotoqueratitis y en la queratitis actínica donde el paciente notará de inmediato visión borrosa, lagrimeo excesivo, enrojecimiento y dolor ocular”.

Por otro lado, afirma que los daños acumulativos se van produciendo lentamente cuando la exposición es prolongada e intensificada por la resequedad ocular y la polución.

Otros daños pueden ocurrir a nivel interno del ojo, al fomentar la aparición temprana de catarata, “ya que el cristalino absorbe fisiológicamente la radiación comprendida entre 295-350 nm aproximadamente, pero la exposición constante desencadena alteración de sus proteínas lo que genera fotoxidación acumulada”.

Enfermedades 

La tecnóloga médica enfatiza que una exposición excesiva a los rayos UV “puede derivar en enfermedades provocadas por daño fotoquímico a nivel de la retina lo que, en conjunto con la acumulación de desechos oxidativos, se consideran factor de riesgo para Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), en esos casos los pacientes notarán disminución de la visión central. Mientras que un daño de tipo fototérmico puede provocar retinopatías diversas e incluso quemaduras retinales. Además, el daño a los anexos oculares es latente, ya que el carcinoma escamocelular se puede presentar en tumores de piel perioculares siendo más frecuente en quienes han tenido exposición crónica al sol”.

Por eso, se recomienda a las personas el uso de lentes de sol adecuados y un control anual con un especialista ya sea un médico oftalmólogo o un tecnólogo médico en Oftalmología y Optometría para un adecuado diagnóstico y tratamiento en caso de algún daño por los rayos ultravioleta.

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