¿Inoculando individualismo?

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Dr. Juan Carlos Skewes V. Departamento Antropología Universidad Alberto Hurtado.

No está claro si se trata de una hormona o un virus. El asunto es que un grupo de entomólogos informan del descubrimiento de un insecto neuróptero (Zatypota) que se vale de las arañas gregarias para protegerse de otros depredadores en el Amazonas ecuatoriano (https://news.ubc.ca/2018/11/27/newly-discovered-wasp-turns-social-spiders-into-zombies/). Su objetivo es el sometimiento de un individuo perteneciente a la veintena de especies de arañas sociales (en este caso, Anelosimus eximius). De ordinario esta arañas formas colonias que, a pesar del riesgo potencial producido por la endogamia, trabajan en forma colaborativa para producir las condiciones necesarias para su propia existencia.

El insecto descubierto se posa sobre el vientre de una araña y deposita su huevo. La nueva larva – que en su crecimiento pareciera inyectar una sustancia que termina por separar al individuo escogido de su comunidad – convierte al arácnido en un esclavo de sus necesidades. La araña así atrapada, sola y en confinamiento, comienza a tejer la red tridimensional que permitirá a la larva crecer protegida de otras amenazas. Terminada la obra, la larva devora el cuerpo de la araña que ya no les útil y avanza hacia una nueva etapa de su crecimiento.

La historia – tan inusual en el reino animal – resulta odiosamente familiar al mundo humano. Aquí, en este lado de la historia, en la economía del compartir (o sharing economy) el individuo provee las herramientas – incluyendo su cuerpo – para el servicio de la plataforma. Compra su auto, se registra en una plataforma, y comienza a obedecer las indicaciones que esta le entrega.

Separado de su comunidad y encerrado en su reluciente móvil, comienza a tejer su red y pronto termina descubriendo que poco queda para sí y mucho para la empresa, algo similar a lo que ocurría a su bisabuelo en las antiguas pulperías del salitre y a la araña en cuestión, hasta llegar el punto en el que la puntuación se acerca a uno y la empresa decide prescindir de sus servicios.

Es por ello que para la nueva especie propongo el nombre Uberensis malignus.