¿Entendemos hacia dónde debe orientarse la restauración ambiental en Chile?

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Chile es un p  ís altamente vulnerable a los efectos del cambio climático. Entre las siete condiciones de vulnerabilidad que se cumplen para Chile, hay dos directamente relacionadas con el sector forestal: 1) zonas forestales expuestas al deterioro forestal y 2) zonas expuestas a la sequía y desertificación.

Los ecosistemas forestales nativos desempeñan un rol fundamental en la mitigación del cambio climático, pues actúan como “sumideros” [1] absorbiendo el carbono de la atmósfera, almacenándolo en la biomasa y los suelos. La mitigación se ocupa de las causas del cambio climático y la adaptación aborda sus impactos. Las estrategias de mitigación en el sector forestal se pueden agrupar en cuatro categorías principales: 1) la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación, 2) la reducción de las emisiones derivadas de la degradación forestal, 3) el fortalecimiento de los sumideros forestales de carbono y, 4) la sustitución de productos [2]. La adaptación abarca los cambios en las prácticas de manejo de la vegetación, planificadas para disminuir la vulnerabilidad de los ecosistemas forestales y las personas ante el cambio climático.

En este contexto, el Gobierno de Chile debe dar señales claras de sus compromisos y a la vez coordinar la participación de todos los países integrantes. Una de las actividades en desarrollo es la elaboración de un Plan Nacional de Restauración a Escala de Paisajes. Sin duda es fundamental, considerando que existen cerca de 25 millones de hectáreas de Bosque Nativo y Formaciones Xerofíticas (ecosistemas de zonas áridas y semiáridas) altamente degradados, pero que aún generan una serie de servicios ambientales vitales para enfrentar los efectos del Cambio Climático. Uno de estos servicios es la captura de carbono, acción en la que el bosque nativo llega a ser 40 veces más efectivo que las plantaciones [3]. Un Plan de Restauración de Bosques Nativos y Formaciones Xerofíticas debe constituir la columna vertebral de un Plan de Restauración a Escala de Paisajes, no obstante, nos preocupa qué es lo que está considerando como Restauración. En este sentido, destacamos tres puntos:

  1. Se identifica escasa participación de las organizaciones de la sociedad civil de los territorios en los talleres para la formulación del Plan (no así de actores privados). Muchos(as) de estos(as) actores ya están
    siendo afectados por los efectos primarios de cambio climático y/o por los procesos de desertificación.
  2. No se observa acuerdo por parte de los servicios que participan en la discusión, y menos se ha explicitado en forma consistente lo que debe entenderse por Restauración a Escala de Paisajes. Es preocupante la amplitud con la que se está viendo este concepto, ya que no es técnicamente correcto considerar monocultivos forestales de especies exóticas y/o frutales como componentes de esta restauración. Sucesos recientes han evidenciado que existe una fuerte sustitución de Bosque Esclerófilo (ecosistemas de la zona central de Chile) y de Formaciones Xerofíticas por cultivos frutales de exportación que se expanden con procesos destructivos y modificadores del paisaje, aumentando la degradación de ecosistemas y afectando su capacidad de entregar bienes y servicios ecosistémicos como retención y provisión de agua a lo largo del año, conservación de laderas, estabilización de suelos y muchos otros.
  3. Vemos con preocupación cómo se está estructurando el Proyecto de Ley de Restauración Forestal y Adaptación al Cambio Climático. En el Acuerdo de París se estableció reducir al año 2030 la emisión de gases de efecto invernadero en un 30%. La meta forestal (a nuestro juicio, muy pequeña) es el manejo sostenible y recuperación de 100.000 hectáreas de bosque, principalmente nativo y forestar otras 100.000 hectáreas, en su mayoría con especies nativas; ambas acciones sólo a partir del 2030. Se agrega, enseguida, que en 2035 se logrará una forestación de medio millón de hectáreas en terrenos de aptitud preferentemente forestal (¿con qué tipo de especies?), y restauración de medio millón de hectáreas de terrenos de áreas prioritarias.

El Proyecto Ley de Restauración Forestal y Adaptación al Cambio Climático considera 3 objetivos: 1) fomentar cobertura vegetacional no maderera para mitigación, 2) forestación con fines productivos y 3) reforestación de zonas afectadas por incendios forestales. Sólo el primero tendría directa y explícita relación con el cambio climático. De los otros dos, no se ha explicado qué se entiende por “productivo” y cómo ello contribuye al efecto sumidero de los bosques o de plantaciones; lo mismo respecto de las reforestaciones en zonas incendiadas. Debe establecerse como fundamento básico la planificación del territorio, donde la restauración de bosque nativo debe abarcar por lo menos el 80% de la superficie nacional a recuperar, ya que, como mencionamos, la evidencia científica demuestra que los ecosistemas forestales nativos son 40 veces más efectivos como sumidero de carbono que las plantaciones de pino, eucalipto o cualquier otra especie cuyo ciclo de cosecha sea corto o reducido, y que adicionalmente proporcionan “beneficios no-carbono”, que las plantaciones tradicionales escasamente proveen. Se debe, además, identificar la superficie a recuperar anualmente, la disponibilidad de recursos humanos y financieros, la meta de recuperación anual, especies forestales nativas a utilizarse, y número y dimensión de los viveros a instalarse para satisfacer las necesidades de plantas para este importante desafío.

Manifestamos nuestra inquietud en torno a los reales alcances y objetivos de las iniciativas de Restauración Ambiental que se están discutiendo en este momento en el país; pues tememos que se busque principalmente consolidar modelos actualmente en uso con un claro sesgo productivista-mercantil antes que la recuperación de ecosistemas nativos, los que son vitales en la lucha contra el cambio climático y en la seguridad de todos y todas los(as) habitantes de Chile.

Directorio AIFBN