“De la pregunta al Mapa Geoquímico”.

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Juan Pablo Lacassie, Post-Doctorado en Geoquímica, Universidad de Johannesburgo, Sudáfrica. Geólogo con grado de Doctor en Ciencias, mención Geología, Universidad de Chile. A cargo del Programa de Cartografía Geoquímica de Chile (Sernageomin), representando a Chile en la Comisión Mundial de Líneas de Bases Geoquímicas (IUGS-Unesco). Investigador Asociado al Centro Transdisciplinario de Estudios Ambientales (CEAM) de la Universidad Austral de Chile (UACh).

Hacernos preguntas es algo innato entre los seres humanos. Desde muy temprano, en nuestras vidas, esta cualidad se manifiesta a través de interrogantes sencillas y, muchas veces, difíciles de responder: “¿Por qué brilla el sol? ¿Por qué hay arena en la playa? ¿Por qué las hormigas son tan pequeñas?”.

Hace más de 2.500 años, el filósofo griego Demócrito tuvo una idea genial, ideó el átomo, la partícula más pequeña e indivisible con la cual se construye la materia del Universo. Quizás, Demócrito, persona acostumbrada a ponderar el valor de las preguntas, escuchó a una niña o un niño preguntar algo tan simple cómo “¿De qué están hechas las cosas?”.  Sea como fuere, es muy plausible que una interrogante cómo ésta, haya sido el germen de una de las ideas más importantes de la historia de la humanidad. Una idea cuya formulación abrió un camino insospechado, una aventura científica con enormes repercusiones tanto en la ciencia como en la sociedad.

Hoy en día, gracias a los logros de muchas personas apasionadas por esta búsqueda, sabemos que existen distintos tipos de átomos. Hemos podido determinar las características distintivas de 107 elementos químicos de origen natural. También hemos sido capaces de generar 11 nuevos tipos de elementos químicos, por medios artificiales y durante brevísimos instantes. Más aún, nuestros modelos más avanzados, involucran la existencia de partículas subatómicas. Todos estos avances, aparentemente teóricos, han permitido importantes avances tecnológicos, muchos de los cuales moldean nuestra realidad actual, tal como la existencia de Internet.

En particular, en las últimas décadas, hemos podido acrecentar enormemente el volumen de información existente acerca de la composición química de nuestro entorno. Es así como la llamada “era de la información” ha visto el nacimiento de un nuevo paisaje, previamente invisible a nuestros ojos, el que muestran los Mapas Geoquímicos. Gracias a estos mapas, ahora podemos visualizar la distribución de los elementos químicos en los distintos materiales o sustratos que conforman nuestro planeta, incluyendo agua, suelo (en sus distintos estratos) y sedimentos fluviales. Se abre entonces un nuevo campo y nuevas interrogantes, esta vez quizás menos inocentes que la pregunta que posiblemente gatilló las ideas de Demócrito ¿cómo la distribución de los elementos en los mapas geoquímicos condiciona la vida sobre la tierra? ¿bajo qué concentraciones de un elemento específico, pueden verse afectadas la salud humana y ambiental?

Sin duda estos nuevos cuestionamientos, que ya han sido el motor de nuevos campos de investigación, tendrán grandes repercusiones sobre el presente y futuro de la vida en nuestro planeta.