Conducción y naturaleza

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Carta al director del académico ICBTe, Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile (UACh) e investigador principal del (CR)2, Dr. Antonio Lara.

Dr. Antonio Lara. Héctor Andrade – Fotógrafo RR.PP. UACh

Si conducir un vehículo exige el cumplimiento de diversas normas, hacerlo dentro de Parques, Reservas Nacionales y otras Áreas Protegidas, compromete aún más un alto grado de respeto y responsabilidad de nuestra parte, más todavía si consideramos que generalmente estos caminos son de ripio o tierra. Mi experiencia en la conducción en este tipo de áreas, haciendo investigación o por recreación, me han enseñado una serie de lecciones.

Por un lado, la adherencia del vehículo al transitar por un camino de ripio es mucho menor, esto hace que, durante el frenado, viraje o simplemente al tomar una curva sin precaución sea fácil derrapar, caerse a una cuneta, incluso volcar o chocar. Lo importante en estos casos es manejar a una velocidad prudente, la que no debiera superar los 40-50 km/hora, pero en condiciones de mala visibilidad, nieve, caminos excesivamente estrechos, con muchas curvas o gran pendiente, lo prudente sería manejar a no más de 10-20 km/hora. Esto nos permitirá ser respetuosos con los demás vehículos, especialmente con los peatones y ciclistas, y con la fauna silvestre que atraviesa la vía. Capítulo aparte son las zonas forestales o dedicadas a la salmonicultura, donde existe un alto tránsito de camiones pesados, lo que obliga a extremar las medidas indicadas para mantenernos a salvo, pues en esos casos somos nosotros los principales amenazados.

Éste es el comportamiento ideal en áreas protegidas para disfrutar plenamente del contacto con la naturaleza. El manejar vehículos, recorrer en bicicleta, caminar en los senderos, acampar, hacer deportes e investigación, etc., exige respetar las normas de los Parques Nacionales y otras Áreas Protegidas. Además, debemos ser criteriosos para no ocasionar impactos en vegetación, cursos de agua, fauna y su hábitat, y para no importunar a los demás visitantes. Mención especial merece el respeto en cuanto a restricción de ingreso de mascotas y uso del fuego, especialmente en esta temporada de alto riesgo. La conservación de áreas protegidas depende de todos quienes hacemos uso de ella, así podremos asegurar seguir compartiéndola con los habitantes de la Tierra de ahora y los que vendrán después de nosotros.

*Leer carta en Diario Austral aquí.