Ciencia y desarrollo del país: ¿un mito inalcanzable?

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Dr. Ricardo B. Maccioni Profesor Titular de Neurología, Facultad de Medicina & Profesor Titular de Neurociencia, Facultad de Ciencias, Universidad de Chile Director of the International Center for Biomedicine ICC Member of Dana Alliance for Brain Initiatives, DABI

Para la mayoría de las personas es difícil comprender cómo los científicos podemos dedicar toda una vida y con abnegación para buscar el conocimiento, descubrir el mundo natural y finalmente entregarnos de cuerpo y alma a la gratificante tarea de hacer ciencia en beneficio de la humanidad. Muchas veces esa labor es coronada por descubrimientos que mejoran la salud de millones de personas, o el desarrollo de una nueva tecnología en beneficio de la calidad de vida de la gente. Ello implica el renunciar a muchas cosas en lo material, sacrificando nuestras propias familias. En ese andar es muy común que suframos discriminaciones, atropellos, deslealtades, falta de compresión de los gobiernos a la dimensión y relevancia de nuestro aporte, carencia de financiamiento a nuestros proyectos y otros avatares de nuestra vida diaria.

Contar mi propia experiencia es algo que nunca he hecho pues sería un muy largo relato. Mi carrera me ha traído muchas satisfacciones, entre ellas el hallazgo de la proteína tau y luego su relación con la enfermedad de Alzheimer, nuestra teoría de la neuro-inmunomodulación que explica su patogénesis, y el haber contribuido a dilucidar el comienzo de ésta y la compleja vía por la cual ciertas “señales de daño” activarían una cascada de eventos moleculares que llevan a un cambio en la conformación de la proteína tau y a su auto polimerización. Dichos hallazgos han permitido determinar los sitios-blanco en la función cerebral hacia dónde dirigir las eventuales terapias para su tratamiento. En este esfuerzo de varias décadas hemos logrado proyectar la ciencia desde el laboratorio hacia el conocimiento y las tecnologías que hoy benefician a miles de personas en el mundo.

Hay que ver siempre lo positivo, pero también los eventos adversos enseñan. Hacia comienzos de los ’90 regresé a Chile luego de una carrera exitosa en investigación y aporte a la educación durante un par de décadas en los EE.UU., tenido como mira la posibilidad de continuar aportando a la ciencia y a la gestión en ciencia ahora desde mi propio país. Sabía a que venía pero jamás imaginé que ese camino sería tan duro y tan lleno de escollos. Mi instalación en Chile fue en sus comienzos muy gratificante y debo hacer un reconocimiento a muchos científicos de nuestro país y también extranjeros que ayudaron a catapultar mi laboratorio y posicionarlo a nivel mundial. Debemos todo el equipo de nuestro instituto el Centro Internacional de Biomedicina agradecer a CORFO, quien sistemáticamente nos ha apoyado con importantes proyectos, que han sido la base para nuestros logros científicos y tecnológicos que hoy sirven al país y a la humanidad.

En otro contexto, y de manera inusitada hacia mediados de la década pasada y en la medida que nuestros logros alcanzaban una resonancia mundial, se desataron con fuerza las envidias y con ello los ataques inexplicables que contravenían lo que era mi contribución al país y a destacar  a Chile en la esfera mundial en ciencia a través de solidas redes científicas. Desde el año 2010 Conicyt que había sistemáticamente financiado nuestras investigaciones, y pese al éxito de ellas y a los excelentes proyectos nos quitó todo acceso al financiamiento. Como ejemplo proyectos nuestros que lograron ser apoyados en agencias de la más alta competitividad en EE.UU. y evaluados como sobresalientes, habían sido previamente rechazados en Conicyt. ¿Discriminación política? ¿Falta de rigurosidad en los comités de estudio? Nunca hemos sabido. Sin embargo, el daño que puede hacer al país decisiones de esa naturaleza es inmenso. Por ejemplo, hace unos años quisimos patentar una tecnología altamente innovadora para detectar la enfermedad de Alzheimer mediante un estudio de muestras del líquido cefalorraquídeo. Nos negaron el financiamiento para esta tecnología y no pudimos patentar aunque si fuimos reconocidos a nivel mundial y el trabajo publicado entre las mejor revistas médicas. El país pierde millones de dólares por este tipo de desaciertos pues la empresa que la comercializa recibe anualmente miles de millones de esta moneda. Otro tanto ocurrió con una tecnología trufadora de biomarcadores que fue descartada de manera insólita por Fondef. Se perdió así un aporte nuestro a la economía basada en el conocimiento y es un ejemplo entre muchos de cómo la mezcla de envidias y la falta de visión de ciertos ejecutivos daña de manera importante a Chile.

Felizmente gracias al significativo aporte privado y de CORFO como hemos mencionado y el accionar de nuestro fantástico equipo científico hemos logrado impactar de manera importante en la investigación en ciencias de la salud y en la educación en dominios de la medicina.

Sin embargo, todo este esfuerzo para alcanzar estos hitos tan importantes ha dejado sus marcas en mi salud. Hace 5 años me detectaron una hepatitis autoinmune fulminante, y como efectos secundarios al tratamiento con corticoides hice múltiples fracturas osteoporóticas que generó un alto grado de invalidez física. Mi enfermedad se agravo por una compleja cirugía de colon y otros múltiples y muy graves episodios de salud. A nadie cabe duda que en todo ello influyo el enorme desgaste físico y mental de tener que luchar denodadamente por conseguir los recursos para continuar mis investigaciones y financiar mi equipo formado por brillantes jóvenes científicos. Lo más contrastante ha sido escuchar de personas dedicadas a la investigación mencionar que mi salud deteriorada ha producido un decaimiento en mi productividad?. Ello está lejos de la realidad pues pese a estas dificultades he continuado produciendo importantes logros, como se puede comprobar en Scopus, Scimago o en Academic Google con aumentos graduales de nuestra productividad durante este período y que mi factor de impacto (hindex) ha continuado entre los más altos de Chile en el dominio médico/biológico.

Por todo ello me causa una extrema perplejidad cuando escucho comentarios en las esferas de gobierno y en los medios sobre los esfuerzos pare desarrollar la innovación y el conocimiento, cuando vemos como se ataca a quienes damos un sustancioso aporte a la ciencia en Chile. Ninguneando las excelentes iniciativas y los logros en innovación tecnológica, y omitiendo los aportes de los grupos demostradamente de excelencia en el país, no se logrará jamás que Chile alcance un desarrollo basado en la ciencia, la innovación y el aporte al conocimiento. No hemos escuchado nada de parte del nuevo Ministerio de ciencia sobre esta materia crucial para el desarrollo del país. Como lo he repetido solo esperamos que en un futuro no muy lejano, se abran nuevos caminos para que la ciencia y el desarrollo vayan de la mano para un Chile cada vez mejor.